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Renta percápita

Artículo 89

Los jardineros de mi urbanización («urba») están plantado escalonias, así que les digo: Quedaría más práctico y terapéutico plantar marihuana. Yo me encargo del papeleo para cuando venga la policía, porque algún vecino se irá de la lengua. Que les digan los de seguridad que nos la ha recetado el médico. ¡Que se note por algún lado de qué vivimos en el pueblo de mayor renta per cápita de España!

Me enteré el otro día, viendo una de esas cadenas de televisión que están en contra de lo establecido, donde emitían un reportaje mostrando a todos los beneficios que podría obtener la gente si viviera en Pozuelo de Alarcón, donde al parecer solo vivían ricos.

Uno de esos programas que no quieren al Rey emérito, ni a la monarquía, ni a la Constitución actual tal como la juraron.

Esos que les gustaría alejarse de Europa, dejando las deudas sin pagar para alinearnos con Cuba y Venezuela.

Esos progresistas de ahora que antes presumían de comunistas que le reclaman al emérito todo, menos lo que los correspondientes gobiernos de turno pagaron en su día, se oye que cientos y cientos de millones de pesetas de los fondos reservados para nosotros en concepto de manipulación del órgano sexual regio y, sospecho, que por el procedimiento de chantaje.

Y no seré yo el que diga que no he andado con putas, pero en mi caso siempre fue por amor al arte, al mío, supongo. Una, hasta me invitó a un ménage à trois, sin ser consciente de que el señor juez y yo sabíamos que la amiga venía a grabarnos la jugada con cámara oculta.

Pues nada, que aparco frente a la panadería en mitad de toda la renta per cápita y bajo a por dos barras de pan. Al salir me encuentro con un tipo arrogante, chulo, prepotente y mal encarado que embutido en la autoridad que le otorga el chaleco de controlador de la hora se dirige a mi diciendo: “En cuanto termine de hablar por teléfono le voy a meter 200 euros de multa por aparcar en la parada del autobús. Perdón, le digo, ha sido un segundo, ya lo ha visto usted, lo que me ha costado comprar el pan y no ha venido ningún autobús, y eso que en el espacio que le dejo cabrían un par de ellos.

Y abriéndose de piernas, como cuando Manolo Escobar echaba a cantar, me dice: ¡Y anda que lleva un coche pequeño! ¡Menudo cochazo que lleva!

Es decir, que si voy con el de mi mujer me evito la estupidez.

Este tipo de personas sectarias ejercen una exclusión social y de envidia hacia todo lo caro. Habría que denunciarles por deliro de odio. La verdad que es de agradecer que no les calcen su arma reglamentaria porque quedaríamos menos de la mitad de los contribuyentes.

Creo que este tipo de empleados están para sancionar a los que aparcan y no ponen el tique verde o azul, y tampoco parece que se fían mucho de ellos porque les obligan a hacerle una foto al vehículo sancionado.

Manolo Royo, humorista www.manolo-royo.com

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