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El mito como generador de la moral / Puntos sobre Grecia

El mito como generador de la moral / Puntos sobre Grecia

PioMoa.Wikipedia

Como hemos visto con el arte y la literatura, también el mito genera la moral. La psique, sintiendo que la vida no le pertenece ni como individuo ni como especie, que no puede dominar su destino, e impresionada por el absoluto poder de la divinidad, trata de entender sus mandatos, de comportarse de acuerdo con ellos, y eso es la moral: ¿cómo debe comportarse durante su corto tiempo de estancia en la tierra, un tiempo que tampoco puede saber cuál es? Ahora bien  ¿cuáles son los mandatos de la divinidad? Diversos personajes inspirados los han interpretado, estableciendo pautas de conducta nunca bien cumplidas. Esto es importante, porque unas pautas no originadas en la divinidad, lo estarán en el interés y el poder de algunos hombres, lo cual las hace inválidas. ¿Por qué iba nadie a aceptar unas normas que a menudo le perjudican o contrarían sus deseos, si provienen de personas que, en definitiva, son como él? ¿Por qué han de privilegiarse los intereses y deseos de unos sobre los demás?

Puede sostenerse que en la historia la respuesta ha sido: quienes tienen el poder, deciden sobre los demás. Este concepto da origen en realidad a una continua y despiadada lucha de todos contra todos por el control del poder, lo que en la práctica ha ocurrido, pero solo parcialmente.  Pues existe en la mente humana una noción profunda de justicia, contra la idea del poder nudo  en perjuicio de la mayoría, e incluso los sistemas más despóticos deben justificarse por los bienes que aportan al pueblo.  Un escriba asirio describía la felicidad traída por la entronización de Asurbanipal:  Días de justicia, años de equidad, lluvias abundantes, ríos crecidos, comercio animado (…) Los viejos bailan los jóvenes cantan, mujeres y doncellas están de fiesta  (…) se engendran hijos e hijas, los nacimientos prosperan (…) Quien llevaba años en prisión es liberado, el que estaba enfermo es curado, el hambriento es saciado, (…) el desnudo está vestido.  Al margen del ejercicio de “peloteo”, el texto expresa que el rey es (o debe ser) justo, es decir, debe cumplir los mandatos de la divinidad, para bien de su pueblo.  Deja de ser justo cuando se deja llevar por sus deseos e intereses particulares y los de sus allegados.

Hay una diferencia esencial entre moral y poder. El poder se ejerce mediante leyes punitivas, y la moral mediante costumbres y normas que se supone deben conformar la conducta humana, y también al poder. En la actualidad, la tendencia es a que el poder determine la moral, basado en la ficción de que es el “pueblo”, o sea sus representantes – y no alguna divinidad–, quien tiene autoridad para establecer todo tipo de leyes. Esto parece conforme a la razón, pero el problema sigue en pie. Los reyes y sus oligarquías podían y solían contradecir mandatos de la divinidad, pero las oligarquías que gobiernan en nombre del pueblo hacen lo mismo. Véase por ejemplo las leyes abortistas o de género, o los acuerdos parlamentarios para garantizar la colaboración con la ETA, o las acciones que han creado el caos en numerosos países árabes, etc. El problema viene bien reflejado en la tragedia de Antígona.

La moral pretende asentarse hoy en la razón, pero esta, abandonada la inspiración mítica, cae en un laberinto,  es incapaz de ir más allá de jugar con intereses particulares, lo que significa privilegiar a unos sobre otros. No hay más razón para obedecer una norma que para desobedecerla si ello se juzga útil a los intereses particulares, aunque suponga un riesgo. Al político corrupto  puede acusársele de muchas cosas, pero no de poca racionalidad, sobre todo si se sale con la suya, caso no infrecuente. Puede argüirse que el corrupto perjudica al “pueblo”, pero el pueblo no es ninguna divinidad: se compone de individuos con intereses y aspiraciones y sentimientos muy diversos, muchos de los cuales defienden o  justifican a los corruptos si son de su partido o su bando. Obsérvese, además, que enfrentado a la corta duración de la vida, renunciar a deseos y aspiraciones por imperativo moral puede entenderse como una estupidez precisamente irracional, puesto que la muerte igualará finalmente a todos, virtuosos y pecadores, honrados y delincuentes. Y en la vida, lo único que en realidad contaría,  se lo pasan mejor los más “listos”. Como ha expuesto  Francisco Contreras  en El sentido de la libertad, por encima de los acuerdos y convenciones entre personas, entre el pueblo y entre sus supuestos representantes, debe existir una ley natural o como quiera llamársela, implantada en “el corazón” de las personas (¿por quién? Por “la divinidad”), sin la cual la sociedad iría a la deriva entre concepciones, intereses y sentimientos contradictorios.

Ya he expuesto la idea de que el mito del pecado original expresa de forma profunda el carácter moral, un tanto atormentador, del hombre, el corte con la felicidad instintiva del animal. El hombre muerde la fruta del árbol del bien y el mal, y con ella entra en él el problema moral, pero solo parcialmente la solución.

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Cinco puntos sobre Grecia:

*Lo que está en cuestión es el carácter de la UE. Seguramente fue un grave error pasar de la CEE a la UE, un organismo burocrático de ideología anticristiana y antinacional.

* La cuestión de Grecia afecta también a la OTAN, debilitada además por la reislamización de Turquía.

*Sírisa es una salida demencial a una situación demencial creada por otros.

* La salida de Grecia del euro (incluso de la UE), sería muy costosa para el país. Pero también Argentina de desdolarizó, vino el corralito, una época de penurias y luego el país creció durante varios años al 7% anual

*Después de Grecia puede venir Portugal, y después España, cuyas cifras de crecimiento son en parte engañosas y probablemente coyunturales.

Pio Moa, historiador y escritor

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