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Pedro “Antonio Narciso PinócHEZ…” el Heredero Histórico y Heroico

Seguramente no descubro nada diciendo que el, todavía y cada día más, presimiente Falconeti, no sorprende a casi nadie, por muy lejos que llegue en su estulticia, mentiras, apariciones como showman de álbum fotográfico y concesiones a sus socios. Pero no por ello hay que dejar de repetir, comentar y analizar sus excentricidades y disparates, por si estas reflexiones llegan, y hacen pensar, a alguien que todavía dé el más mínimo margen de confianza al mayor felón, ya, de la historia de España, tras dejar en aprendiz al que hasta hoy ostentaba ese “título”, el rey borbón, Fernando VII.

Hoy quiero compartir mi análisis de esta triste realidad, desde la perspectiva que nos dejan los tres calificativos del título, comenzados por esa ”Hache”, muda en español, pero muy sónica en esos términos. Todavía podría aumentarse la serie con un cuarto, en este caso, compuesto, que mi educación me impide escribir y que dejo al arbitrio e imaginación del lector.

Muchos recordarán que, hace un par de semanas, en una de esas comparecencias monólogo, que tanto le gustan, el doctor Plagio cum Fraude, intentaba justificar su penúltima bajada de pantalones con sus socios de ERC (sic, con una oratoria manifiestamente mejorable): ”Yo, cuando tuve el honor de ser elegido presidente, por las cortes generales –por una parte, y no la mejor, precisamente, y manipulando una sentencia con “morcilla”–, en el año 2018, heredé un problemón, un problemón de convivencia en Cataluña. Y creo que hoy, nadie duda, hasta incluso los… es… más… es… –ni su indiscutible cara dura y desparpajo ante la falacia, evitaron el titubeo– duros adversarios políticos que pueda tener, que la situación en Cataluña, hoy, en 2022, es infinitamente mejor al 2017…” –obviamente, no dio un solo argumento que justificara esa afirmación–. Y, continuaba, con su engolamiento habitual, esta vez, no tan convencido, a juzgar por esos titubeos y pausas: “Y, por tanto, lo que está haciendo el gobierno de España, con esta reforma, es dar un paso más, avanzar, hacia la concordia entre los catalanes –naturalmente, quería decir de ERC y demás  nacionalistas–. Esto es lo que está haciendo el gobierno de España”. No contento con semejante falsedad, se recreaba un poco más: “Por tanto, creo que, en primer lugar, hay que reivindicar que la política tiene instrumentos para superar conflictos como los que vivimos en 2017, que es el diálogo y el encuentro –de la concordancia, no hablamos–. Que la Constitución tiene instrumentos para defender su cumplimiento, que es el artículo 155 –más de lo mismo–, y que el Estado de derecho no se va a desmantelar –casi lo está, ya–, al contrario, estos delitos, los cometidos en 2017, continúan tipificados, pero, evidentemente, sus penas se homologan a las de las principales democracias europeas a las que nosotros nos queremos asemejar”. ¿Se refería a Francia, donde ese delito se condena con cadena perpetua? O tal vez era a Alemania, donde la pena va de 10 años de prisión a cadena perpetua, o a Italia, donde conlleva 12 años de cárcel, o puede que fuera a Portugal, donde la condena va de 10 a 20 años. Pero da igual, porque a este sátrapa le vale todo y sigue a lo suyo, estar.

Y como la Historia de verdad, se suele repetir, me parece oportuno recordar este artículo del pensador español, Javier Fernández Aguado, sobre el romano Cayo Verres, cuya lectura recomiendo. Extraigo el siguiente párrafo, con el que presenta al citado personaje, que vivió entre los años 120 y 43 a. de C., que no sería más apropiado si hubiera sido escrito para el yerno del empresario de la sauna Adán: Desde el arranque de su actividad política, dio muestras de que el respeto a la verdad o la coherencia en sus comportamientos, no eran sus fuertes”, ¿nos suena?: “Con Podemos en el gobierno no podría dormir tranquilo”, pero formo coalición para sentarme en el banco azul. “Con BILDU no vamos a pactar. Si quiere se lo repito cinco veces, o veinte”, pero me apoyo en ellos para aprobar los, de nuevo, P.G.ETA. “No dejaré la gobernabilidad del Estado en manos de los que lo quieren romper”, pero contento a ERC, el partido de los golpistas, a los que indulto; bajo las penas por el delito de sedición, más suave que el inicial de rebelión, para lo que cambio al abogado del Estado del proceso, Edmundo Bal, por una más dócil “del establo”, de cuyo nombre no quiero acordarme, y quito el de malversación para que los condenados se vayan de rositas o puedan volver a la política activa, o sea a repetir lo que prometieron que volverían a hacer. Así, yo sigo en el Falcon y ampliando mi álbum fotográfico, paseando por Doñana mientras se vota en el Congreso, por ejemplo. Lo malo es que no tenemos por aquí a un Marco Tulio Cicerón que repita sin cesar a los españoles, por tierra, mar y aire –redes incluidas– su discurso (año 70 a. de C.) al pretor siciliano: “Los pueblos que ya no tienen solución, que viven ya a la desesperada, suelen tener estos epílogos letales: se rehabilita en todos sus derechos a los condenados, se libera a los presidiarios, se hace regresar a los exiliados, se invalidan las sentencias judiciales. Cuando esto sucede, no hay nadie que no comprenda que eso es el colapso total de tal Estado; donde esto acontece, nadie hay que confíe en esperanza alguna de salvación”.  Resulta familiar ¿no?

Viene después la segunda “H”, la de Pedro I el “Histórico”, que sacó su lado más narcisista, “encantado de haberse conocido”, en el acto de homenaje a la escritora de su prole, Almudena Grandes, por el aniversario de su muerte: “Una de las cosas por las que pasaré a la historia es por haber exhumado al dictador de un gran monumento como el que construyó en el Valle de los Caídos”. Como era de esperar, a esa frase siguió el aplauso de los asistentes, entre ellos el viudo de la hoy cotitular de la Estación de Atocha; el manifestante contra la medicina pública madrileña, Pedro Almodóvar, usuario de la privada; la actriz de la “Zeja”, Ana Belén; la novia del elegido para el Tribunal Constitucional, Meritxell Batet y varios ministros, ministras y “ministres” socialistas y miembros y “miembras” de la Ejecutiva del PSOE. Pero lo mejor fue su explicación sobre lo que lo llevó a tomar esa decisión “tan importante para la democracia” –me pregunto qué hubiera sido de la democracia con los restos de Franco, todavía, en la Basílica–, que “no fue no sólo el hecho en sí, de retirar los restos de Franco del Valle o saldar la deuda pendiente con los familiares que buscan restos de sus seres queridos”“Sino también, reivindicar un pasado luminoso –miren si fue luminoso, que empezó con el resplandor que producían los incendios de iglesias y bibliotecas– (que quedó oscurecido, ensombrecido), del republicanismo que, por desgracia, fue sesgado entonces por un golpe de Estado y la dictadura franquista”. Sin despeinarse, don Narciso Falconeti, en su show.

Y vamos ahora con la tercera, de esa trilogía de Haches, la de Heroico. ¿Quién, más “heroico”, que alguien que, cuando murió su “enemigo” –en la cama, por cierto–, tenía tres años y, a los cuarenta y siete, los mismos que hacía de la muerte de aquel, es lo suficientemente “valiente” como para sacar sus restos… “por el bien de la democracia española”? Oigan, eso es un “héroe”, en toda la magnitud del término, y no el Cid Campeador, Blas de Lezo o aquellos del Baler, que pasaron a la Historia como “los últimos de Filipinas”. Claro que, de “héroes” como éste, está llena la triste y breve “historia” del muy antiguo, eso sí, Partido Socialista Obrero Español, en cuya enumeración no me voy a extender hoy. Me referiré tan solo a la última muestra de valentía de ese barón, con “b”, que no con “v”, que ¿gobierna? en representación de ese partido en la, otrora, región aragonesa y, mucho antes, Heroico, de verdad, Reino de Aragón. Sí, han adivinado que hablo del “aguerrido” Javier Lambán, al que, el pasado 30 de Noviembre, en un arrebato emocional, le traicionó el subconsciente y, en el cierre de la mesa sobre El Estado de las autonomías: balance y futuro desde el ejercicio de la responsabilidad política” –de haber existido verdadera responsabilidad política a lo largo de los últimos cuarenta años, tal vez ese título tendría sentido. Hoy, sólo se puede hablar del desastre de las autonomías– calificó de “aquelarre” aquel Comité Federal del PSOE del 1 de Octubre de 2016, que acabó con la expulsión, por manipulador, o sea, por “chorizo”, del secretario general, que ya apuntaba a querer pasar a la historia como “su Sanchidad”. Y fue, Lambán, más lejos en su osadía, al referirse a su amigo Javier Fernández, presidente de la gestora que tomó aquella decisión, en estos términos: “Solo le reprocho una cosa…: cuando Alfredo Pérez Rubalcaba dimitió como secretario general en junio de 2014, debió ser secretario general Javier Fernández. Yo se lo pedí… Javier se negó a asumir esa responsabilidad y mejor le hubiera ido a este país y mejor hubiera ido desde todos los puntos de vista, si un adulto como Javier hubiera asumido esa responsabilidad”. Pero le duró poco ese “valor” porque en escasas veinticuatro horas fue llamado a rectificar: “Dije algunas palabras que fueron manifiestamente inoportunas, que fueron manifiestamente –repitió, titubeando— desafortunadas, que daban lugar a interpretaciones que, en modo alguno, tenían que ver con lo que yo quería decir. Todo lo contrario”. Una rectificación que quiso remachar con un tuit: “A propósito de mis palabras de afinidad y coincidencia con Javier Fernández…, que nadie las entienda como una deslealtad hacia Pedro Sánchez. Discrepando en algunas cosas, cuenta con toda mi lealtad y apoyo”. Me temo que, esas disculpas, rayanas con la humillación, le van a servir de poco al “valiente” barón. Y le haría esta pregunta al pueblo aragonés sensato, ¿serán capaces muchos de votar a este señor después de semejante derroche de incoherencia, sumisión y falta de personalidad? Tristemente, más de los que a algunos nos gustaría, si es que, después de esto, repite como candidato, que podría ser que no.

Me quedo sin espacio, ya, para comentar la hipócrita despedida de la presidente del Congreso al diputado Adolfo Suárez Illana, que deja su escaño y se retira de la política, por la que, por segunda vez, a mi juicio, pasó sin pena ni gloria. Ya expresé, en algún artículo de entonces, mi sorpresa –para mí, un gran error–, cuando Pablo Casado lo colocó de número dos en su lista por Madrid para las elecciones generales de Abril de 2019. También, para la doble vara de medir, demostrada, una vez más, por la susodicha y su vice primero, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis. Mientras éste expulsa del hemicirco a la diputada de VOX, Patricia Rueda, por definir a BILDU como filoetarra, ella se limita a pedir “moderación” a la ministra del “Solo sí es sí”, que acusó al Partido Popular de “promover la cultura de la violación”. Realmente, a BILDU le sobra el prefijo, que más bien le correspondería a los que se apoyan en ese partido para aprobar sus presupuestos y demás aberraciones legislativas. Y tampoco me puedo detener, más allá de la cita, en esa votación, con nocturnidad y aprovechando el ”panen et circenses” del mundial de fútbol –en el que España, con su desesperante “gilitoque”, rozó el bochorno–, para sacar a flote las citadas aberraciones, como la rebaja del delito de sedición antes comentado. Y menos aún para dedicarle tiempo al desastre de ministro del Interior, el cada día más “Pequeño Marlaska”, y su papel lamentable en la explicación de los sucesos acaecidos en uno más de los asaltos a la valla de Melilla. Muy triste comprobar en qué manos descansa la seguridad de España, con este ministro, que se hace mayor si vemos a su secretario de Estado de Seguridad, mi paisano Rafael Pérez Ruiz. Por último, aunque hay mucho más, cito de pasada la penúltima “genialidad” del casi inexistente ministro de Consumo, Alberto Garzón, que aparece de vez en cuando para dejarnos sus ocurrencias, esta vez, para derrochar 110.000 € en su campaña “Huelga de juguetes”, que “reivindican –-los juguetes– su derecho a jugar con el 100% de los niños (y niñas, claro), no sólo con el 50%”, porque “jugar no tiene género”. En fin que, esa frase de, “En España no cabe un tonto más”, sigue dando margen para que quepa tanta “lumbrera”.

Antonio De la Torre, licenciado en Geología, técnico y directivo de empresa. Analista de opinión.

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