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Educación convivencial, concordias humanas y cooperatividad social

Día a día se está haciendo más urgente y necesario cortar el avance de la autodestrucción de la Humanidad, por la expansión de las intolerancias personales y las divergencias morales y de comportamiento por intereses y soberbias, que conducen a la esclavización y a la matanza de seres, a que se maten entre sí y hasta a que se inmolen matando a otros, por odios exacerbados o idealismos fanáticos imbuidos.

Todo ello se debe a la insuficiencia de la concienciación social necesaria para la armonía entre gentes que precisan la domesticación de sus infantes de modo que adquieran la razón de su propia entidad dentro de un conjunto de entidades ajenas más o menos próximas o de su entorno. Partiendo del antisocialismo dinámico natural espontáneo y egoísta, necesario para la supervivencia de los niños que nacen (el que no llora no mama), el camino hasta que adquieran la concienciación social que les integre en la tolerancia colectiva empieza desde la cuna.

La educación familiar les hará darse cuenta de que cuando exigen y reciben algo es porque alguien se lo está dando con condescendencia y que se lo puede quitar y es entonces cuando inician la valoración de sus relaciones con otros, con uso de razón, hacia los 6 ó 7 años de edad, en disposición de recibir la enseñanza humanista de equilibrio con sus congéneres, familiares, cuidadores o extraños, para convivir con ellos siendo útiles a si mismos y a los demás miembros de las sociedades que los reciben.

La educación en vínculos fraternales permanece escondida para los universitarios, que pasan a ser fuente mayoritaria de dirigentes, gobernantes, científicos y rectores de los poderes financieros y políticos establecidos. Sin prescindir de alcanzar la preparación suficiente, adecuada y conveniente a cada cual, lo importante es que el ser humano aprenda a ser humano. La sabiduría popular ha venido deduciendo esta realidad de su experiencia y comprendiendo que el éxito pleno de la Educación que extiende la paz y las concordancias humanas, no depende de la mayor asimilación de los conocimientos que se imparten en la escuela, sino de la preparación para la vida.

Adquirir hábitos de obediencia ciega y de cumplimiento de las prescripciones, conviene a los prescriptores, pero, a las gentes que se encaminan hacia el futuro las valoriza disponer de libre albedrío y libertad responsable de movimientos y pensamientos, para tener su independencia, aceptando las diferencias con los demás, con sus concordancias y sus discordancias y ser capaces de convivir en avenencia, participando en el progreso y el bienestar general, con aporte de sus propios desarrollos intelectuales y técnicos. Los maestros deben reconsiderar que fueron pequeños y que se confrontaron con su entorno, tal vez antes de tiempo, por premura en su enseñanza y que deben dejar que los alumnos a su cargo conserven lo mejor posible sus naturales medios de comunicación gesticulares y verbales, jugando y ejercitando sus facultades físicas y sus cualidades mentales y artísticas, sin adoctrinamientos incordiantes ni políticos.

Cuantos más jóvenes tengamos bien educados, habrá en la calle menos maleducados dispuestos a hacerse hombres de riesgo para ser utilizados en el exterminio de la tranquilidad (como los islamistas), de la familia (como los lgbtistas), de la disposición de los agentes naturales (como los negociantes que monopolizan energías centralizadas), de las propiedades y de los bienes de los pueblos (como los populistas) o de la salud (como los alquimistas de las industrias sanitarias explotadoras de las dolencias), que nos llevan al caos planetario.

 Juan Prada Bécares, abogado, Promoción, 9 de Abril 1952 para Defensa del Derecho a la Vida y la Integridad Física y Moral de las Personas.

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