
Las nuevas tecnologías hoy invaden el mundo. Los ciudadanos pueden con ellas realizar una gran cantidad de acciones, que hace solo 20 años serían insospechadas. Esto ha provocado un mundo globalizado, en el que los hábitos, los modos de vida y las costumbres, parece que fueran las mismas en muchos puntos de este planeta.
Las nuevas tecnologías han hecho también que se esté controlado por las instituciones, por las empresas, por los gobiernos y por «vete a saber quién». El mundo de Matrix, de los Terminator, no está tan lejos. Hoy una persona no puede «desaparecer de la circulación» así como así. En el mismo momento en el que usa su tarjeta de crédito, su móvil o cualquier otro «artilugio» tecnológico es localizado y, en su caso, vigilado.
Que una de las mayores redes de comunicación, whatsapps, cree sistemas de seguridad para que sus conversaciones sean estrictamente privadas y no puedan ser vistas, ni leídas por nadie ajeno al emisor o al receptor de dichas comunicaciones, es una buena noticia.
La libertad, esa palabra tan utilizada «en balde» todos los días y a todas las horas, es un privilegio que nadie tiene que perder. El envío de mensajes seguros en una red de comunicación es vital para dicha libertad. Ningún gobierno, entidad, empresa o particular debe menoscabar dicho principio.

