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Don Pío, don Ramón y las caballerías

Transcurría, animada, la feria de San Andrés cuando el hombre lanzó una imprecación en tanto se miraba el zapato.

-¡Esto es un campo de minas!

Esa feria de Estella siempre me ha parecido interesante ya que, además de su función comercial, acerca el mundo agropecuario a la gente. Cuando yo era niño, tiempos de menos trabas para los ganaderos, recuerdo a compradores de toda España, desde Navarra hasta Valencia; también franceses. Entonces la poblaban muchos más ejemplares, con abundancia de Jaca Navarra, caballo de Burguete y vacuno. Había que caminar mirando el suelo y a su término limpiar muy bien: los animales son animales y dejan huella; ya se sabe.

Por los campos estelleses era cotidiano ver a mi padre, Ramón, montando sobre su Pura Raza Española, bautizado Moro por ser azabache lucero dos albo. Yo monté también algunos de Pablo Hermoso de Mendoza Galdeano: Furia, negro; Chaval, alazán; o Perla, yegua torda en fase blanca, Perla; creo recordar… Guardo en la memoria imágenes de un fuerte mulo de mi familia en Corella tirando de la galera con uva; también de un caballo que llevaba la calesa; además de una borriquilla, aplaterada y algo gamberra, de mi abuelo paterno. Así mismo, tengo en mente muchas monturas famosas de Pablo Hermoso de Mendoza Cantón: Cagancho, Chicuelo, Chenel…

Como mi padre se llamaba Valle Inclán; e, igual que él, fue gran jinete. En Estella ambientó buena parte de su obra, tal Baroja hizo con Zalacaín el aventurero. Ambos literatos, Ramón y Pío, según el sobrino etnógrafo del segundo, Julio Caro, eran “enemigos íntimos”; paseaban y discutían mucho juntos. Tenían carácter fuerte y brillantez literaria; sin embargo, Pío era anticlerical, partidario de una dictadura liberal y centralista; Ramón, tradicionalista de Dios, patria y rey don Carlos. Un huracán con barbas y una tempestad con boina.

Dos anécdotas para documentar el genio de don Ramón: En una obra del Premio Nobel Echegaray el interprete declamaba: “esa mujer tiene nervios de acero bajo una piel de seda” cuando se oyó gritar a Valle Inclán: “eso no es una dama, es un paraguas”. Tirador de esgrima, mantuvo un duelo a sable en el que resultó herido por su oponente, el periodista Julio López del Castillo. En otra ocasión, discutiendo con su amigo periodista Manuel Bueno de la conveniencia o no de otro duelo, se acometieron. Armado el contumaz literato con botella, con bastón el contrario, terminaría perdiendo Valle un brazo amputado por haberse gangrenado la lesión de aquella pelea.

Veamos ahora el carácter de don Pío. Guipuzcoano, cuando estaba moda el Balneario de Cestona entre la alta sociedad, lo tachó de “cutre y aldeano”; veraneante asiduo en Vera de Bidasoa, en una Navarra entonces muy tradicionalista, se permitió decir al conocer la creación del periódico  de dicha tendencia El Pensamiento Navarro: “pensamiento y navarro, imposible”. Y cargó a su personaje carlista de Zalacaín, Carlos Ohando, con todo tipo de maldades y defectos; sin ningún matiz.

Dos películas reprodujeron esa novela, una dirigida por Juan de Orduña, en 1955, y la anterior por Francisco Camacho. En ambas participó Pío como guionista y en la segunda, de 1929, como actor. En esta, al protagonista  Pedro Larrañaga-Martín Zalacaín, le pegaron un tiro rodando en Estella su fuga. No sé si fue accidente o si el figurante fusilero se metió en exceso en su papel y decidió vengar la última guerra carlista. A saber…

El clan Baroja ha dado otros notables, como pintor-grabador Ricardo, que hizo un cameo en el citado filme; o Pío Caro, sangre de celuloide, al que llegué a tratar. ¿Y donde lo empalmo con las caballerías?

Resulta que, en esta epístola que poseo, escribe don Pío al secretario municipal de Vera, donde se encuentra la casona de los Baroja. En ella se queja al ayuntamiento por el estado de suciedad de un arroyo próximo. Pero, y sobre todo, porque “mora un extranjero (…) que ata en la pared de la casa de enfrente a un caballo que llena de deyecciones el suelo”. El primer asunto se pudiera solucionar con que, tras la limpieza consistorial, el personal pare de arrojar desechos al torrente. En el segundo caso es más complejo que el noble bruto se controle. No queda otra que escoba, recogedor… Junto a fotografías del taurino Valle Inclán con Juan Belmonte o mi padre en su corcel, acompaño este artículo con la citada misiva que me llegó por Ana Iraizoz.

La conclusión es que indignaba a Baroja que el equino del colindante convirtiera la salida de Itzea en un campo de minas…Imagino a don Pío mirándose el zapato, en tanto lanzaba una imprecación. Como aquel otro hombre por San Andrés; en la feria.

Jesús Javier Corpas Mauleón, historiador, escritor y critico taurino

Celia Mauleón. J.J. CORPAS
Ramón Corpas de Vicente sobre su Moro. J.J. CORPAS
La citada carta autógrafa de Pío Baroja. J.J. CORPAS

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