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Nigeria cuestiona el papel de los militares tras la masacre de 17 soldados en un pueblo del Delta

Nigeria cuestiona el papel de los militares tras la masacre de 17 soldados en un pueblo del Delta

¿Qué papel desempeñan los militares en la vida del país? Esta es la pregunta que se plantea Nigeria tras la masacre, el 14 de marzo, de 17 soldados, entre ellos cuatro oficiales, a manos de la población juvenil del pueblo de Okuama, en el Estado del Delta, al sur del país.

Oficialmente, los militares habían intervenido para calmar una disputa entre la comunidad de Okuama y la de un pueblo vecino. Según los testigos, la situación se agravó y los jóvenes de la aldea atacaron a los soldados. Otros soldados intervinieron más tarde en respuesta a la masacre de sus compañeros y llevaron a cabo represalias contra la población civil.

La zona donde se produjo la masacre es conocida por el robo de petróleo y la presencia de los separatistas del Pueblo Indígena de Biafra (IPOB), grupo proscrito por las autoridades nigerianas. El IPOB emitió un comunicado en el que afirmaba que, en un principio, los habitantes de Okuama habían recibido pacíficamente a los soldados, pero luego se rebelaron cuando éstos intentaron llevarse a algunos líderes locales para interrogarlos. Otra versión afirma que un grupo armado con trajes de camuflaje llegó en lanchas y abrió fuego contra soldados y civiles.

En cualquier caso, la presencia de los militares no contribuye en nada a detener las oleadas de secuestros, asesinatos y otros delitos que sumen en la inseguridad a vastas zonas de Nigeria. En su mensaje de Pascua, Matthew Kukah, obispo de Sokoto, se preguntaba «cómo podemos decir que estamos en una democracia civilizada con los militares que parecen literalmente un ejército de ocupación como un pulpo extendido por los 36 estados y Abuja (la capital federal)». «Es difícil entender nuestra situación actual en lo que respecta a la ubicuidad de los militares en nuestra vida nacional», subrayó el obispo de Sokoto, añadiendo que «esto tiene consecuencias muy serias tanto para su profesionalidad como para su integridad, así como para el papel que se percibe que desempeñan en la protección de la sociedad».

Según Mons. Kukah, es necesario que los dirigentes estatales tomen la decisión de adoptar una estrategia clara para resolver la inseguridad general del país. «Combatir la inseguridad es ahora un reto. Creo que nuestros hombres y mujeres de los servicios de seguridad pueden derrotar a estos criminales en cuestión de meses. Todo lo que oímos y vemos son dedos que señalan hacia arriba», afirma el obispo, refiriéndose a las más altas autoridades del Estado.

El semanario Catholic Herald, publicación de la archidiócesis de Lagos, ha dedicado un extenso análisis al estado de las relaciones entre la sociedad civil y el ejército. Según el autor, Olu Fasan, las relaciones entre civiles y militares en Nigeria se enfrentan a tres factores. El primero es que Nigeria es un Estado pero no una nación, entendida como una comunidad cohesionada que «tiene un sentido de pertenencia y un fuerte sentimiento de identidad nacional compartida e indivisa». En segundo lugar, Nigeria es un Estado frágil que «carece de capacidad para hacer frente a las amenazas a la seguridad procedentes de la violencia organizada y no estatal». En tercer lugar, el ejército y la policía han perdido la confianza y el respeto de la población, tanto por la corrupción como por las masacres cometidas en el pasado reciente. AGENZIA FIDES

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