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Ceuta

Heracles, traducido Gloria de Hera, nació de Zeus con la mortal reina Alcmena.  Este semidiós mitológico, al finalizar sus afamados trabajos, alzó columnas enfrentadas en las opuestas orillas de Ceuta y Gibraltar. Ambas culminan nuestro escudo con una banda que inscribe “plus ultra”. De su presencia en el Real de a Ocho (moneda de reserva mundial entre los siglos XV y XIX llamada Spanish Dollar) derivan el dinero estadounidense y su símbolo.

Ceuta fue asentamiento fenicio y cartaginés; llegado el año 42, romana. En el 285 el emperador Diocleciano la incorporó a la Hispania Transfretana (fretum igual a estrecho), dejando de ser Mauritania, tierra de los mauri. Al cristianismo se adheriría ese mismo siglo III.

Formaban su guarnición cohortes auxiliares con Hispanorum como nombre de pila (al caso, pilum, valga la broma), y apellidadas Vasconum, Asturum o Celtiberum. En el 429 pasa a los vándalos de la Bética, y de ahí al reino español que crearon los visigodos. Ocupada por Bizancio, 543, la recuperó la corona de Toledo en el 615. Tras el ataque musulmán de la octava centuria sufre proceso común a otras regiones: emirato árabe, califato de Córdoba, taifa de Málaga y, más tarde, Granada. Durante la Reconquista, en 1415 la suma el trono portugués. Heredado aquel por Felipe II, 1580, retorna a España hasta nuestros días (Melilla ya lo era desde 1497).

Los turcos, apoyados por Inglaterra y Holanda, sometieron Ceuta, entre 1694 y 1727, al mayor asedio de la humanidad. Sin embargo, los españoles lograron repeler la invasión, incluso a la flota que nos había arrebatado El Peñón. La Sublime Puerta, que se extendía hasta el norte de África, lo intentó en varias ocasiones, cosechando nuevos fracasos.

El estado marroquí se creó en 1952 a partir del protectorado hispanofrancés de 1912. Desde entonces ha seguido políticas expansionistas, como la anexión de la abandonada provincia española de Sahara. Parte por apoderarse de riqueza, ejemplo las minas de Bucraa (la inmensa fortuna de los soberanos alauitas proviene de cobrar por todo lo que se mueve), parte por distraer a sus súbditos de sus muchas carencias. Ceuta ahora está siendo acosada por Mohamed VI. Sibilino como su padre, huele la debilidad; y creo adivinar en sus ojos el emblema del dólar.

Ante el actual problema que acogota la plaza, surgen voces asimilando la situación ceutí al pilar de enfrente. Nada que ver; historias contrapuestas: Gibraltar era España; Ceuta, nunca Marruecos. De tal razón, la ONU concluye que La Roca es colonia, en tanto esa ciudad o Melilla, no. Así, en lugar alguno figura que nación se defina por proximidad. Si fuera tal, la península ibérica conformaría solo una entidad política, como la República Dominicana con Haití. Alaska debiera discurrir ajena a Estados Unidos o Polinesia a Francia. Por el contrario, Las Canarias pertenecerían a Argelia.

Ceuta, hoy; dos ciclópeos bronces de Ginés Serrán representan a Hércules entre sus pilastras. Inmovilizado como ellas, encara al norte ¿Moncloa, Europa? Aparenta pedir menos flojera y más apoyo. Le sobran razones; incluso históricas.

Jesús Javier Corpas Mauleón, escritor

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