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¡Tres fotos, tres bochornos!

Estos días, son días para muchos ciudadanos, de una comezón interior que se centra en la boca del estómago, ese segundo cerebro que genera tanta serotonina, que no nos compensa el nivel de ansiedad que se nos pone como ardor, escozor…; no solo mental, sino también físico: Mal sabor de boca, boca seca intermitente, flatulencias, etc., no sigo la descripción para no amargar más al lector. Pero leer la prensa digital, la nacional, los telediarios y, no acabo de ver dónde está la alegría desbordante, victoriosa, sorprendente frente tantos besos y abrazos en el Parlamento.

Me atrevo a analizar la primera de las fotos, que me ha sorprendido por la efusión, por la forma y por el modo que demostramos en público actitudes que no se corresponden con el nivel cultural, social y emocional del momento político en el que estamos, pues el 53% en contra y un 47% a favor. Me refiero a ese abrazo entre el presidente y la vicepresidenta, en funciones: Un abrazo de amor, efusivo, descontrolado, apasionado, con la mano izquierda amplia que recoge toda la cara del abrazado, con la derecha cruzando espacios corporales fuera de lugar, una visión frontal a leves milímetros de sendas facies, en una unión nada política, nada al uso de una cortesía parlamentaria seria, no bananera, bolivariana, que no pega ni tiene mesura alguna. Máxime percibiendo que el muro en mitad de España se amasa con ese abrazo-beso estrecho y apasionado, que quieren decirnos que qué suerte tenemos de tener a este socialismo-comunista que nos libra de la derecha reaccionaria.

La segunda foto más intimista, pero más paternalista, poco acorde a un feminismo que lo han vendido como un mantra de empoderamiento falso de la mujer actual. “Montero y Bolaños” se abrazan ayer en el congreso (ABC). Un abrazo cuya ministra cae en el pecho de Bolaños, pidiendo protección y acomodo paternal ante el estrés provocado por ellos mismos; el ministro con cara de asustado retrotrae su torso hacia atrás, presa del abrazo inesperado… Analizas, y sientes pudor, sensación de inmadurez en nuestros gobernantes, falta de cultura del sentido común visto por toda España y parte del extranjero… ¡Yo, me quedé absorto y con la misma comezón que me generó la foto primera.

La tercera foto sonora, una risa a carcajadas bis, pública, internacionalmente sorpresiva que sentimos vergüenza ajena como personas y como país, una risa entre histérica, megalománica y despreciativa. Emoción negativa muy cercana al odio, a la humillación del otro, queriendo demostrar un sentimiento de superioridad… Desprecio absoluto al contrincante, sin ningún atisbo de empatía, creyéndose que sus logros y talentos son de mayor nivel que el de los demás, creyendo que son más importantes de lo que son… Observé con atención clínica, tantas veces como otras cadenas repitieron “la carcajada despreciativa, humillante” y los gestos faciales y corporales indicaban un alto nivel de testosterona, sentimiento de superioridad, y estar por encima del bien y del mal. Señales en el tono de voz negativo, sarcástico, echarse hacia atrás en contorsión impropia de un presidente y ante un grupo que fundamenta y representa a una Nación como es España… Una indiferencia profunda, percibiéndose que esa persona no existe para él, sin un gesto mínimo que denote empatía, más bien cara de póker, que significa esconder tus expresiones, sin lenguaje corporal, postura encorvada hacia la izquierda y haciendo un sobre esfuerzo de mantener tus emociones bajo un control excesivo que supone un flujo del torrente sanguíneo a base de pura glucosa. Los aplausos y los abrazos y los besos incontrolados y exagerados apaciguaron el distrés, haciendo que el cortisol bajara de forma casi inmediata, gracias a una euforia mezquina y desbordante. Tuvo mayoría, pero seguro que está hoy con somatizaciones y con graves perjuicios para su salud… Y, esto no me da ninguna risa, solo pena, que por siete votos, uno pueda llegar a atravesar líneas rojas, tan rojas, que nos traslada a nosotros su propio distrés.

Dr. Emilio Garrido Landívar, Psicólogo clínico y doctor de la Salud, Catedrático de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos (CEU)

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