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León XIV a los obispos de América Latina: «Corazón en el cielo y pies en el camino»

León XIV a los obispos de América Latina: «Corazón en el cielo y pies en el camino»

Con motivo del tercer centenario de la canonización de santo Toribio de Mogrovejo, patrono de los obispos de América Latina, el Papa León XIV dirigió una carta a los obispos del continente en la que propone contemplar el ministerio episcopal a la luz de la vida y el testimonio del santo arzobispo de Lima.

El Pontífice, acogiendo la petición del Episcopado peruano, recuerda también su propia experiencia de servicio episcopal en el Perú. «Allí conocí de cerca la fe de un pueblo del que recibí mucho y comprendí mejor lo que significa ser pastor», escribe en la carta pontificia firmada en el Vaticano el martes 8 de septiembre de 2026, fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María. Esa experiencia, añade, lo acercó de manera particular a santo Toribio, quien llegó desde lejos a una tierra que terminó haciendo suya mediante la caridad pastoral.

Un pastor que sale al encuentro de su pueblo

En sus palabras, difundidas a pocas semanas del viaje apostólico del Santo Padre a Uruguay, Argentina y Perú, del 6 al 17 de noviembre, León XIV toma como punto de partida el rito de recepción de un obispo en su Iglesia catedral. En los distintos gestos de esa celebración encuentra una verdadera escuela para el ministerio episcopal y una clave para comprender la figura de santo Toribio.

El primer gesto tiene lugar en la puerta de la catedral. El obispo entra en una comunidad que ya posee una historia de fe y en la que el Espíritu Santo está actuando. Para el Papa, esta imagen recuerda que el pastor está llamado a entrar en la historia concreta de un pueblo y a conocerla de cerca.

Antes que pastor, discípulo

El agua bendita recuerda al obispo que antes de ejercer el ministerio pastoral es discípulo y bautizado. El Papa subraya así que la santidad del pastor no puede darse por supuesta: quien recibe el encargo de santificar continúa necesitando ser santificado.

La referencia a santo Toribio aparece nuevamente como criterio de renovación. El arzobispo de Lima pudo exigir una vida eclesial más fiel al Evangelio porque comenzó por someterse él mismo a esa exigencia. León XIV exhorta por ello a los obispos a cuidar su vida interior y mantener la conciencia de ser discípulos necesitados de conversión.

«Los obispos pasan; Cristo permanece»

Ante el Sagrario, el obispo se arrodilla y adora al Santísimo. Para León XIV, este momento expresa una verdad fundamental: «Los obispos pasan; Cristo permanece».

El Sucesor de Pedro invita a hacer de la adoración eucarística una prioridad pastoral. Pide ofrecer a los fieles tiempos y espacios para permanecer ante Jesús y alentar la adoración prolongada.

El Obispo de Roma relaciona esta propuesta con la solicitud de santo Toribio por acercar a todos a Cristo y expresa su convicción de que la presencia del Señor, acogida y adorada con fidelidad, sostiene aquello que las fuerzas humanas no alcanzan y abre caminos que ninguna planificación puede prever.

Una existencia puesta en las manos de Dios

En la última parte de su misiva, el Santo Padre contempla el ofertorio como una imagen de la vida episcopal. En la patena, afirma, pueden colocarse el trabajo, los proyectos, las decisiones, las personas confiadas al pastor, sus preocupaciones y sus esperanzas.

El fruto último, sin embargo, pertenece a Dios. La fecundidad del ministerio nace del sacrificio de Cristo, actualizado sacramentalmente en la Eucaristía, y el obispo está llamado a unir progresivamente su propia existencia a esa ofrenda.

Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano

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