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La Guardia Civil no se va de Navarra

Desde hace unos días se vive con cierto alarmismo la noticia de que la Guardia Civil se la llevan de Navarra. Por un lado, los sobresaltos inquietantes dejan al personal muy relajado cuando llega el momento decisivo y se ve que la alarma no era tan preocupante; puesto que la Guardia Civil se queda, sólo se llevarán a los agentes de tráfico. Por otro lado, se trata de una decisión que se veía venir desde hace tiempo. El anterior gobierno de Navarra ya lo intentó.

¿Y qué razón puede haber para que las competencias de tráfico se asuman por la Policía Foral? ¿Es que la Guardia Civil no lo hace bien? No parece que esa sea la razón. ¿Tiene algo que ver en todo esto el hecho de que el PNV haya metido sus zarpas en Navarra? Veamos. Tradicionalmente el PNV no consigue votos suficientes en Navarra, pero las alianzas políticas -no sé si democráticas- lo pueden todo; mucho más en un país en donde las minorías están sobredimensionadas. En la coyuntura actual, ese conglomerado que aglutina a la izquierda y a los nacionalistas ha conseguido pillar cacho. Pues bien, quizá no recordemos que el PNV firmó en 1998, junto a todo tipo de organizaciones separatista abertzales (no solo partidos políticos), el llamado pacto de Estella (ellos lo llaman de Lizarra). El PNV se distanciaba así de los partidos constitucionalistas, dando por concluido el pacto de Ajuria Enea. ¿Qué hacían estos separatistas nacionalistas vascos en una población navarra tan importante como Estella? Estella, que no Lizarra, fue siempre considerada la capital del carlismo. Ya se sabe, aquello de “Dios, Patria, Fueros y Rey”. Precisamente allí llegaron al acuerdo de asumir los postulados etarras de la alternativa KAS, trasformada unos años antes, a propuesta de ETA, en la “Alternativa Democrática”. Bonito nombre: ¡DEMOCRÁTICA! Recordemos que poco después comenzó la ofensiva del “plan Ibarreche”.

Pero ¿qué fue exactamente aquello en lo que todos estos separatistas vascos estaban de acuerdo? Pues algo fundamental era “el reconocimiento de Euskal Herria, el derecho a la autodeterminación y a la unidad territorial”. Unidad territorial de Euskal Herria, se entiende. Todos estaban de acuerdo en planificar adecuadamente la “la desmilitarización, y la composición y carácter de las fuerzas policiales”. Por supuesto, en este proceso sería “imprescindible arbitrar medidas para que las Fuerzas Armadas españolas no influyan en ese proceso”. Todo ello adecuadamente enmarcado en un proceso democrático en el que solo deben participar los vascos (y vascas).

Pues en eso estamos. Las revoluciones no son propias de una sociedad tan democrática como la nuestra. Las revoluciones generan muerte, destrucción, odios. Es mucho mejor aplicar el concepto de progresismo, se asimila mejor por el pueblo; aunque se tarde un poco más en conseguir los objetivos. El progresismo es mucho más popular que su antagónico, el conservadurismo. Lo conservador viene a ser el fascismo de andar por casa. En este sentido, las pretensiones nacionalistas nos las presentan como progresistas. Y es así como se van dando pasitos, se progresa, en la consecución de unos objetivos perfectamente conocidos por todos. Los guardias de la agrupación de tráfico de Navarra no saldrán personalmente perjudicados: el que quiera se marchará de Navarra a otro destino y los que se quieran quedar lo harán en la policía foral con mejores salarios. Todo muy progresista y democrático.

Me permito ir un poco más allá. ¿Qué razón hay para que la policía foral asuma las competencias de tráfico en Navarra y no cualquier otra que ahora tenga la Guardia Civil? No se me ocurre ninguna. Además, la Guardia Civil es un Cuerpo militarizado y la sociedad navarra es pacifista. Todas estas entidades separatistas son nacionalistas y socialistas. La única diferencia con aquel partido nazi es que estos, por lo visto, son pacifistas. Razón suficiente para que las Fuerzas Armadas salgan también de Euskal Herria, cuestión sobre la que tienen el ojo puesto desde hace tiempo. Se trata de la “Alternativa Democrática”. Todo responde a una estrategia muy simple y clara, no es menester levantar el secreto de sumario.

El proceso es sencillo. Todo comienza por euskaldunizar Navarra a través de la educación; de los medios de comunicación; de la implantación de topónimos más o menos inventados pero vascos, muy vascos; la financiación, desarrollo y fomento en la sociedad civil de entidades abertzales; en fin, la imposición más o menos solapada del euskera batúa. A continuación, muy importante es avanzar en la autonomía, para respetar así las singularidades de las regiones históricas. Para ello se han de asumir todas las competencias, llegando así al autogobierno real; una única policía, una justicia propia, competencias penitenciarias, y por supuesto, control total sobre la educación y la salud. Para todo ello es fundamental sacar al Ejercito de manera que no sea percibido como una forma de opresión que coarte el mítico autogobierno. Y, por último, una vez preparado el caldo, podemos hacer el cocido: la unificación definitiva de la Euskal Herria histórica, en la que Navarra será una provincia más. Objetivo conseguido: la unidad e independencia de Euskal Herria. Las nuevas oligarquías vascas habrán conseguido acaparar todo el poder que anhelan. Los vascos y vascas, los navarros y navarras no habremos sido más que peones utilizados por estos nuevos señores feudales de la posmodernidad.

Naturalmente, todo este proceso es susceptible de ser reproducido en cualquier otra región de España. Nuestra constitución da pie a ello, y si no se cambia. Cierto que en ningún otro país se permite lo que en el nuestro, pero nuestras élites son distintas. Y no hablamos solo de las élites políticas, también las académicas, mediáticas, universitarias, literarias, eclesiásticas,… y hasta castrenses. Quizá debiéramos preguntarnos si hemos hecho lo suficiente para evitar que se haya tomado el rumbo que se lleva. Más aún, si no habremos contribuido a que este país se vaya al garete.

La Guardia Civil no se va de Navarra, pero si la cosa no cambia, a medio plazo, se irá.

José Manuel Contretas Naranjo

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