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M’Empapé de MBappé, un “cochon” français

 

Hoy aparco la situación política española, entre mala y peor, aunque  con un hilo de esperanza desde Madrid, tabla de salvación, y parece que sellada la sutura de la crisis abierta por dos mozalbetes muy  mediocres, con llegada de un líder curtido en gestión y en política, cosas de las que el palentino y el murciano, andaba escasos. Tiempo habrá de ver cómo evoluciona.

Esta vez, voy a compartir una reflexión sobre el culebrón futbolístico del año, entre Agosto y Abril, que parecía terminar con la llegada de Kylian MBappé al Real Madrid, tras sus repetidas negativas a renovar con el multimillonario club francés Paris Saint Germain. Pero hace un par de semanas, el “astro” empezó con ciertos amagos, que invitaban a pensar en que se “torcía” lo previsto. Pero, en la noche del sábado, estalló el globo de la ilusión madridista, tras la aparición del presidente del club parisino, Nasser Al-Khelaïfi, con un brazo paternal sobre el hombro de la estrella, que portaba, a su vez, una camiseta con el dorsal 2025, año hasta el que, al final, renueva con su actual club.

El guión de lo sucedido no sé si ha sido personal o familiar –como algunos medios apuntan– o, lo que sería aún peor, si cabe, que lo hubiera diseñado “en la sombra” el poderoso Emir qatarí Tamim bin Hamad Al Thani, porque desvelaría la pantomima de estos meses. Emir que, hace una semana, se paseaba muy sonriente por Madrid –¿relación causa-efecto en esa sonrisa?–, anunciando inversiones millonarias en España. De ser éste el guionista,  dejaría al “negrito” –dicho sea sin ánimo racista, que me conozco al personal–, todavía más hundido en el lodo de la vergüenza. En cualquier caso, lo que queda en entredicho es ese supuesto “sueño”, del francés, de jugar en el Real Madrid, como ya había dicho en un intento anterior, cuando jugaba en el Mónaco y no accedió al intento de Zinedine Zidane, allá por 2017. Entonces lo justificó por su juventud, 18 años, y la presencia en el Madrid de la “BBC”Bale, Benzemá y Cristiano–, que le cerraba el paso, quizás, a la rápida proyección que quería tener, y “prefería” esperar unos años en el equipo de su ciudad de origen, París. En esta ocasión había llegado más lejos, compartiendo un comic de su vida, vestido de blanco desde niño, y con frases en sus sueños y con su padre, que hacían pensar que el fichaje llegaría a final de temporada.

El “moro” qatarí –dicho, igualmente, sin ánimo racista, que sigo conociendo a los mismos de antes–, compró el club parisino del PSG –no deja de ser una paradoja que, con la cantidad de equipos que hay en Francia, haya ido a fijarse en uno que tiene un santo cristiano en el nombre–. Pero cuando se tiene el dinero por castigo, se compra un club, un mundial, aunque haya que cambiar a Otoño el calendario en el que siempre se celebra este acontecimiento tetra-anual y, en definitiva, se demuestra la podredumbre que impera en el antes llamado “deporte rey”, convertido en escaparate del capitalismo globalista que pretende dominar el mundo para su exclusivo beneficio.

Volviendo al tema, siguió lo que ya se ve como teatro y, allá por Septiembre, se dijo haber cerrado un acuerdo definitivo entre MBappé y el Real Madrid, que, por muy verbal que fuera, lo era, y los hombres que se visten por los pies respetan su palabra. O al menos así lo creo yo. Por eso resulta aún más vergonzosa esta aparente “marcha atrás”, que puede no serlo tanto, sino que, como decía, todo apunta a que haya sido el último acto de ese guión, de autor, por el momento, desconocido. De ser así, habría que introducir en el relato otras palabras, traición, y tomadura de pelo a un Club señor, que está por encima de cualquier nombre, como demuestra su historia. Hasta donde yo sé, el acuerdo alcanzado con este futbolista –no puedo llamar señor a quien ha demostrado ser un “cochon”, en francés, que suena mejor–, eran 130 millones de euros, en concepto de prima de fichaje, pues llegaba “libre”, 30 millones de euros netos anuales –primas y otras “fruslerías” aparte– y el 100% de sus derechos de imagen. Todo un esfuerzo del Real Madrid, que ya el verano pasado intentó el fichaje, subiendo su oferta inicial de 150 millones hasta los 200, e incluso se habló de que estaba dispuesto a subir a 220. En mi opinión, un error, que, afortunadamente –pensaba–, no se concretó, porque, como simple socio y aficionado, me parecía demasiado, teniendo en cuenta que podía venir “gratis” a final de temporada.

Durante estos meses pasados, muchos –yo entre ellos–, hablábamos de la “madurez” de un chaval que rechazaba “el oro y el moro” –al final se quedó con los dos–, que le ofrecían por cumplir su “sueño” infantil y “de toda la vida”, decía el hoy soñador mercenario. También parecía rechazar otro tipo de presiones, más políticas que económicas. Aunque parezca increíble en un mundo serio –ya sabemos que el nuestro dista mucho de serlo–, el fichaje de un jugador, por bueno que sea o pueda ser, se convertía en un “asunto de Estado”, como han demostrado tanto Emmanuel Macron, del que no me sorprende nada por bajo que caiga, como Nicolas Sarkozy, al que tenía en mayor consideración y estima, pero así ha sido. Al final, un poco de todo, supongo, y, detrás de todo, parece que 300 millones de prima de fichaje, 100 millones anuales, derechos de publicidad y hacer lo que quiera con el club, decidieron una balanza en la que, parece, el Real Madrid ha sido utilizado como piedra de toque para subir la oferta del emirato. Para empezar, el director deportivo del PSG, Leonardo N. de Araujo, ya tiene sustituto, y los días de su entrenador, Mauricio Pochettino, están contados. Ambos, no parecen del agrado de la estrella que toma las riendas deportivas del club.

No tardó la prensa francesa en titular el resultado con un Francia 2–España 0, cuando la realidad sería más bien Qatar 1–Real Madrid 0, que desde aquí podríamos devolverle con el aplastante “marcador” en la anhelada por muchos y conseguida por muy pocos, Copa de Europa o Champions League, como se la conoce en las últimas décadas: Real Madrid 13–PSG 0. Y puede que, en pocos días, esa diferencia aumente a 14-0, el tiempo dirá y sería la mejor respuesta a este niñato y a sus patrones del Golfo Pérsico.

En resumen, lo que, como madridista, pienso, con la mayor frialdad posible después del desencanto sufrido, es que, esta sucesión de hechos, consumado con una traición y una burla, debería suponer el cierre definitivo de las puertas del Estadio Santiago Bernabéu, a quien ha jugado con su grandeza. Más aún después de reaccionar, él y su presidente, con sendas sonrisas, nada disimuladas, a los gritos de “P… Madrid” que coreaba la afición. Algo “entendible” en los seguidores, tras el suspense y la alegría final, pero inadmisible en jugador y directivo.

Pero habrá que tener en cuenta que las cosas pasan por algo y que la Historia del Real Madrid se ha escrito en 120 años, sin que por sus filas pasaran jugadores como Pelé, Maradona, Ronaldinho, Neymar o Messi –veremos cómo reaccionan estos dos últimos ante el nueve “jefe” del PSG–, por citar algunos de los importantes, no más que los Di Stéfano, Puskas, Gento, Ronaldo, Cristiano o Benzemá y aquella famosa Quinta del Buitre, de grandes recuerdos y logros también.

Parafraseando la conocida frase de Pablo Neruda, que decía aquello de “Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la Primavera”, diría a los de los petrodólares que, “podrán comprar a jugadores, un club –con minúscula, por supuesto– e incluso un Campeonato del mundo, pero no podrán detener el camino triunfal de este gran Club que es el Real Madrid”. Nunca acabarán con un Club Señor, el mejor del Siglo XX, clasificado así por la FIFA, y camino de convertirse en el mejor del Siglo XXI, que hasta ahora lo es, con sus cinco Copas de Europa -6 para los que, erróneamente, “comenzaron” el siglo en el año 2000–. Además de sus 35 Ligas y otros muchos triunfos en otras competiciones y divisiones del Club, como el baloncesto, que no voy a repetir.

Como prueba de la grandeza de este Club, la diferencia de reacción entre el jugador traidor y el Presidente traicionado en su confianza. Mientras el jugador, algo más sonriente, pero con un ego mayor que el del portugués Cristiano Ronaldo se limitaba a agradecer la oferta del Madrid, sin explicaciones que se conozcan, por ahora, el Presidente del Real Madrid, Florentino Pérez se despidió de él, con más cortesía de la que se merece este chaval, como el gran señor que es: primero con un comentario: “Parece que no te dejaron cumplir tu sueño“ y después con un deseo que yo, hoy al menos, no compartiría: “¡Que te vaya bien!”.

Antonio De la Torre, licenciado en Geología, técnico y directivo de empresa. Analista de opinión.

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