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¿Por qué los operadores logísticos quieren tener “buenos vecinos”?
La teoría económica lleva décadas explicando por qué las empresas tienden a concentrarse en ciertas ubicaciones geográficas. La nueva geografía económica, estudiada y publicada por Paul Krugman, cuyas aportaciones le valieron el Premio Nobel de Economía en 2008 ayuda hoy a entender por qué algunos polos logísticos siguen atrayendo inversión mientras otros encuentran dificultades para crecer
Existe un concepto económico que lleva décadas estudiándose en universidades y escuelas de negocio: la economía de aglomeración. El nombre puede sonar complejo, pero la idea es muy sencilla. Cuando varias empresas se instalan cerca unas de otras, todas terminan siendo más competitivas.
No ocurre solo en logística. También sucede en los grandes distritos tecnológicos, industriales o financieros del mundo. Allí donde se concentra la actividad, aparecen nuevas oportunidades. Y esa misma lógica explica por qué determinados polos logísticos continúan creciendo año tras año.
La primera ventaja es casi inmediata. Cuando varias compañías operan en un mismo entorno, empiezan a surgir servicios especializados capaces de responder a sus necesidades. Transporte, mantenimiento, tecnología, seguridad, restauración, consultoría o servicios auxiliares encuentran suficiente demanda para desarrollarse y mejorar. Como consecuencia, las nuevas empresas que llegan no tienen que construir toda esa red desde cero: simplemente pasan a formar parte de ella.
Con el tiempo, también se concentra el talento. Los profesionales buscan oportunidades donde existe actividad empresarial, y las empresas buscan instalarse donde saben que podrán encontrar perfiles cualificados. Se genera así una dinámica en la que ambos se retroalimentan constantemente. Las empresas siguen al talento, pero el talento también sigue a las empresas.
De un conjunto de empresas a un polo económico
Cuando esa masa crítica continúa creciendo, el propio territorio empieza a transformarse. Mejoran las infraestructuras, aumenta la inversión, aparecen nuevos servicios y se desarrollan iniciativas de formación adaptadas a las necesidades del tejido empresarial. Lo que comenzó siendo una suma de compañías termina convirtiéndose en un polo económico. Es en ese momento cuando la ventaja competitiva deja de estar únicamente dentro de la nave.
Las especificaciones técnicas, la eficiencia energética o la flexibilidad del edificio siguen siendo factores determinantes, pero cada vez pesa más todo lo que ocurre alrededor: la red empresarial existente, la disponibilidad de proveedores, la facilidad para captar talento o la capacidad del territorio para seguir creciendo. En otras palabras, las empresas ya no eligen solo un activo logístico; eligen formar parte de un entorno que impulse su actividad.
El desarrollo del eje sur de Madrid refleja bien esta evolución. Durante los últimos años, la implantación continuada de operadores nacionales e internacionales ha consolidado un ecosistema logístico que continúa atrayendo nuevas inversiones. La fortaleza del territorio ya no responde únicamente a su ubicación estratégica, sino al conjunto de empresas, infraestructuras y servicios que se han ido desarrollando a su alrededor.
En este contexto, Mountpark Illescas III permite a las compañías incorporarse a un entorno ya consolidado, con una ubicación estratégica y unas especificaciones diseñadas para responder a las necesidades de las operaciones logísticas actuales y futuras.
«Los grandes polos logísticos no crecen porque llegue una empresa concreta. Crecen porque, cuando un territorio alcanza una determinada madurez, cada nueva implantación hace más atractivo el entorno para la siguiente. Es un círculo que termina reforzando la competitividad de todo el ecosistema», explica Leandro Greblo, Country Officer de Mountpark para Iberia.
En un mercado donde las decisiones de implantación son cada vez más estratégicas, tener buenos vecinos ha dejado de ser una coincidencia para convertirse en una ventaja competitiva. Porque, al final, la fortaleza de un activo no depende solo de sus metros cuadrados, sino también del territorio del que forma parte.


