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Del “marqués de Galapagar” al “duque del Pinar”, un “paralelismo” confluyente en…

Vuelvo sobre una noticia de la semana pasada, que sigue coleando gracias al “fuego amigo” al que parece que le fuera la vida en ello y no entro en la penúltima, que es más de lo mismo desde Marzo pasado, más estado de alarma y abuso del BOE, con lo que está encantado el inquilino de la Moncloa para seguir con sus infumables “Aló presimiente”.

Diré primero que parece que acerté en mi anterior artículo sobre el sentido negativo del voto de Pablo Casado a la moción de “impostura de VOX, como la calificó él, y creo que, pese a algunos medios, lo explicó muy bien. Parafraseando a Adolfo Suárez, “puedo prometer y prometo” que no era yo uno de los “seis” que conocían lo que iba a decir el líder de la Oposición.

Muchos recordarán y no creo que difieran mucho los nuevos planes de estudios, que definíamos dos líneas paralelas como las “rectas que por mucho que se prolonguen nunca se encuentran” aunque llegaran hipotéticamente al infinito, inalcanzable por definición, es decir la equidistancia en términos más precisos -que no siempre con buenas intenciones se usa hoy tanto en política y prensa-. Y a esa Geometría lineal me recuerda lo que vengo viendo en los comportamientos de los líderes de ambos extremos del hemicirco parlamentario desde hace un par de años, nacionalismos aparte, extremos también de uno u otro signo que, a efectos prácticos y por el lado que eligieron, podemos situar en la línea de la izquierda. Me refiero obviamente a VOX y a Podemos que, desde pensamiento y mensajes muy diferentes, evidentemente mucho mejor sonantes los del de la derecha para la mayoría de españoles, hoy rota. Pero estamos entre las estrategias personalistas y populistas y los errores de principiante del “rattus norvegicus” -rata común, aclaro- y de un resentido ambicioso -mala mezcla- “homo amurriensis”, los dos llegados a las “alturas” -sería más apropiado decir “bajuras”- políticas por arte y parte de los partidos hegemónicos hasta 2014, PSOE y PP, de un bipartidismo, el menos malo de los sistemas democráticos en países desarrollados de Occidente, que en la renacida España cainita “postzapaterista” demostró no servir después de treinta y seis años, aunque el polipartidismo subsecuente confirmó ser un desastre sólo en cuatro, y ratificado en los dos siguientes. No perderé un minuto con el “marqués de Galapagar” para quien las palabras miserable y despreciable serían dos términos suaves de lo que me parece el personaje, teniendo en cuenta que sus seguidores son caso perdido y van en caída creciente, pero tengo que volver a insistir con el ya por méritos propios “duque del Pinar” -en la jerarquía cortesana el ducado está por encima del marquesado, faltaría más-, a cuya mayoría de abducidos, jugando con un descontento justificado, considero recuperables tras el discurso de Pablo Casado -los fanáticos son cuestión aparte, pero acabarán antes o después como el grupúsculo al que va la izquierda radical-. Como ya he dicho varias veces, los extremos se tocan, como ya demostraron por partida doble en Vistalegre I y II y ahora repiten en otro punto de encuentro de su equidistante paralelismo oportunista, mucho más cerca del infinito, uno en la Sierra Noroeste de Madrid y otro en uno de los mejores barrios residenciales de la Capital, justo a los pocos meses de ser acreedores de fondos públicos por votos y escaños, que no digo yo que haya relación directa causa-efecto, líbreme Dios de ser tan malpensado, pero da que pensar ¿o no?, que diría el impulsor del primero y causante del nacimiento casi abortado del segundo.

Recordaré para desmemoriados que VOX obtuvo 245.000 votos en aquellas elecciones europeas de 2014, “zancadilleadas” desde dentro en no pocas provincias, y tuvo un primer tropezón importante en las elecciones andaluzas de Marzo-2015, dejando los 32.000 votos obtenidos allí diez meses antes en 18.000, es decir, poco más de la mitad. Sólo nueve meses después, diciembre de 2015, primeras de las dos elecciones generales que Mariano Rajoy convocó y ganó, VOX obtuvo en toda España la “friolera” de 76.000 votos y seis más tarde, Junio de 2016, el caudillito de Amurrio siguió cavando su fosa hasta unos ridículos 45.000 votos, sin llegar a 1.000 en su “querida” Vascongadas, que él sabrá por qué dejó, poniendo rumbo a Madrid donde lo esperaban los paraguas de Esperanza Aguirre.

Es decir, VOX era un mal “parto” -seis meses de gestación, nacimiento prematuro en Enero de 2016 y casi muerto cuando todavía andaba a gatas-, que acabó con el atraco definitivo de Santiago Abascal en Septiembre de 2014 tras no pocas “puñaladas” a su entonces padre político -eso sí fueron puñaladas al que lo recogió de la calle con generoso sueldo, Sr. Jiménez Losantos, y no las verdades que le dijo Casado a él hace una semana; la verdad duele a veces-. Y hasta 2018, VOX fue un cadáver sostenido por las cuotas de unos cuantos militantes –“fíate de lo que digo, pero no veas lo que hago” es otro punto de encuentro entre el vallecano y el vasco- y puede que otras donaciones que permitían seguir viviendo al “patriota”, cubriendo así su primer objetivo, vivir de la política -no es el único en esto, por supuesto- como llevaba haciendo desde jovencito gracias al PP, creo que algunos más de los 15 años que, en mi opinión acertadamente, le recordaron el jueves. Pero llega la moción de censura del “redivivo” Pedro Sánchez, ésta sí, preparada inteligentemente para el mal, que tan bien se le da a la izquierda, y con ella la mudanza a Moncloa del ambicioso Pedro -hasta entonces sólo era eso el hoy “presimiente” al que ahora faltarían epítetos para definirlo- y a alguien de su equipo, previsiblemente Iván Redondo, se le ocurrió que potenciar a VOX podría ser una efectiva “cuña de la misma madera” -lo que puede que intentara en su día Rajoy con Podemos- en el ya bastante maltrecho PP y, remedio diabólico, ponían en bandeja al vasco su segundo objetivo, intentar su venganza del PP malvado que lo había dejado casi cinco años antes sin chiringuito y de pronto, un partido que ignoraban muchos medios -casi todos- que todavía existiera, con la excepción del “triste y azul” -en tiempos- Gato al Agua de la hoy Toro TV, reducto de los antes citados escasos fieles de VOX por el ya repetido desencanto con Rajoy, y el programa del fin de semana de esRadio de su palmero mayor Luis del Pino que siguen unos cuantos de los mismos y que, rayano en el fanatismo, mantuvo la “palmatoria” encendida, semillero de en lo que se ha convertido hoy esa emisora, que podría cambiar a verde sus alcachofas. Empiezan a ser llamados a entrevistas y tertulias y a recibir titulares y, cuando ni pensaba en presentarse a las elecciones andaluzas, lo empujan al ya citado Vistalegre, con tal “éxito”, que prueban fortuna en el Sur y por esas “aleatorias” paradojas de la vida, sorprende con un número de diputados que ni ellos pensaban, empezando por su líder “parche”, “pescado” para las anteriores de 2015 por una confluencia de intereses que tampoco toca detallar ahora y que, tras repetir como número 1 en Diciembre-19, ya no está entre ellos en un tiempo récord -por segunda vez menos que un parto-, después del triunfo andaluz.

Visto lo visto, el “español valiente” se crece, saca pecho en esas camisas con dos tallas menos que suele usar, piensa que puede ser el próximo presidente del gobierno  -si no del orbe- y desoye la sensata oferta de Pablo Casado de sumar en listas comunes para las elecciones del 28 de Abril. Era lo lógico por la evidencia que impone la nefasta Ley Electoral española y el efecto de reparto de la perniciosa Ley d’Hont, pero dijo NO -como antes su enemigo amigo decía “NO es NO”– y prefirió seguir ayudando indirectamente -en realidad directísimamente- a su “repescador” Sánchez en la ruptura de la derecha, que fue para lo que lo rescató de la tumba. Y en esa lógica, algunos de un grupo de exvoxistas -que no voxeros como los de ahora- lanzamos el mensaje de “Votar VOX es votar a Sánchez”, que el tiempo confirmó. Repitió Casado su oferta para las elecciones Noviembre 10 -extensiva al charlista Albert Rivera que respondió lo mismo y por razones parecidas, pero eso no toca aquí-, con la misma respuesta negativa del “amigo” Santi y, de nuevo, con la división de las mal llamadas “tres derechas” tan convenientes para la izquierda -el famoso 1+1+1 que el antes citado comunicador de las mañanas contribuyó a difundir entre sus fieles y sumisos oyentes-, las urnas repitieron resultados semejantes en lo importante, las sumas, y el asaltante de la Moncloa no iba a perder su segunda oportunidad, tardando poco en sellar el abrazo con el del otro extremo y en esas estamos. Porque sí hay una diferencia notable entre ambos extremos, la izquierda tiene a sus medios subvencionados haciendo piña contra su enemigo común, la derecha, la radical de VOX o la más centrada del PP -nunca contra la ultraderecha nacionalista del PNV y JxC o como se llame ahora la antigua CiU-, mientras la derecha es víctima del maldito “fuego amigo”, especialmente de tres medios, que sabe Dios por qué particulares intereses, me temo que no muy confesables ni nobles que, disfrazados de razones fundadas en el más que entendible cabreo con lo que no hizo Rajoy, confunden al verdadero enemigo, el socialcomunismo, y alimentan desde sus micrófonos, páginas o imágenes, el juego de la Factoría Redondo sin querer reconocer que aunque a algunos no le entusiasme, la única alternativa posible hoy para acabar con el frente popular es el España Suma de Pablo Casado. En uno de los medios en que escribo, se demuestra la polarización que produce la división de la derecha en los resultados de las encuestas pasadas en su día, ya que sólo desde esa posición irreconciliable de seguidores de VOX con el PP se pueden entender las respuestas: “¿Qué nota le pone a Casado?: Sobresaliente el 44% y Muy deficiente, es decir, lo contrario, un 39% y ¿Qué nota le pone a Abascal?: Sobresaliente el 45% y Muy deficiente el 43%”, casi clavado pero al revés. Pero el que realmente ganó, como estaba previsto por la inoportunidad de una absurda moción de censura fue el inquilino de la Moncloa y su socio que, mientras continúe esta división, seguirán por tiempo indefinido hasta que la ruina y el hambre provoquen el cambio de 2011 si hay tiempo todavía. O nos dejamos de enfrentamiento o haremos buena la conocida frase de “Entre todos la mataron y una sólo lo logró: la división de los que en esencia pensamos lo mismo”.

Termino, compartiendo el enlace del discurso de Pablo Casado, el pasado jueves en el Congreso: http://www.pp.es/sites/default/files/documentos/20.10.22_intervencion_casado_-_mocion_censura.pdf con el ruego de que se lea detenidamente, sin ideas preconcebidas y se me diga con qué de lo que dice -sin sacar frases de contexto, que puedan levantar alguna ampolla- no se está de acuerdo pensando en España, no en el ya tan manido descontento con Mariano Rajoy y su traición a los que lo votamos, que está muy bien, pero que no aporta nada, salvo división, parálisis y socialcomunismo. Extraigo como botón de muestra sólo dos de las frases que más han sido repetidas y “explotadas” por ese “fuego amigo” que antes decía, para “calentar” a su clientela más fanatizada:

“El PP es nuestro partido, pero no nuestra patria. Nuestra patria es España. Y por nuestra patria, este partido que usted conoce bien, y que a usted lo conoce muy bien, ha pagado un tributo de sangre que ahora pisotean personas como ustedes”. ¿Dónde lee usted, don Federico, que Ortega Lara, Abascal, su padre o Alcaraz “chapotean en la sangre de las víctimas”, como tendenciosamente repite para sus clientes? O, “No sé cuál es su idea de patriotismo, pero yo no lo concibo como el insulto a los que dan su vida por la libertad de todos. Especialmente cuando han sido tus compañeros”. El insulto ha sido la pauta seguida por Abascal, sus colaboradores más directos y sus cachorros en las redes sociales que tan bien manejan desde sus perfiles sin identificación en su mayoría, desde que reaparecieron en escena rescatados por Sánchez del ostracismo. Aquí lo dejo.

Antonio de la Torre, licenciado en Geología, técnico y directivo de empresa. Analista de opinión

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