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Cardenal Tagle: La misión y la unidad nacen del Bautismo

Cardenal Tagle: La misión y la unidad nacen del Bautismo

Con motivo de la apertura de la Asamblea General de las Obras Misionales Pontificias (OMP), que se celebra en Roma, en la tarde del miércoles 27 de mayo, el cardenal Luis Antonio Tagle propuso una relectura espiritual del Mensaje del papa León XIV para la Jornada Mundial de las Misiones 2026, partiendo de la oración de Jesús por la unidad y de la experiencia de las primeras comunidades cristianas. El mensaje papal se publicó el pasado 25 de enero, día en que la liturgia de la Iglesia conmemora la conversión del apóstol Pablo.

La Jornada Mundial de las Misiones (JMM) fue instituida hace cien años, en 1926, por el Papa Pío XI, y este año se celebrará el domingo 18 de octubre.

«Uno en Cristo y unidos en la misión»

El cardenal —informa la Agencia Fides— recordó que el tema del Mensaje del Papa León XIV, Uno en Cristo, unidos en la misión, se hace eco de su lema pontificio de inspiración agustiniana In Illo uno unum. El pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización (sección para la primera evangelización y las nuevas Iglesias particulares) presentó una exégesis del capítulo 17 del Evangelio según san Juan, en el que hunde sus raíces la reflexión del Papa, en particular la oración de Jesús: «No ruego solo por ellos» —es decir, por los discípulos— «sino también por aquellos que, gracias a su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, para que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado». « «Permítanme subrayar esta parte de la oración de Jesús: “que todos sean uno”», declaró el cardenal, «porque en ella se encuentran todos los hilos de la teología, de la espiritualidad, de la Trinidad, de la eclesiología, de la misión. Hermanos y hermanas, esta es la oración de Jesús antes de su muerte. Y creemos que, sentado a la derecha del Padre, intercediendo por nosotros, él sigue orando. Sigue dirigiendo al Padre esta oración: que todos sean uno».

La unidad por la que reza Jesús, prosiguió el cardenal, no es «simplemente una cuestión de organización, de planificación, de estrategia, sino de comunión divina, compartida con los discípulos, y a la que los discípulos están invitados, por gracia, a participar». La unidad es un don: «La unidad que Jesús desea, por la que Jesús reza por nosotros, y que se nos concede por la fe en el sacramento del bautismo. Es este tipo de comunión espiritual y eclesial la que se nos dona… así —añadió—, cuando preparamos nuestros materiales catequéticos para la Jornada Mundial de las Misiones, en respuesta a esta llamada del Santo Padre a ser uno en Cristo y, por tanto, uno en la misión, espero que no olvidemos volver a este aspecto fundamental de la comunión de los cristianos, que a menudo se descuida o se minimiza en favor de otras formas de la llamada unidad».

Para el cardenal, este es el fundamento mismo de la misión: «Cuando hablamos del Bautismo como sacramento de la fe, y también como sacramento de la misión, deberíamos volver a este elemento fundamental de la unidad, de la comunión con la Trinidad».

La unidad, condición de la credibilidad misionera

Al desarrollar la segunda parte del Mensaje de León XIV, dedicada a la «unidad en la misión», Tagle —informa aún Fides— insistió en que la unidad no es un bien exclusivo que se vive en pequeños grupos elitistas, sino un testimonio para el mundo. «En la oración de Jesús, no se trata de la unidad de personas que se dicen: “Te miro, tú me miras, te sonrío, tú me sonríes, estamos unidos, estamos bien juntos”. Para Jesús, la unidad —la verdadera unidad espiritual y la auténtica comunidad eclesial— no está orientada hacia el interior». La unidad de los cristianos, en la oración de Jesús, es como una condición misionera: «Una condición de autenticidad y de credibilidad misionera. La unidad de los cristianos es una declaración misionera de quién es nuestro Dios. Decimos, en cierto sentido: “Miradnos, porque en nosotros habita el Dios de la comunión”. La vida de los cristianos debería ser, en sí misma, una Palabra viva para el mundo». Partiendo de san Pablo, el cardenal describió lo que él llama «la mística de la unidad misionera»: «Diversidad de dones, diversidad de lenguas, diversidad de generaciones, pero todos miembros unos de otros, solícitos unos con otros, que trabajan por el bien común. Esta es la unidad misionera, la animación misionera». A continuación, evocó con dolor las situaciones de divisiones internas, incluso violentas, que hieren la credibilidad del anuncio del Evangelio, en particular en los territorios de primera evangelización: «Lo que está en juego no es mi tribu, ni mi región. Lo que está en juego es: ¿creerán las personas que Jesús fue enviado por el Padre?».

Las primeras comunidades cristianas, paradigma de la misión

Para ilustrar el llamamiento del Papa León XIV, el pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización se remitió explícitamente a los Hechos de los Apóstoles, donde ve el modelo de esta «mística de la unidad misionera»: «En los Hechos de los Apóstoles, capítulo 2, versículos 42-47, vemos cómo vivían esto las primeras comunidades cristianas. Eran asiduos a la enseñanza de los apóstoles, a la oración, al partimiento del pan y al compartir de los bienes. La calidad de la vida comunitaria —la unidad— se convertía en proclamación misionera. La gente, al verlos, quizá por curiosidad, comenzaba a unirse a la comunidad». Estas primeras comunidades, de las que Lucas escribe que tenían «un solo corazón y una sola alma» y que lo ponían todo en común, pueden constituir un horizonte para la vida eclesial actual: «Tal y como yo lo entiendo, el Santo Padre pide a nuestras parroquias, a nuestras diócesis, a nuestras comunidades religiosas, a nuestras escuelas, que vivan esto, que lo conviertan en una regla de vida, para que esta comunión se convierta también en anuncio misionero de quién es nuestro Señor». En un mundo «desgarrado, herido, dividido por la competencia, las desigualdades, la discriminación, la injusticia, la guerra», el cardenal ha destacado que el Mensaje de León XIV reitera para la Iglesia una misión precisa: «Mostrar al mundo que la unidad es posible, que la unidad es real. En nuestra unidad con el Señor y en nuestra unidad entre nosotros —gracias a nuestra unidad con el Señor— deberíamos poder decir al mundo, con nuestras palabras y, esperemos, con nuestra vida comunitaria: “La unidad es posible. La unidad es real. Mirad el Cuerpo de Cristo”». VATICAN NEWS

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