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¡No vamos a cambiar, no se engañe! Sí hemos aprendido algo, poco, pero algo

En poco más de dos millones de años -nada de tiempo comparado con lo que costó pasar de primates a proto-humano: 70 millones de años-, el cerebro pasó de pesar seiscientos gramos -Homo habilis- a duplicarse en kilo y medio, -Homo sapiens-. No todo el cerebro creció en las mismas proporciones, -diencéfalo, bulbo raquídeo, el tronco…- Solo una parte de ese cerebro desproporcionada se centró en el Lóbulo frontal, que como su nombre indica se centró en la parte frontal de la cabeza (justo encima de los ojos) La frente hundida de nuestros antepasados, pasó a desarrollarse una protuberancia hasta convertirse en una frente saliente, todo para adaptarse al repentino crecimiento del cerebro… El córtex frontal es la última parte del cerebro humano en evolucionar…, en lo que hoy sabemos.

¿Para qué sirve esa protuberancia que dio lugar al lóbulo frontal?: Esta área frontal nos ayuda a planificar, a pensar en el futuro. El humano es el único ser, que se puede asomar al futuro y planificarlo. ¡Todo esto tiene unas consecuencias en la conducta humana terribles, porque la planificación se hermana con la ansiedad de forma directa en un eje frotal-diencefálico. Ambas estructuras están muy ligadas con el pensamiento en el futuro: Sentimos ansiedad cuando anticipamos, que algo malo va a ocurrir en ese futuro…, y gracias a la imaginación planeamos la forma en la que se desarrollarán nuestras acciones futuras… ¡Nos engañamos muchas veces en esas conjeturas, pero lo hacemos! Pues para lograr esa evolución del área frontal costó unos setenta millones de años, para entender el por qué de esa protuberancia otros tantos -aunque menos-, y para lograr que nuestra imaginación nos juega malas pasadas y nos engaña casi siempre, creando un futuro terrible, que no existe, pero lo creamos como tal y lo creemos tan a pie juntillas, que lo hacemos nuestro sin haber pasado todavía… ¡Cuántas veces le oí a mi madre el adagio popular, que hasta no hacerme mayor no lo entendí de verdad: “cuantas lágrimas derramaron aquellos males que nunca llegaron”… Ante un examen, en la cuarentena, cómo hemos considerado nuestro futuro próximo… Tenemos el lóbulo frontal, pero no hemos aprendido a usarlo a nuestro favor, nos engañamos y seguimos engañándonos; lo malo que seguiremos otros tantos años más para que logremos controlar y planificar a nuestro favor usando el cortex frontal de manera óptima y a nuestro favor… ¿Otros setenta millones de años?

¡Todo esto viene a cuento, de que tras la pandemia que hemos y estamos atravesando, no vamos a aprender nada, casi nada, algo y poco! No, no se equivoquen, no soy negativo, al contrario soy optimista inteligente -¡perdonen mi atrevimiento!-; sé que la evolución humana es lenta, muy lenta y no vale para aprender solo cuarenta, cincuenta, sesenta días… ¡Desgraciadamente necesitamos más tiempo para poder cambiar, para poder hacer algo que nos cambie de verdad ese disco duro que tenemos todos de kilo y medio de peso y que nos juega muchas malas pasadas, a pesar de saber lo que sabemos! Pero el saber no es el hacer, el hacer hace el ser, y qué poco hacemos voluntariamente con nuestro cerebro, que a veces parece que lo tenemos de adorno.

Mi primera cerveza en la plaza del Castillo, con un sol espléndido aunque con un cierzo suave, oía una conversación de unos jóvenes -a pesar de la distancia-, que decían: “¡Qué vamos a aprender, los humanos somos como somos, cuando la gente se acostumbre a tomarse dos cervezas, se les habrá olvidado todo!”… Y, esa reflexión primaria, me hizo pensar y decirme interiormente: ¡Naturalmente, que no vamos a cambiar nada con tres meses de confinamiento! Necesitamos muchos millones de años y de cultura, mucha voluntad para cambiar cada uno y para poder interiorizar lo qué debemos cambiar para nuestro bien, como personas y como grupo social. El saber solo no procesa cambios, ayuda, pero el cambio se produce con el hacer: “El hacer nos hace el ser”.

Cada uno debe plantearse qué ha aprendido, qué debe poner en su hacer, para poder cambiar él en aquello que le impide ser mejor persona consigo mismo y con quienes convive, qué propuestas prácticas te propones en tu vida para lograr un alto nivel de prevención y de salud.¡Esto sí nos hará cambiar de verdad de la buena! Pero hemos aprendido poco, que es normal en la evolución.

Dr. Emilio Garrido Landívar , Catedrático de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos (CEU)

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