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APUNTES: Más Espacio Schengen o un repliegue en las fronteras

Entre los diversos problemas a que se enfrenta hoy la Unión Europea sin duda ocupa un lugar central la seguridad en las fronteras, una cuestión que cobró importancia al inicio del siglo actual y se ha agudizado a partir de los atentados de París en noviembre pasado. Algunos países asisten casi impotentes a la llegada masiva de refugiados y de otras personas que huyen de la pobreza, ante lo cual carecen de los medios adecuados para atender sus necesidades y algunos Estados miembros plantean incluso el retorno a los controles en las fronteras interiores, lo que supondría de hecho la quiebra de la filosofía con que se creó el Espacio Schengen.

Precisamente el año pasado se cumplieron treinta años del Acuerdo por el que se creó dicho espacio, que -recordemos- estableció la supresión gradual de los controles en las fronteras comunes e implantar otros comunes en las fronteras exteriores. El Espacio se convirtió así en un símbolo mundial de la libertad de circulación y ha permitido una integración sin precedentes de las economías europeas La entrada en vigor del Espacio Schengen ha tenido efectos muy positivos, al menos desde el punto de vista de quienes consideramos la libertad como un bien. Sin embargo, como aspectos negativos cabe añadir que el Acuerdo admite la existencia de regímenes jurídicos distintos, lo que hace muy complejo su funcionamiento y añade dificultad en la búsqueda de soluciones a la situación actual.

Los atentados de 2015, al coincidir con la llegada masiva de refugiados por la guerra de Siria, han provocado la toma de decisiones unilaterales en algunos Estados miembros, eludiendo elaborar una normativa común; cada uno ha dado distintas respuestas y se ha provocado un caos que golpea a la Unión desde el último trimestre de 2015 y de forma muy especial en los últimos meses. Todo ello hace que salgan a la luz problemas de funcionamiento del Espacio Shengen.

Algunos analistas[1] alertan ante la posibilidad de Europa se plantee elegir entre dos escenarios alternativos: o bien se opta por la ruptura del Espacio Schengen, o bien se decide sacar el mejor partido de esta situación difícil, para avanzar en la construcción europea, corrigiendo las carencias del Tratado, puestas ahora de manifiesto.

La primera opción supone enviar un mensaje: a lo largo de las tres últimas décadas habíamos apostado por un exceso de libertad, la vida nos ha demostrado que no era posible y no estamos dispuestos a ceder mayores cotas de soberanía. Esto a la larga supondría que la UE quedara reducida a poco más que una zona de libre comercio.

La segunda opción, en cambio, exige ante todo que se implante un control reforzado en las fronteras exteriores de la Unión. En el terreno de la seguridad los Estados, especialmente aquellos en que la afluencia de llegadas es más alta, deben establecer bases de datos comunes, algo que ya se está llevando a cabo en algunos de ellos; y todos deben intensificar la cooperación entre los respectivos servicios nacionales y contribuir financiera, humana y materialmente.

Paralelamente habría que poner en marcha el conjunto de medidas que permitan reforzar la frontera exterior y ampliar la cooperación entre los Estados en materia de seguridad; esto exige tomar medidas políticas de transferencia de soberanía. Se requiere, pues, que desde los responsables políticos se informe con claridad a los ciudadanos de manera que asuman la importancia que para la libertad adquiere hoy el compromiso sin fisuras de avanzar en el proyecto común.

Como se ve, para que siga en pie el espacio de libertad que nos dimos los europeos hace más de treinta años, hay que seguir un camino que no es fácil y que comporta a todos nuevas exigencias en materia presupuestaria y financiera. Pero no está de más recordar que las mayores facilidades de circulación de bienes y personas gracias a Schengen permitieron avanzar con rapidez en el proceso de integración de Europa; y que en el caso de que se  establecieran nuevos controles a las personas en las fronteras interiores, se provocaría una desaceleración en las economías, cuya factura tendríamos que pagar los ciudadanos.

[1] Para tener una visión más completa puede consultarse el trabajo de Yves Pascouau, L’Espace Schengen face aux crises: la tentation des frontières, en: Fondation Robert Scuman, Questions d’Europe. Nº 392, mayo 2016, en el que me apoyo.

Elvira Martínez Chacón, Profesora Emérita de la Universidad de Navarra, área de Economía

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