
El NO de los colombianos al acuerdo firmado entre el propio gobierno colombiano y los guerrilleros de las FARC, hoy especializados en cuestiones menos ideológicas que antaño y si más lucrativas e ilegales, supone un duro golpe a la ”carta blanca” y a la impunidad con la que habían sido premiados los dirigentes de dicha organización.
Asesinos confesos, torturadores, secuestradores, extorsionadóres, nárcos, poblaban las actuales FARC. Lejos quedaban aquellos hombres y mujeres que querían cambiar la sociedad en la que vivían. Los cientos, miles de delitos; las cientos, miles de victimas, iban a “caer en el olvido” tras el citado acuerdo.
Los ciudadano colombianos han dicho NO a la injusticia, dejando bien claro, que no vale todo en política, que un mal acuerdo no es suficiente para acabar con una guerra. Más de uno, aquí, habrá quedado sorprendido. Pues en Colombia, a diferencia de España, se ha impedido a los asesinos estar en las instituciones demostrando la madurez de la sociedad colombiana y la inmadurez de los dirigentes políticos españoles.
Más que nunca se ha demostrado el error cometido por la diplomacia española al mandar como representante al rey emérito de España, Juan Carlos I, que tuvo que estar rodeado por dictadores y asesinos.
Colombia ha demostrado cuál es el pensamiento de unos ciudadanos hartos de vivir en una sociedad dominada por aquellos que consideran que la lucha armada sirve para conseguir objetivos.

