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El mejor amigo del hombre

Llevo tiempo reflexionando sobre la cantidad de perros -animales de compañía- que rondan nuestra ciudad, vayas donde vayas ves a alguien con un perrito; ya no es casualidad, capricho, diversión; aunque las tres causas pueden estar implícitas en “el mejor amigo del hombre”. Pero se ha hecho casi consustancial a nuestra manera moderna de vivir.

Hace ya años, en mi profesión me tocó gestionar algunos temas de salud mental implicando derechos y obligaciones legales-forenses, con el abogado en cuestión; que debíamos defender y dilucidar a quién correspondía el perrito respectivo de cara a un reparto equitativo en una separación… No duden que, aunque pusimos toda nuestra buena voluntad en el asunto, y la mayor discreción social y profesional, el tema en aquellos años -2012- no dejaba de sorprenderme, y de sorprender a mis compañeros de hospital, que hicieron todos los comentarios que pueden imaginar… El más doloroso -entendible-, en ese momento socio-cultural: ¡¿En estas estamos, te prestas a esas banalidades, con los problemas que hay en nuestro  entorno?! Han pasado diez años, y el cambio ha sido bestial -en el sentido de bestia-. Se dan casi diez millones de perros que pasean por nuestra calles como animal de compañía, juguete vivo, chupete emocional, e incluso -con el respeto al perrito-, se ha cambiado -sólo en alguna medida-, por un hijo natural, adoptado, de acogida, etc…

No es una crítica, es una reflexión, que me ronda desde hace tiempo desde Corteza a la zona Límbica, sin encontrar muchas veces el nexo de ambas, para poderles transmitir alguna idea que nos devuelva la tranquilidad, pues diariamente se abandonan en España 700 perritos-animales, según nos informa la Fundación Affinity de protección a animal abandonado.

Cuando los animales -en su mayoría perritos-, se humanizan por el hombre, supone un aprendizaje vicario demoledor -sin entrar en excepciones, que seguro las hay y no voy a entrar a analizar por espacio-; sustituir el animal por el humano en el gradiente que sea, nos sintetiza la enorme falta de afecto que padecemos en una gran parte de nuestro recóndito mundo interior: Búsqueda del afecto, egoísmo, necesito consuelo en mi soledad de los 90 metros cuadrados, compañía y que me moleste lo menos posible y no discuta de política conmigo… ¡No me sirve el refrán muy olvidado como tal: “Cuantas más personas conozco, más quiero a mi perro”! ¡Mejor que no hable! -he oído muchas veces-. Humanizar a un animalito protegiéndolo tanto, que le privas de la compañía de otros animales de su especie, sin darte cuenta estás ocasionando problemas en su comportamiento, que tarde o temprano se manifestarán y te sacarán de tu zona de confort… Cuando humanizamos a los animales, olvidamos que un perro es un perro, y por tanto debe actuar como tal, y se lo debes permitir, ha de socializarse con otros animales de su entorno y seguir siendo perrito.

Si buscamos el equilibrio entre cuidar a los animales, y no sustituirlos por los humanos, es algo que está dentro de un cierto nivel de moderación que fácilmente es beneficioso. Pero, cuando humanizamos a los animalitos como si fueran personas -es la otra forma de “humanizar”-, estamos perdiendo el norte, desajustamos nuestro equilibrio social y afectivo, nuestra relación de amistades humanas, nuestra felicidad social, que crean los vínculos humano-sociales-familiares. Perder esta relación humana en favor únicamente de los animales, es perder la esencia de nuestra evolución y distorsionar nuestro ADN que nos inclina sobremanera a proteger al humano sobre todas las cosas… Por ejemplo, 88.629 niños no vieron la luz el año pasado. ¿Nos hemos planteado que hay ahora mismo más perritos en las casas, que niños? Ponderativamente me parece una humanización deshumanizada, cambiar el ser humano por un animal, con todo el respeto al animal y especialmente y sobre todo al ser humano.

Si realmente quieres activar marcadores de amor, afecto, consuelo, compañía, etc.; frente a huir de las relaciones humanas, pensemos que algo está fallando y ¡háztelo mirar!

Dr. Emilio Garrido Landívar, Psicólogo clínico y doctor de la Salud, Catedrático de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos (CEU)

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