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Más que nunca, una llamada al voto del sentido común (absténganse la parte fanatizada de Vox, no lo va a entender)

Aunque si se lee bien el título, no hace falta aclararlo, quiero dejar constancia de que mi artículo va dirigido a varias categorías de votantes. Por supuesto, los que de cualquier forma votarían al Partido Popular y más con una candidata como la que encabeza la lista popular, Isabel Díaz Ayuso. Como no, a aquellos que, por diversas circunstancias, creyeron que “el río revuelto” que dejó Mariano Rajoy en la derecha, abría –de abrir, aclaro– opciones y optaron por Ciudadanos, sobre todo, y sin entrar en detalle, los que pudieron ver cierto giro liberal del partido naranja que nació como alternativa socialdemócrata, no nacionalista, al PSC y casi consiguió hacerse con el erial que los populeares fueron dejando en Cataluña desde el “sacrificio” que José Mª Aznar impuso a Alejo Vidal-Quadras, compensado con el remanso de Bruselas. En tercer lugar a los socialistas moderados que, como Joaquín Leguina, Nicolás Redondo, Rosa Díez o, el último,  Fernando Savater, que no pudo ser más claro: “Nunca he votado al PP y me cuesta, pero esta vez será a Díaz Ayuso” y muchos más que harían muy larga su enumeración, consideran desde el sentido común que votar a Díaz Ayuso es la mejor opción que se plantea el próximo día 4 de Mayo para hacer frente al socialcomunismo frentepopulista que padecemos desde hace casi año y medio en su plena expresión y casi tres desde que el “Pinocho” de la política –con perdón para el muñeco del carpintero Gepetto de la novela de Carlo Collodi– retorció los límites de la democracia para imponerse en una cuestionada moción de censura, apoyado por todos los enemigos de España. En cuarto lugar a ese colectivo variable, de ideología diversa o no definida, que se suele inclinar a uno u otro lado de la balanza en función más de los errores del que gobernaba que de la esperanza en el cumplimiento de las promesas de la oposición –cuando eran dos las opciones principales–, que ya dejó claro el viejo Profesor Enrique Tierno Galván que “se hacen para no cumplirlas”, aunque algunos sí las cumplen, como están comprobando en Madrid los gremios de la hostelería, autónomos, taxistas –salvo alguno que recoge del coche oficial al candidato número uno de la lista en la que va, para un recorrido populista de 150 metros–. Por último a una buena parte de los que, por el desencanto que antes citaba, vieron en VOX, tras reflotarlo Moncloa en 2018, la alternativa a un centro derecha más conservador y vuelven a la casa común natural desde el sentido de un voto más útil y exento del populismo de esa parte más fanatizada y visceral que, de nuevo, sólo servirá para dividir y facilitar el camino del verdadero enemigo, una parroquia fiel, hoy en minoría y bajando, que arropa al de Amurrio haga y diga lo que sea en ese “principio” tan “abascalino” de “haz lo que yo diga pero no mires lo que yo haga”.

Pero como no tengo duda de que, pese al subtítulo, no se va a abstener esa parte fanática que desde el anonimato y sin conocimiento alguno se permiten insultos y descalificaciones en comentarios a los artículos que dedico a contar algunas verdades de VOX, con la única “base” de haber preguntado por mí, como me consta, a alguno de los que se quedaron con el partido entonces y  la respuesta fácil de que lo hago “movido por el resentimiento por no haber recibido ningún cargo”, les voy a dedicar un par de cosas a ver si se aclaran de una vez y no hay que insistir. Por un lado, la carta que le envié el 14 de Junio de 2014 –“ayer”– al entonces secretario General, Santiago Abascal –que, por supuesto, y en su línea siempre muy “dialogante” y “cercana”, no me contestó– , veinte días después de las elecciones europeas de aquel año, en las que participé como número 10 de la lista, elegido en pseudoprimarias por los afiliados –digo “pseudo” porque hasta el puesto 12 fuimos elegidos y desde ahí hasta el 50 “designados” por el que ya apuntaba su talante totalitario–, ante la declaración de ruptura que a través del WhatsApp “privado” de Coordinadores, empezó uno de sus fieles, como cito en la mencionada carta, hoy creo que fuera también del partido. Una vez leída con cierta objetividad, agradecería que alguien me ilustre, por favor, dónde ve una pizca de “resentimiento”. La segunda aclaración es simplemente una cuestión de fechas y hechos. VOX empieza a desintegrarse tras el asalto desleal del grupo encabezado por Abascal y sus muchachos de DENAES, al día siguiente de las citadas elecciones europeas, pese a los intentos de algunos miembros del Comité Ejecutivo –señalados como “desecho” en ese mensaje de WhatsApp al que aludía antes–, especialmente Ignacio Camuñas –el primero en abandonar el barco en Agosto, ante la imposibilidad de llegar a nada: “con estos no se puede ir ni a por una herencia”, se comenta que fue su despedida– y algunos afiliados a los que se nos llamó “voxistas”, que nos fuimos un mes después, Septiembre 2014, tras la pantomima de asamblea montada para hacerse definitivamente con el partido, en lo que no me detengo porque ya lo he contado en otros artículos. Después de eso, y ya con muchos de nosotros fuera del partido, lo primero relevante fueron las elecciones andaluzas de Marzo de 2015, en las que los 32.000 votos de las europeas, 10 meses antes, pasaron a 18.000;poco después, Diciembre 2015, las generales en las que el Partido Popular “roto” de Mariano Rajoy se dio el gran batacazo y en las que Podemos y franquicias obtuvieron 69 diputados, pescando en la caída del PSOE, que se quedó en 90; Ciudadanos consiguió 40 desde ese batacazo citado del PP, pero VOX siguió en caída libre, con poco más de 55.000 votos, que no abandonó seis meses después, Junio de 2016. En esta repetición que supuso una subida significativa aunque insuficiente del PP -137 frente a los 123 anteriores–, Podemos mantuvo lo que consiguió en Diciembre, más dos de IU, ahora juntos los dos de extrema izquierda,  71 en total; Ciudadanos bajó casi la mitad de los que recuperó el PP –se quedó en 38– y, ¡qué cosas!, VOX volvió a bajar a 46.000, “manteniendo” sus CERO diputados. Vinieron después las autonómicas de Galicia y Vascongadas de 2016 en las que no obtuvo representación, como en las catalanas de 2017 a las que creo que ni se presentó. Y así hasta la repesca de la factoría Pedro Sánchez/Iván Redondo en 2018 para resurgir como el nuevo amanecer en las andaluzas de diciembre de 2018 y aquí paro. ¿Alguien puede afirmar con seriedad que escribo desde el “resentimiento de no haber recibido ningún cargo”? ¿Qué cargo podría esperar con esa “ingente cantidad” a repartir –perdóneseme la ironía– de CERO y después de cuatro años largos fuera del partido? Y añado sin que, por favor, se interprete como petulancia por mi parte, tras una dilatada experiencia profesional en la que pasé por todos los puestos posibles en la empresa, técnico al empezar en 1973, jefe de proyecto, jefe de departamento, director, director general y consejero, hasta mi jubilación precisamente en 2014.

Dicho lo anterior, vuelvo a mi petición de voto desde el sentido común –en este momento se trata de mucho más que el voto útil de otras veces–a los que lo hacía el principio y más con el carácter extra-autonómico que han tomado las elecciones en Madrid del próximo día 4 de Mayo y lo que estamos viendo que es capaz de hacer la izquierda, que no acepta no ganar unas elecciones o perder el poder. No debemos olvidar lo que ya pasó con la manipulación que se hizo en 2004 del atentado de la estación de Atocha y cercanías, la del atentado que los amigos de los hoy socios del gobierno cometieron el último día de campaña de las elecciones generales de 2008 que obligó a suspenderla al asesinar a Isaías Carrasco, socialista por cierto, que no yo digo que “facilitara” la nueva victoria de José Luis Rodríguez, pero que tal vez contribuyó a alimentar esa tensión que con un micrófono abierto no controlado le confesaba el “leonés” de Valladolid a Iñaki Gabilondo –el hermano del hoy candidato “excorazonista” del PSOE– que había que “buscar en los últimos días”. Isabel ha estado genial ayer en el Club Siglo XXI: ¿Por qué hay tanta crispación? “Porque participa Pablo Iglesias”.

Supongo que muchos habrán recibido como yo esta hipótesis de unos hechos que Dios quiera que no ocurran, pero que dejan claras las “capacidades” de la izquierda ante la más que previsible derrota que, con sus malas artes, tratarán de vender cara, como estamos viendo estos días de circulación de cartas con balas, navajas con manchas rojas y exabruptos desde la impostada “tranquilidad y pausa en el tono” del candidato podemita especialmente: Decía así esta ficción: “El 1 de mayo sale en los medios la detención de los responsables del envío de cartas a Marlaska, Iglesias y la directora de la Guardia Civil. Son gente turbia y radical, pasado poco conocido y probablemente miembros de un grupo radical neonazi. El 2 de mayo se filtran fotos de las personajes en mítines de Vox con actitudes claramente fascistas. Nadie de Vox les conoce, están afiliados desde hace dos semanas, pero ya da igual: Vox es un partido neonazi. El 3 de mayo hay manifestaciones “espontáneas” en toda España con “alerta antifascista” para echar a la extrema derecha. Toman las calles, rodean sedes, la situación se hace insostenible. Ayuso está desbordada, y los mensajes de Vox no llegan a la gente, hay histeria colectiva. 3 de mayo por la noche –jornada de reflexión que ya incumpliera el desaparecido Alfredo Pérez Rubalcaba q.e.p.d. –, rueda de prensa institucional de Sánchez junto con los partidos “demócratas” y rebotada por todos los medios. La sensación de estar al borde de la guerra civil es asfixiante, la derecha no va a votar, tiene miedo. Arrasa la izquierda”. Y se despedía el autor con una pregunta y un ruego: “¿Es muy descabellado?, guarda este mensaje, a ver en qué me equivoco”. Sinceramente, espero que en todo, pero como no se puede descartar nada de la falta de escrúpulos de la izquierda, hoy prácticamente extrema en toda su representación, mejor será apelar a la unión del voto que impida la posibilidad de que sumen las izquierdas y, como dice la candidata popular una y otra vez, cuando le preguntan por el apoyo de VOX: “Yo lo que quiero es gobernar en libertad”, lo que evidentemente significa gobernar sin necesidad de apoyo para conformar gobierno, independientemente de que luego cuente con los mejores y que alguno de esos pueda venir de otro partido.

Por eso, desde mi punto de vista, y ante manifestaciones como las del ministro del Interior que, pese a ser “independiente”, participa en mítines del PSOE, en los que llama “operaciones criminales” a las supuestas tramas de corrupción en las que puedan estar implicados determinados miembros del PP, entre ellas la Púnica que tiene a más socialistas que populares, mientras se olvida de que su partido creó los GAL y dos de sus presidentes nacionales, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, están condenados en sentencia firme por el caso de los ERE o la participación en mítines de la directora de la Guardia Civil rompiendo la neutralidad política institucional del Cuerpo, creo que lo mejor es concentrar el voto en la que no deja pasar ni una a esa izquierda a la que le dice que “bizquea” porque “tiene pánico a las urnas” y que llama a los que vivimos en Madrid a “vivir a la madrileña”, es decir “en libertad”; que no se arrugó en el debate de Telemadrid ante la caza a que la sometieron unos y otros, empezando por los “imparciales” presentadores; de la que sus contrincantes de uno y otro lado copian sus iniciativas, una, Rocío Monasterio diciendo que “hay que bajar la fiscalidad” aunque no quiso apoyarlo cuando lo propuso Díaz Ayuso durante la legislatura terminada y otro, Ángel Gabilondo, que dijo que “ahora no hay que subir los impuestos”, cuando apoyó la subida que querían proponer todas las izquierdas juntas, incluido el “socio” naranja. Además se evitaría darle pie a los contrarios, que insisten en su coletilla de que se pueda “apoyar en la extrema derecha”, como ellos definen a VOX, y que la candidata popular simplifica con su desparpajo y naturalidad espontánea: “Si no quieren que tenga necesidad de apoyarme en VOX, vótenme a mí”.

Antonio de la Torre, licenciado en Geología, técnico y directivo de empresa. Analista de opinión

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