
Que los partidos políticos no viven solamente de las cuotas de sus afiliados, es una verdad de Perogrullo. Los partidos políticos viven de las subvenciones procedentes de los impuestos de todos los contribuyentes que reciben, en función de los representantes que obtienen, y de las donaciones que reciben. Pero he aquí donde se cometen, sobre todo cuando se acercan campañas electorales, delitos.
Las leyes suelen regular el importe máximo de las donaciones a los partidos políticos por cuestiones de equidad entre ellos y para evitar «blanqueos» de dinero, antaño, por lo visto, muy frecuentes.
Aquí en España las leyes estipulan cuales son las cantidades máximas que se pueden donar por persona y no ven con buenos ojos las donaciones de empresas.
Y he aquí donde vienen los problemas. La llamada financiación ilegal de los partidos políticos, surge fruto de fondos obtenidos de donaciones no declaradas, de bolsas de dinero recibidas en mano o de comisiones recibidas a cambio de adjudicaciones de obras, claro está, amañada.
Estos días el PP está en el punto de mira por su presunta financiación ilegal. Varios de los que fueran poderosos dirigentes no recuerdan lo sucedido y se remiten a otros.
Hoy es el PP sí, pero también conocemos asuntos parecidos en el resto de los partidos.
Problema de difícil solución, puesto que mientras existan campañas electorales, grandes sedes de los partidos, cargos internos y demás, de algún sitio deberán conseguir financiación ilegal o no.

