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Ante la contaminación por nitratos: moratoria a la agricultura, ganadería y plantas de biogás de carácter industrial

Ante la contaminación por nitratos: moratoria a la agricultura, ganadería y
plantas de biogás de carácter industrial

El pasado 10 de mayo, más de 1.500 personas reclamaron una moratoria de dos años en las
plantas de biometanización. La movilización vino precedida con la presentación de más de 15.000
alegaciones contra proyectos de biogas en Navarra. La moratoria reivindicada debe servir para
corregir el rumbo llevado hasta la fecha, caracterizado por la expansión irracional de estas plantas.
Es necesario disponer de un diagnóstico contrastado de las necesidades de los sectores y los
territorios afectados, que posibilite una planificación democrática que garantice la protección de
acuíferos y suelos frente a la contaminación, compatible con una agricultura y ganadería de
calidad y sostenible. Han pasado los días y el Gobierno de Navarra aún no se ha posicionado
públicamente.

En la actualidad, las plantas de biometanización en proyecto se encuentran bajo una moratoria
descafeinada. Esta no está sirviendo para propiciar un debate sereno y ordenado sobre los
criterios que deberían regir su aprobación. Más bien ocurre lo contrario. Así, nada se sabe del
informe interdepartamental que debía recoger el diagnóstico sobre el conjunto de los proyectos,
sus diversos impactos, así como las recomendaciones para garantizar una planificación
equilibrada y sostenible. Tan solo hemos conocido el programa que el Departamento de Medio
Ambiente y Desarrrollo Rural ha presentado a consultas públicas en relación a las actuaciones a
llevar en las zonas vulnerables a la contaminación por nitratos. Teóricamente, tras su aprobación,
se levantaría la moratoria para tramitar las solicitudes de instalación de plantas. Y volveríamos a
la casilla de salida.

La contaminación por nitratos en Navarra es un gravísimo problema. Y la instalación de
macroplantas de biogás tiende a agravarlo. Una muestra de la magnitud del problema es que,
desde el pasado verano, Navarra cuenta con 12 zonas vulnerables que abarcan 247.955
hectáreas de terreno afectado, cuando antes sólo tenía 4 zonas con 99.259 hectáreas. Ello implica
un riesgo creciente de contaminación de suelos y acuíferos muy difíciles de recuperar. En
consecuencia, el Gobierno de Navarra debería implementar medidas excepcionales para contener
la extensión de las zonas contaminadas por nitratos. Desgraciadamente, a juicio de la Fundación
Sustrai, el análisis del borrador del programa de actuaciones para estas zonas adolece de
múltiples carencias.

El origen de la contaminación radica en el manejo de los suelos agrícolas y acuíferos. La extensión
de la agricultura y la ganadería industrial convierte las superficies agrícolas en receptoras de
grandes cantidades de químicos de síntesis (fertilizantes, pesticidas, herbicidas, etc.). y de
ingentes cantidades de residuos orgánicos provenientes de macrogranjas. Si a ello unimos la
actividad de las plantas de biometanización, que mezclan residuos tanto agroganaderos como
industriales, y que luego se vierten en los campos de cultivo como fertilizante del que no se conoce
su composición y que puede contener contaminantes del suelo como los metales pesados, el
desaguisado está servido.

Es necesario entender que la biometanización apenas modifica la cantidad y la composición de
los residuos que utiliza como materia prima. En el proceso, los elementos fertilizantes se
mantienen casi en la misma cantidad. Pero, al tratarse de grandes plantas, la cantidad de residuos
que necesitan depositar en los campos agrícolas es enorme. Para respetar las dosis de
fertilizantes y no contaminar, los residuos finales, previamente bien tratados, deben repartirse en
una gran superficie de terreno agrícola. Esto supone traslado a largas distancias, gran consumo
de combustible fósil y muchas horas de trabajo, por lo que resulta caro. Ello provoca adoptar la
vía más fácil: verter en las zonas más cercanas, con dosis que superan lo adecuado y que
aumentan la contaminación por nitratos, y por otros compuestos.

Si se quiere contener eficazmente la contaminación por nitratos, se impone poner freno a todas
aquellas actividades industriales que utilizan ingentes cantidades de fertilizantes, pesticidas y
residuos orgánicos. El programa de actuaciones en las zonas vulnerables debería, por tanto,
suspender la creación de nuevas explotaciones agroganaderas de carácter industrial, así como
las ampliaciones de las ya existentes. Del mismo modo, no debería permitirse la implantación de
plantas de biogás no ligadas a explotaciones agroganaderas, acercando la producción y el
aprovechamiento de los residuos al máximo. Al menos, hasta que se revierta la grave situación
de contaminación por nitratos en las zonas vulnerables.

Por otra parte, ante la persistencia de prácticas agrícolas industriales y no ecológicas, en estas
zonas se deberían reducir las dosis de fertilizantes permitidas. Estas dosis se han mantenido
prácticamente invariables durante los últimos veinte años, periodo en el que la extensión de las
zonas contaminadas se ha cuadruplicado. Es hora, por tanto, de reducirlas. Y para ello promover
y facilitar con apoyo público intenso la transición hacia una agricultura ecológica, que impide el
uso de fertilizantes químicos.

En cuanto a las plantas de biogás, es necesario que sean de pequeño tamaño, que impidan la
mezcla de residuos agrícolas y ganaderos con otros de carácter industrial que puedan contener
otro tipo de contaminantes. Por lo tanto, solo debería permitirse la existencia de plantas de biogás
a nivel local, destinadas a gestionar los residuos de las explotaciones agrícolas y/o ganaderas.

En la medida en que estos criterios no están contemplados en el programa para las zonas
contaminadas por nitratos presentado por el Departamento nos hace dudar seriamente de su
eficacia futura para revertir la situación actual. Más aún, cuando el mismo borrador carece del
necesario plan de control de las medidas de obligado cumplimiento que se establecerían en estas
zonas, tal como exige la legislación. Sin un control efectivo de las actividades agrarias y ganaderas
en estas zonas, resulta imposible revertir la situación de contaminación en la que nos
encontramos.

Lo repetimos una vez más. La moratoria es imprescindible. La grave situación de nuestros suelos
y acuíferos nos obliga a superar la consideración de que plantas de biogás, macrogranjas,
agricultura y ganadería industrial y nitratos son cuestiones no interrelacionadas. Al contrario,
precisamos un abordaje integral, ambicioso en favor de nuestros bienes naturales y de nuestro
sector primario, absolutamente estratégico, a la hora de producir productos agroganaderos de
calidad y sostenible.

 Mikel Saralegi Otsakar y Martin Zelaia Garcia, miembros de la Fundación Sustrai Erakuntza

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