

La rúbrica que aparece en los poderes que la actriz Gina Lollobrigida firmó en 2010 para casarse con el empresario barcelonés Javier Rigau es auténtica, según concluye un estudio caligráfico elaborado por la Policía Nacional
La actriz, que el pasado 9 de mayo negó ante el juez haber firmado los poderes, mantiene en su denuncia que Rigau orquestó su matrimonio, celebrado el 29 de noviembre de 2010 en la iglesia de Sant Vicent del barrio barcelonés de Sarrià, utilizando unos documentos que ella había firmado el 7 de julio de 2010 en Roma, para emprender acciones legales contra un antiguo abogado de ambos.
Sin embargo, Rigau alega que el poder especial para contraer matrimonio fue firmado por la actriz italiana un mes después ante notario, el 6 de agosto de 2010 en el Hotel Princesa Sofía de Barcelona, por lo que, sostiene, no se puede tratar del mismo documento.
Pese a que la ceremonia se celebró ante el párroco en 2010, el matrimonio no se inscribió en el Registro Civil hasta mediados de 2013 y aún sigue siendo válido.
El estudio caligráfico, al que ha tenido acceso Efe, fue encargado por el titular del juzgado de instrucción número 11 de Barcelona tras reabrir la causa impulsada por la actriz octogenaria, que acusa al empresario barcelonés, 34 años más joven que ella, de haber falsificado el poder especial firmado ante notario para contraer matrimonio con ella.
El juez archivó en enero pasado la causa por matrimonio ilegal y falsedad documental, después de que un informe de los Mossos d’Esquadra descartó que la firma de la diva italiana, eterna rival de Sophia Loren, fuera falsificada.
La actriz recurrió y pidió incorporar otro informe de un perito particular, ante lo que el juez accedió a reabrir la causa y encargó un segundo dictamen caligráfico, en este caso a la Policía Nacional, para contrastar el de los Mossos d’Esquadra.
En su informe, la Policía constata la existencia de una «singular correspondencia gráfica» entre la firma cuestionada -la de los poderes- y las indudablemente ciertas que se usan para la comparación, lo que se aprecia tanto en elementos estructurales como en «particularismos y habitualismos de detalle o ‘gestos-tipo».
Para los autores del informe, la valoración de las similitudes «es evidencia de una serie de características escriturales, que como consecuencia de la evolución del modelo caligráfico aprendido, impregnan los escritos de un mismo individuo, dotándoles de su impronta personal e individualizándolos».

