Hemos vuelto a ver esta semana, por partida doble, la actividad que más le gusta ejercer a nuestro particular “pacifista” Falconeti y todavía presimiente –puede que legal, pero sin duda ilegítimo– del desgobierno Frankenstein cuando las cosas le vienen mal dadas y se le estrecha un poco más el cerco judicial que rodea a su familia, partido y miembros de su ejecutivo nacional y de su ejecutiva socialista. Me refiero en primer lugar a su cuarto viaje a China en cuatro años –sorprendente el interés político-comercial (¿o tal vez sea laboral, con vistas a un futuro no muy lejano?) con el régimen comunista de Xi Jinping, al que sin duda aspira emular en España– y en segundo, a esa mini cumbre progre que se ha montado en Barcelona para erigirse como líder de la izquierda autócrata y populista antitrumpista que quiere dirigir a nivel mundial apoyado por los peores de cada familia.
El viaje al país asiático del clon de Rodríguez Zapatero –al que parece seguir sus pasos y ya supera en algunos– ha empezado con una jornada previa de turismo, en compañía de la tetra imputada Begoña Gómez, que por una parte se niega a entregar el pasaporte que le pedía reiteradamente el juez Juan Carlos Peinado, y por el contrario lo ha debido utilizar para entrar en China, adonde tal vez haya ido a estrechar lazos, quien sabe si para ir preparando una futura residencia donde la reconozcan como catedrática experta en conseguir fondos públicos. Y allá que se fueron los dos, usurpando ese papel que tanto les gusta de “jefe de Estado y primera dama” para disfrutar del “lado correcto de la historia” que decía su anfitrión y en el que situaba a su jefe hace unas semanas su decepcionada y frustrada vicesegunda, la hacedora de cosas “chulísimas” Yolanda Díaz, que tal vez soñó por un momento con ser viceprimera tras la marcha de su amiga Marisú al pozo andaluz. Un lado correcto, por cierto, que no debe serlo tanto cuando cuenta por miles los muertos que produce anualmente desde hace muchas décadas. Pero ahí está la némesis mundial de Donald Trump que ha dicho que España, o sea, él, valora la posición de China como nueva gran potencia y quiere ayudarle a construir un nuevo orden global.
No sé cómo se le dará el chino a nuestro Felónez siglo XXI –del que también el periodista y activista chino Yuan Lee decía en Horizonte de Cuatro que «Está haciendo el papel de un traidor» –, pero lo que parece que le suena a chino, por ahora, es el juicio por el caso mascarillas que sienta en el banquillo a su otrora todopoderoso ministro de Fomento y secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos y a su asesor y chico para todo, Koldo García, que lo mismo hacía de cajero que de intermediario cariñoso con la entonces presidente balear Paquita Armengol. Como también le debe sonar a mandarín o cualquier otro de los dialectos del gigante asiático, el aparente tráfico de bolsas y sobres con dinero en efectivo, de entrada y salida, que circulaba por la sede socialista de Ferraz y lo que pueda venir con su hermano, los hidrocarburos y otras “minucias” judiciales que iremos viendo en las próximas semanas. O las cada día menos presuntas negligencias de su ministro de Transportes Óscar Puente, en el mantenimiento de la vía del AVE en Adamuz, que causó 46 muertos por ahora –una víctima continúa en coma, estado en el que milagrosamente ha dado a luz– y culpa de negligencia al 112 andaluz al que antes felicitaba o las de otra de sus ministras y cargos de confianza que dejaron a oscuras España hace casi un año.
Lo que apunta a que sí le va a empezar a sonar va a ser la más que posible presencia en el banquillo de la contable de las saunas de don Sabiniano Gómez, que le dará otra de esas “primeras veces” que tanto le gustan, la primera vez que es acusada la mujer de un primer ministro en Europa y creo que en el mundo occidental. Como decía el diario El Mundo: “Ni en Hungría ni en ningún otro lugar de Europa, es aceptable tener a un presidente con su mujer procesada. En ningún país de la Unión Europea, la mujer del primer ministro, cuatro veces imputada y procesada por delitos graves de corrupción, sin que el primer ministro dimita no es admisible”.
Y es que el antes citado, juez Peinado, ha concluido su instrucción con un auto, cuya parte dispositiva recoge literalmente que “Se acuerda la continuación del procedimiento contra los investigados Begoña Gómez Fernández y María Cristina Álvarez Rodríguez por los presuntos delitos de tráfico de influencias, corrupción en los negocios en el sector privado, malversación de caudales públicos –el que parece más claro a muchos penalistas– y apropiación indebida –la eximió de intrusismo profesional– y contra Juan Carlos Barrabés Cónsul –recomendado por la señora Gómez y ponderado por Sánchez como “empresario ejemplar”– por los presuntos delitos de tráfico de Influencias y corrupción en los negocios”. Y como un resorte apareció el Loro Park de la Moncloa para atacar al magistrado, empezando por el ministro “tres en uno” titular de Justicia, Félix “Gracita” Bolaños: “Ha avergonzado a muchos jueces y magistrados. El daño que se ha hecho al buen nombre de la Justicia será irreparable. Mi confianza absoluta en que un tribunal superior, un tribunal imparcial, un tribunal independiente, tomará decisiones conformes a derecho. Y por eso esa preocupación que yo expreso y que, por cierto, es una preocupación de gran parte de la carrera judicial”. Y no contento con poner en duda su imparcialidad e independencia, ha escrito una carta a la presidente del Consejo General de Poder Judicial para que lo sancione, al que le deja este recadito: “El CGPJ debiera ser consciente de que, 11 meses después, estas irregularidades deberían ir resolviéndose”. No faltó el exabrupto habitual del ministro de Transportes que estaría mejor callado después del informe de la UCO: “Tengo la convicción de que hay una Justicia que actúa en función del color político del justiciable, que es terrible. Es vital para nuestra democracia que nos preguntemos ¿estamos ante decisiones judiciales que refuerzan nuestra democracia, es decir, que persiguen la impunidad, o estamos ante decisiones judiciales que la debilitan?”. Y para no ser menos, la flojita portavoz del gobierno, Elma Saiz, puso su gota de peloteo sanchista con Begoña: “Es una mujer con una trayectoria intachable. Enfrente hay un auto que tiene aspectos inéditos. También quiero decir algo, yo creo en la inocencia de Begoña Gómez”. Por su parte, desde China, Sánchez decía una obviedad formal: “Yo lo que le pido a la Justicia es que haga justicia, y como estoy convencido de que el tiempo va a poner todo y a todos en su sitio, pues no tengo que decir nada más”. Será la Audiencia Provincial de Madrid la que decida si la causa va a juicio oral, con jurado popular, como parece. Y como era deseable, la Comisión Permanente del CGPJ emitió un comunicado recordando la necesidad de respetar las decisiones judiciales y las principales asociaciones de jueces han calificado de inadmisibles las críticas de los ministros, en especial del titular de Justicia. La presidente de la Asociación Profesional de la Magistratura, María Jesús del Barco, ha dicho esto: “Ayer decía el señor Bolaños que tiene libertad de expresión. Por supuesto, como todos los ciudadanos, pero un miembro político del Gobierno debe extremar la prudencia cuando hace estas declaraciones” y advertía de que estos nuevos ataques al Poder Judicial serán denunciados ante la Unión Europea: “Cuando hagamos nuestro informe para la Comisión Europea sobre el Estado de Derecho, pondremos una vez más de relieve lo que está pasando en este país, estos atentados permanentes a la independencia judicial, con ataques personales y directos a los jueces. Y tendremos que escuchar, me temo, lamentablemente, de nuevo, las recomendaciones de Europa: Parece que la clase política no puede hacer esto”.
Este asunto también fue tema principal en la sesión de control a un desgobierno plagado de ausencias el miércoles, cuando la portavoz del PP, Esther Muñoz, le decía esto al ministro Bolaños: ”Si a alguien se le ocurre investigar al Gobierno, esto es lo que les va a pasar, un linchamiento personal y profesional. Usted, por Sánchez, ha mentido, atacado a jueces y fiscales, a magistrados, al Tribunal Supremo, ha intimidado al Consejo General del Poder Judicial”. A lo que el interpelado contestaba haciéndose el ofendidito: “Usted me pide que yo vea una injusticia y que no haga nada, que me calle y baje la cabeza. Eso ustedes, que son de derechas, que conviven con naturalidad con la injusticia, lo podrán hacer, pero yo no, yo voy a denunciar cualquier injusticia que vea”. O sea, todo el que no piense como ellos, está en el lado oscuro de la historia.
Y mientras ocurre todo esto y muchas cosas más en España, se celebraba en Francia una cumbre a la que asistieron los más importantes líderes europeos, convocados por Enmanuel Macron, a la que no asistirá nuestro presimiente, del que pasan ya todos sus colegas continentales. El mayordomo de Xi Jinping prefirió organizar este fin de semana en Barcelona, con su homólogo brasileño Lula da Silva, una reunión de una representación de lo que fue el Foro de São Paulo, ahora Grupo de Puebla, que contará con la presencia de otros significados dirigentes bolivarianos de la ultraizquierda iberoamericana, como el exguerrillero colombiano Gustavo Petro y la mejicana Claudia Sheinbaum, entre otros. Lo que han llamado una reunión en defensa de la democracia, servirá para que Pedro Sánchez se postule como el antagonista universal del presidente norteamericano Donald Trump, en ese intento de Moncloa de reivindicarlo internacionalmente. Reunión en la que estuvieron otros mandatarios de izquierda, ninguno relevante de la socialdemocracia que parece haber abandonado Pedro Sánchez, como el inglés Keir Starmer, el canadiense Mark Carney o la danesa Mette Frederiksen, que sí estuvieron en Francia.
Termino destacando otra omisión importante de nuestro carismático líder, la de no haberse reunido con la política venezolana y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, que ha estado en Madrid estos días con sus compatriotas exiliados que huyeron de la represión de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Según Sánchez, ha sido ella la que ha rechazado el encuentro, pero conociendo la “afición por la verdad” de Pinóchez, no estaría muy seguro de que haya sido así después de que no se haya dignado siquiera a felicitarla cuando fue galardonada con el citado Premio Nobel por sus valores democráticos en favor de la libertad, en la que no cree a nuestro amigo autócrata. No me sorprendería que lo que pretendiera fuera una foto con ella para seguir vendiendo su equidistancia característica, pero no le salió esta vez.
Antonio De la Torre, licenciado en Geología, técnico y directivo de empresa. Analista de opinión.

