Últimas noticias

El PP sufre el descontento popular pese a su victoria

El PP sufre el descontento popular pese a su victoria
Cospedal y Cañete
Cospedal y Cañete

Ni las encuestas más agoreras para PP y PSOE apuntaban tal descalabro del bipartidismo en España durante la jornada electoral de este 25 de mayo. El castigo final para PP y PSOE ha sido todavía más abultado del que pronosticaban los sondeos publicados durante la campaña: la primera lectura que se extrae de esta séptima vez que los españoles tenían la oportunidad de votar en unas elecciones europeas es que el PP de Mariano Rajoy yMiguel Arias Cañete ha salido ganador, si bien también se ha dejado casi 16 puntos porcentuales en el camino y ocho escaños respecto a 2009 (baja de 24 a 16). El PP se había fijado el objetivo de 6,5 millones de votos y no llega, por un puñado, a los 4 millones.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, cumplía con su objetivo primordial de salvar su gestión de dos duros años frente al PSOE y, sobre todo, ante sus socios europeos. Pero el castigo de las europeas le propinó un mordisco al PP de ocho escaños, muy por encima de las previsiones. Un mordisco que amenaza la hegemonía de los dos grandes partidos y que, además, dejaba fuera del Parlamento Europeo a veteranos e insignes portavoces de comisiones en la Eurocámara, como Ignacio Salafranca o Salvador Garriga, cuyos puestos en la lista fueron objeto de crítica por parte de sus compañeros de escaño.

De algún modo, Rajoy ganaba y el PP perdía. Éstas eran, anoche, la cara y la cruz de las europeas. Huelga decir que Génova se ocupó de mostrar sólo la primera. No por casualidad, la secretaria general del partido, María Dolores de Cospedal, se apresuró a resaltar que España «es el único país donde ha ganado el partido que gobierna, junto con Alemania». Un mensaje acorde con los planes del propio Rajoy de medirse de tú a tú en la Unión con la canciller Angela Merkel, relevando al francés François Hollande en el tándem tradicional de la cúpula continental; y de conquistar una posición de fuerza suficiente para negociar los nuevos altos cargos de las instituciones europeas. Desde ayer, Miguel Arias Cañete tiene más accesible su puesto de comisario, y Luis de Guindos, el de presidente del Eurogrupo.

Cospedal sacó pecho también a la hora de subrayar la ventaja del PP sobre el PSOE. Tanto, que llegó a presumir de haber ampliado la distancia. Sin embargo, aunque los populares sumaban hasta ayer 24 escaños frente a los 21 socialistas, lo cierto es que fue la aplicación del Tratado de Lisboa lo que les permitió sumar uno más a mitad de legislatura, y que las elecciones de 2009 arrojaron 21 para el PSOE y 23 para el PP; o sea, la misma diferencia que ahora: dos escaños.

Con todo, lo más significativo de la noche fue lo breve y lacónico de la comparecencia. Acompañada de un «satisfecho» candidato, Miguel Arias Cañete, Cospedal se negó a hacer más valoraciones que las ya reseñadas. Se remitió hasta la rueda de prensa que, previsiblemente hoy, ella misma protagonizará tras la reunión del Comité Ejecutivo.

La número dos del PP se había significado en pasadas elecciones, frente a otros representantes políticos, por dar la cara y celebrar una rueda de prensa en plena noche electoral. Pero era un secreto a voces que ayer la victoria había sido demasiado amarga. Por si hubiera cabido alguna duda, sólo hubo que esperar unos minutos a ver cómo quedaba vacío, casi desamparado, el balcón electoral, tan confiadamente levantado horas antes en la fachada de Génova, junto a un aparatoso entramado y equipo de sonido.

Desde las 20.00 horas, en que los dirigentes y miembros de la lista del PP empezaron a descolgarse poco a poco por la sede de Génova, la impresión era optimista. Sobre todo porque, decían, «la participación nos favorece». Tras cruzar con naturalidad el montaje de la celebración, se atrevían incluso a barrer para casa con el aumento de participación en Cataluña: «Es muy posible que no sean sólo los independentistas los que hayan acudido a las urnas, sino que haya habido mucha movilización del voto oculto no soberanista», decía un eurodiputado, antes de conocer que el voto del PP catalán había bajado del 18% al 9%: la mitad.

De todos modos, la noche electoral resultó casi tan aburrida como la propia campaña. El ‘entusiasmo’ de los populares era perfectamente descriptible. Tanto, que antes de las 23,45 horas, Rajoy aún no había llegado. Y los fontaneros mataban las horas intentando descifrar el cuánto y el por qué de la debacle electoral en Madrid y Valencia -las plazas fuertes tradicionales-, con sendas bajadas -del 52% y del 48,58%-, al 29%.

About The Author

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *