Beirut, 30 sep (EFE).- El ejército sirio retomó hoy una zona estratégica del norte de la ciudad de Alepo (norte), donde nuevos bombardeos tuvieron como blanco los barrios asediados del este de la urbe, donde al menos doce personas perdieron la vida.
Los soldados retomaron el área del hospital Al Kindi, destruido en el pasado y situado a dos kilómetros de la rotonda de Al Yandul, que es la entrada de Alepo por el norte.
El hospital Al Kindi fue conquistado en diciembre de 2013 por el antiguo Frente al Nusra (actualmente Frente de la Conquista del Levante) y otros grupos.
Fuentes militares, citadas por la agencia de noticias oficial siria SANA, señalaron que unidades castrenses ampliaron las zonas bajo su control hasta llegar al hospital Al Kindi, tras abatir a «grupos de terroristas» que se habían infiltrado en el campo de refugiados palestinos de Handarat.
El dominio de dicho campo, ubicado al norte de Al Kindi, fue recuperado ayer por los efectivos gubernamentales.
También se desarrollaron hoy choques en el casco antiguo de la población, en los barrios de Bustan al Basha y de Suleiman al Halabi, donde, según SANA, las fuerzas gubernamentales se hicieron con el control de varios edificios tras causar «fuertes pérdidas» materiales y humanas a los «terroristas».
En Suleiman al Halabi, una estación de bombeo de agua resultó dañada por el fuego de la artillería del régimen y los bombardeos, reveló el Observatorio, que no precisó el volumen de los destrozos.
La de Suleiman al Halabi es una de las dos plantas de bombeo de agua que hay en Alepo, junto a la de Bab al Nairab, en el sur de la localidad, que sufrió daños hace poco más de una semana por los ataques aéreos.
La instalación de Bab al Nairab solo suministra agua a los barrios del este de Alepo, en poder de la oposición y cercados por el ejército; mientras que la de Suleiman al Halabi abastece tanto a las zonas en manos del régimen, como a las que están controladas por los rebeldes.
Mientras, los ataques aéreos han continuado castigando el este de la ciudad, donde al menos doce personas han fallecido en bombardeos de aviones de combate no identificados contra los distritos de Al Helik y Al Zeitunat.
Además, otras cuatro personas han muerto y diez han resultado heridas por el impacto de cohetes arrojados por «terroristas» contra áreas dominadas por las autoridades en Suleiman al Halabi y Al Midan, destacó SANA.
El 22 de septiembre, el ejército sirio, apoyado por la aviación rusa, reanudó su ofensiva en Alepo, días después de una tregua de una semana en todo el país.
Precisamente hoy se cumple un año del inicio de los bombardeos de Rusia en Siria, que han ocasionado el fallecimiento de 9.364 personas, de las que 3.804 eran civiles, de acuerdo al recuento publicado hoy por el Observatorio.
Desde Damasco, el portavoz del Fondo de la ONU para la Infancia (Unicef) en Siria, Kieran Dwyer, describió este viernes una situación humanitaria catastrófica en Alepo, en una conversación telefónica con Efe.
Dwyer explicó que hace unos días un médico que trabaja en el este de Alepo y que colabora con Unicef le comunicó que apenas tienen material para trabajar en los hospitales.
«Nos dijo que los menores que sufren heridas graves están muriendo por la falta de tratamiento», lamentó.
Para Dwyer, «la prioridad es que los ataques se detengan, hay 250.000 personas atrapadas en los barrios asediados, de las que 10.000 son menores, es imposible que no haya bombardeos masivos sin causar la muerte de niños».
Asimismo, los menores siguen sin poder ir a la escuela por la violencia: «Las clases comenzaron la semana pasada en toda Siria y en el este de Alepo hubo un par de días de calma y los niños fueron al colegio, aunque ahora con este ataque masivo los padres tienen miedo de que vayan», resaltó.
Las familias se esconden en sótanos, pero que ni siquiera estos lugares son seguros por las armas que se están empleando en los bombardeos, ya que hay un tipo de proyectil que causa tal nivel de destrucción que devasta todo lo que hay bajo tierra.
«Si los colegios están también en sótanos es normal que las familias no quieran enviar a sus hijos», dijo Dwyer. EFE

