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Mentiras sobre mentiras, y sobre mentiras otras… y las que vendrán… Y un ministro vergüenza… Illa

Dada la fecha, me pareció oportuno comenzar este primer artículo del Año Nuevo con la paráfrasis de un conocido villancico, para resumir el nefasto bisiesto que termina -“un año para olvidar” en palabras del buen Alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida– y el no mejor, me temo, que se avecina, y poner fin a estas fiestas navideñas que la Epifanía del Señor y la llegada de los Reyes Magos concluyen, en las que, para que algunos se enteren, lo que se celebró fue el Nacimiento de Jesucristo y no el “Solsticio de Invierno” y demás pamplinas que la izquierda zarrapastrosa nos quiere imponer, eso sí, sin perdonar la festividad -para ellos, no dar golpe, como de costumbre- que tiene su fundamento en las raíces cristianas que a la postre es lo que el Nuevo Orden Mundial y su sucursal aventajada española de la Moncloa -¿verdad Mr. Soros?- se apresuran a destruir. Hay que conseguir a toda costa olvidar que cuando España ha caminado con el Evangelio, es cuando ha alcanzado las cimas más altas de su Historia, la de verdad y no la “histérica” que implantó José Luis Rodríguez, que el Registrador Rajoy no eliminó y que ahora reedita su clon madrileño, el doctor Plagio cum Fraude. Lo que ocurre en nuestras vidas, en palabras del propio Jesucristo: “Sin mí no podéis hacer nada” (Juan 15, 5), pero no me quiero poner transcendente, aunque tampoco viene mal de vez en cuando.

No voy a abundar en lo que ya empezó en 2018 con una mentira que venía de antiguo, aprovechando para alcanzar el poder la “verdad a medias” -y justita- de una sentencia que, por ser suave, me atrevería a calificar de poco objetiva, con un voto particular en contra de 100 páginas y apoyado por lo peor de nuestra España -ultraizquierda y nacionalismo de ambos signos, amigos de asesinos etarras incluidos-. Recordemos brevemente el mitin final en Sevilla, allá por Junio de 2016, para cerrar junto a la “niña de los ERE” la campaña de esas elecciones repetidas: Le contaba a la “parroquia” clientelar sus conversaciones -“escasas”, aclaraba- con su hoy socio, soporte y guía: “¿Qué te parece si recuperamos los convenios colectivos?”. “Fundamental, pero es más importante controlar jueces y fiscales ¿no?”, ponía en boca de PabLenin. “¿Y la universalidad de la Sanidad pública?”. “Importantísimo, pero ¿qué te parece si controlamos a los espías y a los policías?”. “¿Qué te parece si reconocemos las becas como un derecho o defendemos a los autónomos?”. “Fundamental, pero antes tendremos que controlar RTVE”. Y pontificaba a continuación a sus entregados fieles: “Mirad, en política, el orden de los factores sí altera el producto. Puedo entender que Podemos quiera recuperar muchos de los derechos robados por la derecha en los últimos años, el problema es que antes va a anteponer otras cosas como el control de los jueces, de los policías, de los fiscales y el derecho a la autodeterminación de Cataluña, Galicia y País Vasco. Por eso, en estas horas que quedan y mañana en la jornada de reflexión, les decís a los que dudan entre votar PSOE y el partido de Iglesias, que le pidan a él y a Monedero y a todos esos parados que están sufriendo los recortes del PP, que el cambio empezaba por controlar a los jueces, a los policías, a los fiscales y a los espías, que lo expliquen”. Este es Pinocho Sánchez, que hace mucho menos tiempo decía que “El Partido Socialista de Navarra y el Partido Socialista de España tenemos la misma posición -en eso sí decía la verdad, no en lo que sigue- y es que con BILDU no se acuerda nada”. Como repetía después, casi enfadado, en la entrevista en  cuestión: “Si quiere, se lo digo cinco veces… o veinte”.

Y claro, con ese ”maestro del trilerismo” ¿cómo iban a ser los “discípulos”? Por orden de “categoría, empiezo por el “vicepandemia”, el ya citado Iglesias, objeto del ingenio inagotable de las redes sociales, que tildaban como “los dos mejores chistes del año” dos intervenciones del rico hacendado chavista bolivariano de Galapagar. Por un lado, su charla-show con Albert Rivera, en la que dejaba ver su más comunista y “triste” caradura: “3.500 € no me parece una barbaridad, pero si la mayor parte de mis ciudadanos están cobrando 1.000€, yo no puedo cobrar 4.000”. O su falsa promesa “por  mi conciencia y honor, como vicepresidente primero y ministro de Derechos Sociales y Agenda 2030 con lealtad al Rey y guardad y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado”. Seguramente por ella, el sustituto eventual de un profesor interino (o sea PNN), que ese es todo su currículum “profesional” fuera del sindicalismo “universitario” y la política -sinónimos en su caso-, denuncia ahora a su vecino por practicar el “jarabe democrático” que predicaba cuando él y sus huestes practicaban los escraches y todavía se le espera en alguna de las residencias de ancianos cuya gestión y control se arrogó el 19 de Marzo pasado atendiendo a su cargo -menuda carga-, de las que pasó olímpicamente hasta que su “jefe” marioneta, cuyos hilos mueve –”Si me cabreas, te quedas sin legislatura”– proclamó eufórico que había “vencido al corona-virus” -tal vez se refería a las tres primeras sílabas- y “doblegado la curva”, para dejar después la gestión en las autonomías en esa “cogobernanza” que se inventó y tanto le gusta. Eso, hasta que se empezó a hablar de la llegada de las vacunas, cuya seguridad está en entredicho por no pocos científicos, y se apresuró a anunciar el día 9 de Diciembre que sería el primero en ponérsela, pero todavía no se sabe nada al respecto del brazo de este “valiente”, que en lo que sí estuvo ágil -él o su asesor Redondo– fue en poner la pegatina de Gobierno de España en las cajas que supuestamente contenían esas primeras vacunas. Y es que para este desgobierno infame, la “gestión” de la pandemia no ha sido más que un abuso del Real Decreto para colarnos los objetivos comunistas del socio y una sesión oportunista de propaganda que remató para cerrar el año de los 755.000 trabajadores en ERTE, de las colas del hambre, de casi 725.000 desempleados y de más de 80.000 fallecidos, autocalificándose de “sobresaliente”. Ojalá el nuevo Año le quite el prefijo y lo convierta en el presimiente “saliente”.

Turno ahora para la inconmensurable ministra de Hacienda y portavoz del desgobierno, mi “querida” Marisú Montero, que no contenta con haber arruinado la Sanidad y la Economía andaluzas, viene ahora a cargarse a la sufrida clase media española. Prometió varias veces desde su escaño en el Congreso -cuesta no llamarlo hemicirco con estos especímenes- que “Este gobierno, no va a subir los impuestos ni a la clase media ni a la clase trabajadora”, pero empieza el año nada menos que con 11 impuestos directos o indirectos que suben: Tasa Tobin, Tasa Google, transacciones bancarias, plásticos de un solo uso, seguro hogar y coche, matriculación vehículos, IVA de bebidas azucaradas, Patrimonio, Sociedades y Diésel. ¡Ah!, que esos impuestos sólo los pagan los “ricos”. Lo mismo que la actualización del valor catastral para un millón de viviendas, las de los ricos, claro. Eso sí, después de mentirnos también con que no bajaban el IVA de las mascarillas porque “Bruselas no lo autoriza”, se tuvo que bajar los pantalones, un poquito, y tarde y mal, bajó el de las quirúrgicas sin tocar el resto.

Dejo para el final el sainete grotesco del tándem Salvador Illa y Miquel Iceta, que tanto montan… o que tanto mienten, mejor dicho. El primero, que todo el mundo sabía, incluso él, que llegaba a Madrid como ministro sin cometido, que no sin cartera ni prebendas, de Sanidad, para ser el puente de Moncloa con la Generalidad nacionalista y mentirnos en compañía de su colaborador el no doctor Fernando Simón sobre la gravedad de la pandemia, el uso de las mascarillas, el comité de expertos, el número de fallecidos, etc., culmina su “faena” con otra sarta de mentiras. Decía el 31 de Agosto que “Iceta es el mejor primer secretario del PSC y por tanto el mejor candidato”, postura que mantenía el 16 de Octubre: “¿Descarta ser candidato a la Generalidad?”. “Si, sí, el candidato será Miquel Iceta” e insistía a primeros de Diciembre: “El candidato que vamos a presentar nosotros en unas elecciones que tienen que ofrecer un cambio, va a ser Miquel Iceta, que es la persona que está en mejores condiciones” y se reafirmaba el día 30 en una entrevista en TVE, creo, en la que le preguntan: “¿podemos afirmar a día de hoy que Salvador Illa no va a ser el candidato a las elecciones catalanas del 14 de Febrero? ¿Correcto?” y sin despeinarse -ni un mal gesto ni una buena acción- responde: “Correcto, va a ser Miquel Iceta”. Paralelamente, el “bailongo” Iceta, el 29 de Septiembre, a la afirmación de la periodista: “Entiendo que el candidato va a ser usted salvo que se produzca un terremoto”, responde sin pestañear -que a él le va más-: “Exacto, salvo terremoto o problema cardiaco agudo”. Y unos días después, 6 de Octubre, preguntado sobre si se consideraba mejor candidato que Illa, en un derroche de humildad extrema, no le duelen prendas en decir “no tengo abuela, yo soy mejor candidato”. Pero hete ahí que sin terremoto sabido ni ataque de corazón agudo que se sepa, el “héroe covidalista” Illa, deja al día siguiente su remate “fin de existencia” como ministro: “Me dicen mis compañeros que puedo ser útil para resolver la situación que vive Cataluña. Y si mis compañeros me lo piden, lo único que puedo decirles son dos palabras, estoy preparado para presidir Cataluña -son cinco-. Acepto la candidatura” -y si consideramos estas, serían ocho. Pero claro, es filósofo y lo de  contar ya lleva meses demostrando que no es lo suyo-. Así tenemos un abnegado “bicéfalo” -¡quién lo iba a decir!-, ministro de lunes a viernes y precandidato fin de semana, para lo que empieza obsequiando a su futura clientela más vacunas para Cataluña que para Andalucía y Madrid que, con número de habitantes superior o similar, les toca menos, “que son de los otros” habrá pensado o le habrá dicho su “elector”. Y ya que daba “ejemplo” hace unos días delante del AVE, luciendo su rostro sin tapujos, le voy a regalar gratis un eslogan para sus mítines: “Illa, Illa, Illa… esa mascarilla”. Y recordando otro eslogan de las ferias de mi niñez, “La tómbola El Cubo –léase Moncloa- siempre premia”, qué menos que un ministerio para el no menos abnegado compañero de baile del jefe cuando trataba de bajar la “panceta” y endulzar así el duro golpe bajo recibido. Se rumorea que la inédita de no haber sido víctima de la pancarta del 8-Morado, Carolina Darias, ocuparía la vacante del saliente, que como de Sanidad tampoco sabrá nada, no se va a notar el cambio, y cedería la Política Territorial a la víctima, que sin nivel académico alguno ni más experiencia en su vida que la “práctica” política tendrá sin duda ese “enciclopedismo polivalente y universal” que los “capacita” para el desempeño de cualquier cometido, aunque de éste dicen que hizo COU, lo que no está acreditado en los casos del “bachiller” José Montilla -Preu en su caso, por edad- o la inconmensurable “lastre” de Lastra. Claro que no se quedan atrás muchos con título, incluso “catedráticos” de esa “Universidad” que la izquierda -con la contemplación de la derecha- ha convertido en “del todo a 100”, como la egabrense Carmen Calvo, que se autocalificó “tomista” porque le gustaba “meter el dedo en la llaga”, como “dixit” en un flagrante desliz de doce siglos, confundiendo al Santo Tomás Apóstol con el Santo Tomás de Aquino, filósofo. Oyó campanas…

Termino con otro chiste, en lo que la imaginación española no tiene parangón, en el que aparecía un compungido Falconeti con el regalo de un traje de vaquero, reclamándole a Melchor que venía sin botas ni sombrero, a lo que el Mago, ya de retirada,  le respondía sin molestarse en mirarlo: “Es que lo tuyo no tiene ni pies ni cabeza”. Pues eso, aprovechemos la frase del Rey Mago, que me hubiera gustado escuchar o al menos adivinar en el mensaje de Nochebuena de nuestro Jefe del Estado -y tampoco me pareció que citara el Art. 8 de la CE en su discurso de ayer en la Pascua Militar-, para poner todo el esfuerzo en apoyar la única alternativa existente para acabar con esta plaga que nos llevará más pronto que tarde a la ruina absoluta si no a la repetición de unos hechos que creíamos irrepetibles y que, unos por acción, otros por omisión y otros porque anteponen sus objetivos personales de supervivencia al bien común, parecen querer volver a vivir.

Antonio de la Torre, licenciado en Geología, técnico y directivo de empresa. Analista de opinión

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