
325 años después de su nacimiento, el Almirante Blas de Lezo ha llegado en forma de estatua a Madrid por petición popular
Pocos hombres en la Historia de España han hecho tanto por su patria y, sin embargo, han caído en tan triste e incomprensible olvido, como el Almirante Blas de Lezo. Un hombre con una vida épica como pocas que nada tendría que envidiar a la de los protagonistas de las más trepidantes superproducciones de Hollywood.
La clarividencia y el arrojo de Blas de Lezo, manco, tuerto y cojo, con sólo seis navíos a su disposición, conseguiría salvar a su país delmayor desembarco conocido hasta entonces, sólo superado por el de Normandía, doscientos años después. Sin embargo, ni siquiera se sabe dónde está enterrado.
Ahora, con ésta estatua situada en Madrid, se da un paso más en el reconocimiento de uno de los héroes de la historia de España, invicto durante toda su vida militar y capaz de frenar a la mayor flota inglesa a pesar de estar cojo, tuerto y manco.
SU VIDA
Blas de Lezo nació Guipúzcoa en 1689. Hijo de marinos, fue enviado a Francia a estudiar. En 1700 estalló la Guerra de Sucesión española, en la que Francia y España fueron aliadas. Gracias al intercambio de oficiales entre ambos países, Blas de Lezo, con apenas 12 años, se embarca en la escuadra francesa como guardiamarina al servicio del conde de Toulouse, Luis Alejandro de Borbón.
Durante la guerra perdería una pierna, un ojo y un brazo, y por ello terminaría siendo conocido como el ‘Mediohombre’ o ‘Almirante Patapalo’. La pierna izquierda la perdió tras recibir una bala de cañón, sin más opción que la amputación por debajo de la rodilla. Su valor y determinación tanto en batalla como a la hora de la amputación le valieron el reconocimiento dentro del ejército.
El ojo izquierdo fue consecuencia de una esquirla que le saltó por el impacto de otra bala de cañón en la fortaleza que defendía, y que le provocó la perdida total de visión. Finalmente, en 1714, cuando la guerra ya finalizaba, recibió un balazo en el brazo derecho en Cataluña, con tan sólo 25 años.
Con 34 años fue nombrado General de la Armada y su primer cometido fue convertir la flota a su cargo en operativa, pues su estado era bastante precario. Con acciones como esta, Blas de Lezo demostró no ser sólo un buen soldado, sino también un gran estratega puesto que las defensas que preparo de antemano en Cartagena de Indias fueron clave para la resistencia española.
En 1734 fue nombrado Teniente General, y en 1737 llegó a Cartagena de Indias, punto clave para el comercio con América y por lo tanto enclave codiciado por todas las potencias navales, según el pequeño documental elaborado por el Museo Naval de Madrid.
LA GUERRA
Inglaterra, que antes de la Guerra de Sucesión gozaba de muchos privilegios en el comercio con las américas, sufrió la merma de estos cuando salió como perdedora de la guerra.
Además, la muerte de 4.000 soldados británicos por las enfermedades del escorbuto y de la fiebre amarilla durante el asedio de Portobelo (mientras España asediaba Gibraltar) durante la guerra angloespañola de 1727-1729, provocó que el resentimiento contra España en Gran Bretaña no parase de crecer.
Desde la Cámara de los Comunes, el capitán Edward Vernon aseguró que podía tomar Portobelo con tan sólo seis barcos, y fue elegido para ello tras declararse la guerra contra España
Vernon cumplió su promesa y tomó Portobelo con seis barcos en apenas dos horas en 1739. En 1741, tras haber incrementado su flota, Vernon se dirige a Cartagena de Indias con 186 navíos y 23.600 combatientes, la mayor flota desplegada por Gran Bretaña en su historia hasta el ese momento.
Blas de Lezo contaba para sus defensas con seis navíos, 3.000 hombres y 600 indios flecheros. Pero el Almirante español tenía a su favor el factor geográfico de la bahía y su condición de invicto en 22 batallas. (Para más detalles de la batalla o la vida de Blas de Lezo mira el vídeo de la exposición que hizo el año pasado el Museo Naval por Blas de Lezo).
La derrota fue más dolorosa todavía para Gran Bretaña en cuanto Vernon había anunciado antes de tiempo su victoria y en Inglaterra ya se habían acuñado monedas para conmemorar la fecha.
Gran Bretaña ocultó la derrota lo mejor que pudo. Para disimular la deshonra se enterró al Almirante Edward Vernon en la Abadía de Westminster (reservada a personajes ilustres), con el epitafio «y en Cartagena conquistó hasta donde la fuerza naval pudo llevar la victoria».
Vídeo relacionado

