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Después de veinte años, millones de españoles, yo entre ellos, estamos preparados para saber la verdad del 11-M

Después de veinte años, millones de españoles, yo entre ellos, estamos preparados para saber la verdad del 11-M ¿Lo está usted para decirla, Sr. Gómez Bermúdez?

Hemos llegado al vigésimo aniversario de lo que, a todas luces, fue un golpe de Estado perpetrado mediante el más terrible atentado que habíamos sufrido en España, para cambiar el rumbo de nuestra historia. Un atentado que nos dejó 193 muertos y más de mil quinientos heridos y/o mutilados en la Estación de Atocha y Cercanías de Madrid, en la mañana del 11 de marzo de 2004. Una masacre que se produjo setenta y dos horas antes de que se abrieran las urnas de unas elecciones generales que nunca se debieron celebrar ese 14-M, en la situación de shock en la que nos encontrábamos. Como repito en mis recordatorios anuales, un hombre con verdadera visión de Estado y buen conocedor de su pueblo, las habría suspendido ese día, para el que las encuestas, y hasta los más sectarios socialistas, daban por hecho que el Partido Popular lograría una nueva mayoría absoluta, de no haberse producido los hechos citados, que fueron espuriamente manipulados durante los tres días previos –especialmente durante la jornada de reflexión del sábado– por el Partido Socialista, entonces ya, poco o nada Obrero y, desde entonces, nada Español. La manipulación de aquellos días fue dirigida por ese perverso Rasputín de la política que era Alfredo Pérez Rubalcaba, q. e. p. d., desde esa frase que corrió como la pólvora por todos sus medios de manipulación masiva: “España merece un gobierno que no mienta” y que llevaron al acoso de la sede del PP a unas masas bien alimentadas de odio, entre las que ya se veía al que, diez años después, sería el líder de PODEMOS, un tal PabLenin Iglesias, que ya apuntaba maneras. Tras la buena gestión económica y exterior –nada que ver con la sociocultural y educacional que debió haber hecho también– de José Mª Aznar, se esperaba el PP  ganara aquellas elecciones, pese a su retirada de la política activa y –como se vio años después– al craso error en la elección del sucesor que nos legó, Mariano Rajoy, posiblemente un buen gestor de continuidad, pero, como se ha demostrado, sin capacidad de liderazgo ni ideas de Estado para situaciones más difíciles, de lo que he escrito mucho y no corresponde ahora entrar en detalle.

Como vengo haciendo desde que comencé a compartir mis reflexiones, hace más de una década, dedico cada año mi recordatorio a este luctuoso atentado con el propósito de que no se olvide y en la vana esperanza de conocer algún día la verdad, de la que, entre otras muchas cosas seguimos sin conocer los autores intelectuales. Esa verdad para la que, según el que fuera instructor principal de la causa, Javier Gómez Bermúdez, que iba a llevar a los autores “caminito de Jerez”, los españoles “No estamos preparados para conocerla”. Pero yo le aseguro que sí estoy preparado, al igual que muchos millones de españoles, empezando por los familiares de las víctimas. La pregunta es ¿está usted preparado para decirla, Sr. Gómez Bermúdez? O, tal vez, si la dijera nos llevaríamos una sorpresa de quienes podrían ir “caminito de Jerez” o de Soto del Real.

No voy a repetir las preguntas que me hacía en el primero de los artículos que he rescatado de mi archivo, el de marzo de 2015, con las que me cuestionaba casi todo, desde un juicio que pareció precocinado. La principal pregunta que siempre hay que hacerse ante cualquier posible delito, “Qui prodest?” –¿a quién beneficia?– abría una interesante línea de investigación que, por lo que fuera no pareció interesar a los principales perjudicados, sobre todo si se une a esa supuesta afirmación que circuló por algunos medios esa misma tarde: «hemos ganado las elecciones», atribuida a un destacado socialista, secretario de Organización del PSOE entonces, de nombre José Blanco, “Pepiño” para los amigos. Y ahí siguen las dudas sobre la posible implicación de los servicios de inteligencia marroquíes, en relación o no con los franceses, la presencia inmediata del luego prevaricador, el juez Baltasar Garzón, pese a no estar de guardia, y muchas otras que he venido repitiendo año tras año, con otras que se fueron poniendo sobre la mesa, igualmente sin respuesta. La súbita eliminación y desguace de los trenes volados, los “moritos” muertos de Leganés, alguno con los pantalones del revés y, según se dijo, sin quemaduras, en la “misteriosa” explosión ¿controlada? en un piso de un edificio que se había desalojado previamente, donde “aparecieron” ejemplares del Corán sin calcinar, etc., etc. Y así hasta el último, en ellos se han ido produciendo casualidades, puede que con algo de “causalidad” –término mucho más creíble en política– con algunos protagonistas actuales relacionados también con maniobras poco claras con el vecino del Sur, que no digo que tengan que estar conectadas, pero que merecerían, al menos aclararse para salir de dudas.

Lo cierto es que el principal beneficiado aquel 14 de marzo de 2004 fue el PSOE, en cuya victoria electoral no confiaba nadie y, con él, un personaje prácticamente desconocido hasta cuatro años antes, año 2000, pese a llevar cuatro legislaturas como diputado silente (un “culiparlante” en estado puro). Porque, el que había ascendido por sorpresa y mal cálculo de los que iniciaron la debacle española en 1982 –no olvidemos esto– a la cabeza del PSOE ese año 2000, un hasta entonces, como decía, desconocido José Luis Rodríguez Zapatero, al que esperaban en León que volviera de aquel Congreso para sacarlo de la secretaría general de allí –esto es información, no opinión– devino cuatro años después, desde Atocha, en presidente del gobierno. Y, “de aquellos polvos –explosiones y muertos– estos lodos” –memoria histórica, después democrática (dos mentiras para el mismo sustantivo); desastre educativo; ruinas económicas; descrédito internacional; etc.–, hasta llegar a la  ley de impunidad del sucesor del susodicho, el presimiente Pedro Morcilla Antonio Narciso Falconeti PinócHEZ cum Fraude I el Mentiroso Felónez… que, con su muro a la democracia, puede suponer la culminación de lo empezado entonces, la desintegración de la Nación española que tanto costó construir a lo largo de los siglos.

Y ahora, veinte años después de los hechos y diecisiete del cierre en falso del juicio, cuyo resumen “oficial” se puede seguir en el enlace con la información que nos deja la Wikipedia, nos vemos abocados a la prescripción de unos hechos sin aclarar, sin que se conozcan como decía los verdaderos autores intelectuales del atentado que asesinó a 193 personas inocentes.

Según he podido leer en un digital que no es precisamente de mis preferidos, pero lo expone bien, se va a producir lo que «La Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11M, que ha anunciado su próxima disolución, exponía así en marzo de 2021: «Se desconoce quiénes fueron los autores intelectuales del atentado yihadista que acabó con la vida de 193 personas y produjo alrededor de 2.000 víctimas, así como muchos otros detalles de aquel crimen. Si nada cambia, dentro de tres años, el 11 de marzo de 2024, los crímenes cometidos quedarán prescritos y, sus responsables, libres de cualquier tipo de pena”». Y añade este digital que «La respuesta está en el Código Penal, concretamente en su redacción previa a la Ley Orgánica 5/2010», seis años después del atentado. Esa ley dice que «Los delitos de lesa humanidad  y de genocidio –el atentado de Atocha parece que no se calificó así, tal vez por no ser jurista no entiendo por qué–…, no prescribirán en ningún caso. Tampoco prescribirán los delitos de terrorismo, si hubieren causado la muerte de una persona». También comenta que «al ser una norma posterior, la doctrina coincide mayormente en que no afectaría a los delitos del 11M, que por tanto prescriben a los 20 años, el mayor plazo que contempla la ley».

Complementando lo anterior, repito lo que desde el principio me vengo preguntando y no he dejado de compartir en mis reflexiones al respecto: “Sigo sin encontrar respuesta a por qué, el principal afectado, el Partido Popular, no quiso llegar hasta el final de la investigación en su etapa de Gobierno, 2011-18, y por qué, una persona preparada y experta –añado ahora, supuestamente– en política como Mariano Rajoy, no investigó todo. Sólo me queda pensar, ¿qué teme o qué debe -y a quién-?”.

Y termino con mi párrafo final de años anteriores que desgraciadamente no pierde vigencia: «Me despido otra vez con mi desesperanzado y triste “hasta el año próximo. D. E. P. las víctimas inocentes y todo mi apoyo y respaldo a sus, no menos inocentes, familias”. Y, como siempre, reclamando MEMORIA, DIGNIDAD y JUSTICIA, por respeto a los 193 muertos, a los más de 1.500 heridos y mutilados -muchos con traumas psicológicos incurables-, a sus familias y a los millones de españoles que lo condenamos y seguimos queriendo saber TODA LA VERDAD, CAIGA QUIEN CAIGA». Y, aunque ya no parece que se pueda, me despido por hoy con esta enorme pena: «Los diferentes gobiernos, por acción o por omisión, pactada o cobarde, siguen en deuda con todos nosotros y, mientras tanto, seguiremos pidiendo reabrir el juicio» –esto último parece que desde hoy más difícil por vía judicial–. Aunque dejo esta pregunta ¿no se podría plantear la retroactividad de esa Ley Orgánica 5/2010 para aplicarla al atentado del 11-M y reabrir el caso? ¡Ah! Que no se trata de amnistiar a delincuentes, golpistas y corruptos, acusados de terrorismo. Entiendo…

Antonio De la Torre,  licenciado en Geología, técnico y directivo de empresa. Analista de opinión.

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