
Niños que piden permiso para jugar: qué está pasando con la creatividad en la infancia
El exceso de actividades dirigidas y la supervisión constante están reduciendo el tiempo de juego libre en la infancia, afectando al desarrollo de la creatividad, la autonomía y la capacidad de tomar decisiones
En los últimos años, distintos estudios académicos han puesto el foco en una tendencia que empieza a preocupar a educadores y expertos: los niños tienen cada vez menos oportunidades de jugar de forma libre. Y con ello, pierden espacios clave para desarrollar su creatividad, su autonomía y su capacidad de experimentar.
Investigaciones de la Harvard Graduate School of Education o de la American Psychological Association coinciden en que el juego no dirigido —aquel en el que el niño decide qué hacer, cómo hacerlo y con qué materiales— es fundamental para el desarrollo cognitivo, social y emocional. Sin embargo, la realidad en muchas aulas y hogares apunta en otra dirección: agendas estructuradas, actividades dirigidas y una presencia constante del adulto que limita la iniciativa propia.
Las consecuencias se perciben ya en el día a día. Niños que dudan antes de elegir un material, que preguntan si lo que están haciendo “está bien” o que necesitan validación continua incluso en actividades creativas. Algo tan natural como mancharse, probar o equivocarse puede generar inseguridad.
Este cambio no es casual. La reducción del juego libre, unida a una mayor orientación hacia resultados, ha ido configurando una infancia más dirigida, pero también menos autónoma. Cuando el error desaparece del proceso, también lo hace una parte esencial del aprendizaje: la exploración.
Desde mediados de los años 50, el tiempo que los niños dedican al juego libre autodirigido ha ido descendiendo de forma progresiva, una tendencia que los expertos vinculan al aumento del uso de pantallas y la proliferación de actividades extraescolares programadas desde edades cada vez más tempranas.
Un estudio de la Fundación Crecer Jugando y AIJU, realizado sobre una muestra de más de 650 familias en España, revela una realidad preocupante: un 84% de niños de 1 a 3 años y un 88% de niños de 4 a 6 años dedican menos tiempo al juego libre del recomendado.
Los expertos advierten que esta escasez afecta directamente al desarrollo de la independencia y aumenta el riesgo de padecer ansiedad durante la infancia.
“Nos encontramos con alumnos que, ante una actividad abierta, lo primero que hacen es pedir permiso. No porque no tengan capacidad, sino porque no están acostumbrados a decidir por sí mismos”, explica Irene López Gordon, experta en educación y coordinadora de Infantil en Highlands School Los Fresnos.
Frente a este escenario, algunos centros educativos están replanteando la organización de sus aulas y metodologías para generar entornos que devuelvan al niño la capacidad de decidir y experimentar sin límites ni juicios previos, poniendo el foco no solo en la creatividad, sino también en el desarrollo del talento individual.
En el caso de Highlands School Los Fresnos, esta reflexión se ha traducido en la creación de espacios específicos en la etapa de Infantil orientados a la exploración autónoma.
“Cuando el niño tiene margen para elegir, probar y equivocarse, aparecen capacidades que de otro modo quedarían ocultas. Ahí es donde empiezan a identificarse intereses, habilidades y talentos”, explica la experta.
En estos entornos (Sensorial Lab y Cambridge Lab), de carácter sensorial y creativo, el aprendizaje se construye a partir de la experiencia directa. No hay un único camino ni una respuesta correcta: el alumno investiga, manipula y experimenta eligiendo de forma autónoma los materiales, las técnicas y los procesos mientras el adulto acompaña y plantea retos ajustados al proceso de cada niño.
“El juego y la exploración no son un complemento, son piezas clave para que el niño descubra en qué es bueno y cómo puede desarrollarlo. Cuando eso sucede, no solo crece a nivel individual, también encuentra su lugar dentro de la comunidad”, añade.
Este planteamiento potencia una visión educativa más amplia: preparar a los alumnos no solo para adquirir conocimientos, sino para desenvolverse con criterio en un entorno cambiante. La creatividad, la autonomía o la capacidad de enfrentarse al error forman parte del aprendizaje y el desarrollo de los niños.
En una infancia cada vez más organizada y supervisada, el juego libre ha ido perdiendo espacio hasta quedar, en muchos casos, relegado a un segundo plano. Sin embargo, expertos en educación coinciden en que devolver a los niños el margen para explorar, equivocarse y decidir por sí mismos no responde a una moda pedagógica, sino a una necesidad creciente en una etapa clave de su desarrollo.
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