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La adicción en adolescentes ya no empieza con una droga

La adicción en adolescentes ya no empieza con una droga

NAVARRA INFORMACIÓN

“El placer está a un clic”: expertos alertan del auge silencioso de las adicciones digitales

Las adicciones ya no siempre empiezan con una sustancia. Hoy pueden esconderse detrás de una apuesta online, del consumo compulsivo de pornografía, de las redes sociales o del móvil de cualquier adolescente

La imagen clásica de la adicción ha cambiado. Ya no se limita a la heroína, al
alcoholismo extremo o a los perfiles marginales que durante décadas dominaron
el imaginario colectivo. Hoy, la dependencia puede esconderse detrás de una
apuesta online, del consumo compulsivo de pornografía, de las redes sociales o
del móvil de cualquier adolescente. Conductas aparentemente normalizadas
que, en determinados contextos, terminan funcionando como una vía de escape
emocional.

Los datos reflejan la magnitud del fenómeno. Según el Plan Nacional sobre
Drogas, cerca del 20% de los jóvenes españoles reconoce un uso
problemático de Internet y redes sociales, mientras que el juego online
continúa creciendo especialmente entre hombres jóvenes. Además, diversos
estudios alertan de que el primer contacto con la pornografía se produce ya
antes de los 13 años en una gran parte de los adolescentes, en un contexto
donde el acceso ilimitado a estímulos digitales está modificando la manera de
relacionarse, gestionar el placer y afrontar el malestar emocional.

Los especialistas en salud mental advierten de que estas nuevas dependencias
comparten mecanismos muy similares a los de las adicciones tradicionales.

Cada notificación, apuesta, vídeo o contenido sexual activa circuitos cerebrales
relacionados con la dopamina y la recompensa inmediata, favoreciendo patrones
compulsivos difíciles de detectar en sus primeras fases.

Ese es el punto de partida del nuevo episodio de “Hablemos de Adicciones”, el
podcast de Esvidas, que pone el foco en las nuevas dependencias y en una idea
que los expertos repiten cada vez con más claridad: cualquiera puede
desarrollar una adicción cuando el dolor emocional encuentra algo que le
alivie de forma inmediata.

En esta ocasión, el protagonista es Óscar Romero, ingresado en tratamiento con
solo 26 años, quien relata cómo su problema comenzó mucho antes de la
sustancia. “Óscar era un niño muy acomplejado, muy inseguro”, reconoce. El
alcohol apareció entonces como una solución rápida a sus dificultades para
relacionarse y al miedo constante al rechazo.

“El primer día que bebo tres copas, me desinhibo por completo. Y a partir de ahí,
todos los fines de semana”, recuerda. Lo que parecía integración social terminó
convirtiéndose en dependencia. Una dinámica que, según los expertos de
Esvidas, se repite en muchas adicciones actuales: la sustancia o la conducta no
buscan placer, sino aliviar inseguridad, ansiedad o vacío emocional.

Predisposición, heridas emocionales y una falsa sensación de alivio

Lejos de explicaciones simples, Romero define la adicción como una
enfermedad “totalmente multifactorial”. Una realidad en la que intervienen
factores genéticos, experiencias traumáticas, educación emocional y
entorno social. “Sí que creo que existe una predisposición genética importante”,
explica, recordando que sus inseguridades y complejos ya estaban presentes
mucho antes de empezar a consumir.

La evidencia científica respalda esa percepción. Diversos estudios
internacionales señalan que la genética puede influir entre un 40% y un 60%
en la vulnerabilidad a desarrollar una adicción, especialmente cuando se
combina con factores como ansiedad, baja autoestima, trauma o dificultades
emocionales durante la adolescencia.

Los especialistas en adicciones coinciden en que esa vulnerabilidad previa
puede actuar como un terreno especialmente sensible cuando aparece una
sustancia o una conducta capaz de aliviar temporalmente el malestar. Y eso fue
exactamente lo que ocurrió con el alcohol.

“Cuando encontraste el alcohol dijiste: ‘Aquí está la solución a mi problema’”,
señala Guillermo Acevedo, socio fundador de Esvidas, durante la
conversación. Romero asiente sin dudarlo. “Para mí fue la solución. Al principio
fue la panacea, lo mejor que había conocido. Pero terminó convirtiéndose en mi
cárcel”.

La evolución fue rápida. Lo que empezó como una herramienta para
relacionarse y sentirse aceptado acabó derivando en una dependencia cada vez
más destructiva, donde el alcohol dejó paso a otras sustancias como la
cocaína o el cannabis. Una progresión habitual en muchos procesos adictivos,
donde el consumo deja de buscar placer para convertirse en una necesidad
emocional y psicológica.

La negación: el síntoma que más retrasa la recuperación

Según datos del Ministerio de Sanidad, una gran parte de las personas con
problemas de consumo tarda años en pedir ayuda profesional, precisamente
porque durante mucho tiempo minimiza las consecuencias o cree que aún puede
controlar la situación por sí sola.

“Aunque en el fondo sabes que tienes un problema, siempre te dices que lo
dejarás cuando soluciones algo”, explica Romero. “Si cambio esto, si consigo
aquello, si pasa determinada cosa… entonces pararé”.

Ese autoengaño constante termina retrasando la búsqueda de ayuda y
alimenta la falsa sensación de control. Según explican los profesionales de
Esvidas, esta dinámica es uno de los mecanismos más frecuentes en las
adicciones: minimizar las consecuencias, compararse con otros casos “más
graves” o convencerse de que todavía se puede parar solo.

En muchos casos, el punto de inflexión llega únicamente cuando las
consecuencias emocionales, familiares o sociales se vuelven
insostenibles. Y fue precisamente ahí donde comenzó el verdadero proceso de
recuperación de Romero.

Pornografía, pantallas y dopamina: las nuevas adicciones que ya preocupan a los expertos

El nuevo episodio de “Hablemos de Adicciones” también pone el foco en una
realidad cada vez más presente en las consultas de salud mental: las
adicciones digitales y el consumo compulsivo de pornografía. Dependencias
silenciosas, normalizadas y cada vez más precoces que, según advierten los
especialistas, están modificando la forma de relacionarse, gestionar el placer e
incluso entender la sexualidad.

“Vivimos en una época en la que el placer está a un clic”, explica Guillermo
Acevedo. “El cerebro humano está diseñado para buscar recompensas, pero
nunca antes había estado expuesto a tantos estímulos inmediatos y constantes”.

Cada notificación, cada vídeo, cada “like” o contenido sexual activa circuitos
de dopamina similares a los implicados en otras conductas adictivas. El
problema, señalan los expertos, no es únicamente el tiempo de exposición, sino
la dependencia emocional y psicológica que puede generar esa búsqueda
continua de estímulos rápidos.

En el caso de la pornografía, el director terapéutico de Grupo Neros alerta,
además, sobre el impacto que está teniendo en la construcción de la sexualidad,
especialmente entre los más jóvenes. “Estamos recibiendo una educación
sexual muy equivocada”, afirma. Una situación que, según explica, está generando frustración, inseguridad y problemas emocionales cada vez más frecuentes tanto en hombres como en mujeres.

Desde Esvidas advierten de que muchas de estas conductas siguen sin
percibirse socialmente como adicciones, pese a compartir mecanismos muy
similares con las dependencias a sustancias. La facilidad de acceso, la
normalización del consumo digital desde edades tempranas y la gratificación
inmediata convierten estas dinámicas en un terreno especialmente vulnerable.

Por ello, los profesionales insisten en la necesidad de abordar estas conductas
desde un enfoque integral, entendiendo que detrás de muchas adicciones
digitales también existen ansiedad, vacío emocional, soledad o dificultades para
gestionar el malestar. Porque, como recuerda Romero durante el episodio, “la
adicción siempre termina jugando con las emociones”.

En este contexto, desde Esvidas insisten en la necesidad de dejar de
entender las adicciones únicamente desde la sustancia. “La adicción no
siempre entra por una droga. A veces entra por una pantalla, por una apuesta o
por la necesidad constante de escapar de uno mismo”, señalan los profesionales
del centro.

El episodio concluye con una reflexión incómoda, pero cada vez más presente entre especialistas en salud mental: en una sociedad donde el placer inmediato está disponible las 24 horas del día, la verdadera dificultad ya no es acceder al estímulo,  sino aprender a poner límites antes de que la dependencia se convierta en una forma de vida.

 

 

 

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