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Evangelii gaudium: La misión, el «sensus fidei» del Pueblo de Dios y la espiritualidad popular

Evangelii gaudium del Papa Francisco cumple 10 años: La misión, el «sensus fidei» del Pueblo de Dios y la espiritualidad popular

Después de que Jesús resucitado ascendió al cielo – así dice el Evangelio de Marcos – sus discípulos «se pusieron en camino y predicaron por todas partes, mientras el Señor actuaba con ellos y confirmaba la Palabra con los signos que la acompañaban». La Exhortación Apostólica Evangelii gaudium (la alegría del Evangelio), publicada por el Papa Francisco el 24 de noviembre de 2013, hace exactamente 10 años, reitera que también hoy la fe, la caridad y la misión de los cristianos sólo pueden ser movidas por el impacto con lo que Jesús y su Espíritu están obrando en el presente.

Hay también en el mundo de hoy -reconoce Evangelii gaudium- una realidad que tiene una especie de afinidad electiva que le beneficia para reconocer los gestos y las obras del Señor en el presente. Hay un Pueblo de Dios, recogido y amado por Jesús, que a su vez sigue implorando su presencia y consuelo en las aflicciones de la vida. Que confía sus expectativas a las palabras de oraciones sencillas.

El Espíritu – escribe el Papa Francisco en la Exhortación – guía al pueblo de Dios «en la verdad y lo conduce a la salvación». La obra del Espíritu Santo -repite el Obispo de Roma, siguiendo la entera Tradición de la Iglesia- dota al pueblo de los fieles de un «instinto» de fe -el sensus fidei- que le ayuda a reconocer y seguir la acción de la gracia de Cristo. «En todos los bautizados, desde el primero hasta el último, actúa la fuerza santificadora del Espíritu que impulsa a evangelizar. El Pueblo de Dios es santo por esta unción que lo hace infalible “in credendo”. Esto significa que cuando cree no se equivoca, aunque no encuentre palabras para explicar su fe» (§119).

La predilección por el Pueblo de Dios forma parte del misterio del amor de Dios por toda la humanidad. «Dios dota a la totalidad de los fieles de un instinto de la fe —el sensus fidei— que los ayuda a discernir lo que viene realmente de Dios. La presencia del Espíritu» insiste el Pontífice «otorga a los cristianos una cierta connaturalidad con las realidades divinas y una sabiduría que los permite captarlas intuitivamente, aunque no tengan el instrumental adecuado para expresarlas con precisión» (§119).

El sensus fidei del Pueblo de Dios, don del Espíritu y signo de su predilección -lo atestigua la Evangelii gaudium- se manifiesta con singular fuerza y evidencia en lo que la Evangelii gaudium llama «espiritualidad» o «piedad popular». El movimiento agradecido y voluntario del pueblo de Dios hacia los santuarios para encomendarse a Jesús, a María y a los Santos, sin necesidad de seguir planes pastorales de movilización. Todos los gestos y prácticas por los que «el pueblo se evangeliza continuamente a sí mismo», y debe reconocerse como «verdadera expresión de la acción misionera espontánea del Pueblo de Dios» (§122).

La Exhortación Apostólica cita el «Documento de Aparecida» (fruto de la V Asamblea del CELAM celebrada en julio de 2007) para describir «las riquezas que el Espíritu Santo despliega en la piedad popular con su iniciativa gratuita» (§124). La piedad popular, «espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos » – reitera el Papa Francisco en Evangelii gaudium – «conlleva la gracia de la misionariedad, del salir de sí y del peregrinar: “El caminar juntos hacia los santuarios y el participar en otras manifestaciones de la piedad popular, también llevando a los hijos o invitando a otros, es en sí mismo un gesto evangelizador”». (§124).

El Papa Francisco invita a todos a «apreciar la vida teologal presente en la piedad de los pueblos cristianos, especialmente en sus pobres. Pienso en la fe firme de esas madres al pie del lecho del hijo enfermo que se aferran a un rosario aunque no sepan hilvanar las proposiciones del Credo, o en tanta carga de esperanza derramada en una vela que se enciende en un humilde hogar para pedir ayuda a María, o en esas miradas de amor entrañable al Cristo crucificado». Evangelii gaudium llama a todos a liberarse de la altanería de quienes se burlan de tales gestos como meras manifestaciones de religiosidad natural: «Quien ama al santo Pueblo fiel de Dios – escribe el Papa – no puede ver estas acciones sólo como una búsqueda natural de la divinidad. Son la manifestación de una vida teologal animada por la acción del Espíritu Santo que ha sido derramado en nuestros corazones» (§125). Por eso, en la espiritualidad popular, «por ser fruto del Evangelio inculturado, subyace una fuerza activamente evangelizadora que no podemos menospreciar: sería desconocer la obra del Espíritu Santo» (§126).

En el prefacio escrito para el libro de Enrique Ciro Bianchi sobre Teología del Pueblo, el Papa Francisco ha querido reiterar que «La espiritualidad popular no es la Cenicienta de la casa. No son los que no entienden, los que no saben. Me apena cuando alguien dice: ‘A ésos hay que educarlos’. Siempre nos persigue el fantasma de la Ilustración, ese reduccionismo ideológico-nominalista que nos lleva a despreciar la realidad concreta. Y Dios ha querido hablarnos a través de realidades concretas. La primera herejía de la Iglesia es el gnosticismo, que el apóstol Juan ya criticó y condenó. Aún hoy puede haber posiciones gnósticas ante este hecho de espiritualidad o piedad popular».

En la espiritualidad popular – sugiere Evangelii gaudium – el amor a Jesús, a María y a los santos se manifiesta como gratitud, por experimentar y reconocer el hecho de ser amados. El fallecido sacerdote argentino Rafael Tello, padre de la «Teología del Pueblo» junto con el padre Lucio Gera, invitaba a distanciarse de la «lamentable confusión» que ha prevalecido en la praxis pastoral de las últimas décadas: el malentendido compartido por muchos -y a menudo alimentado por buenas intenciones- de que el don de los sacramentos coincide con un cierto grado de «conocimiento espiritual» de la doctrina cristiana, que debe adquirirse a través de itinerarios de preparación, según el modelo de los cursos de formación profesional. Si muchos reconocen todavía los sacramentos como gestos gratuitos del Señor, el agradecimiento se debe no tanto a las estrategias del alto clero, sino más bien al sensus fidei custodiado en los fieles por la espiritualidad popular.

Esa costumbre de gestos y prácticas -escribía entonces el padre Tello- por la que el pueblo se evangeliza a sí mismo «mejor que incluso los sacerdotes», y de la que la solicitud por bautizar a sus hijos es «la manifestación más importante». «Por estos caminos – explicaba el padre Tello en sus homilías y conferencias más apasionadas, – pasa el camino más utilizado por nuestro pueblo, que llamamos sacramental: un hecho sensible (el rito bautismal) percibido como signo de que Dios los toma para sí. Para nuestro pueblo es así. Toma al niño para bautizarlo y lo reviste de Cristo. Esto es el catolicismo, hasta el fondo de la cosa: yo traigo al niño a esto; puede que viva como un desgraciado, pero ya está revestido de Cristo». AGENZIA FIDES

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