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Clavel, libro y Estella: 23 de abril

El marqués de Estella gobernaba, con anuencia del decimotercero de los Alfonso; presidía el Directorio desde que se pronunció en Barcelona, cuando la ciudad ardía pasto del pistolerismo y la nación se desangraba en un conflicto africano. Terminó con ambos.

Vicente Clavel era un levantino residente en dicha capital, que propuso la creación de un acontecimiento para las obras literarias coincidiendo con el natalicio de Cervantes. El otro Miguel, Primo, aunque andaba liado en la edificación de los primeros paradores, se ilusionó y, tras aprobarlo, lo pasó a real firma. Así, 7 de octubre 1926, se programó el pionero Día del Libro. Y en España, cuya flor nacional es el clavel.

Años después, 1930, se buscaba seguridad para un evento celebrado al aire libre. Y se encontró en el aniversario del óbito cervantino, que además coincidía, pero no, con el de Shakespeare. Encima, la ciudad epicentro entonces del festejo y otras zonas hispánicas, conmemoran esa fecha primaveral a San Jorge, lo que hubiera gustado al inglés por ser, también, su patrón.

Dije “pero no” ya que, si bien ambos murieron el 23 de abril de 1616, ocurrió en distinta jornada. Y es que la Universidad de Salamanca había inventado, 1515, el calendario que implantaría el papa Gregorio XIII en 1598. Así que España (incluidos sus territorios en Europa, América, África o Asia) lo estrenó a la vez que Roma; no Gran Bretaña, quien continuó con el Juliano hasta 1752. Debido a eso, aunque ambos genios compartieran anaquel, sus vuelos despegarían con diez soles de diferencia.

La feria faltó durante la última de nuestras guerras civiles.  Sin embargo, terminada, recuperaría su esplendor. No digamos ya a partir de los 50, cuando la mujer se incorporó en masa a las facultades, con preferencia hacia las carreras de letras y de salud. Por un poner, en la orla de la segunda de mi madre, (Filología, promoción 1958-63), figuran treinta féminas por doce hombres; entre un profesorado con académicos como Dámaso Alonso o tres catedráticas.

Habría que aguardar hasta que, muchos lustros más tarde, en 1996, la UNESCO declarara ese día “Mundial del Libro”, añadiendo “y de los Derechos de Autor”.

Con razón el valenciano se merece una estatua. Pedestal en esas Ramblas, que vigorizara con su idea, ahora esperando tiempos mejores.

Desde arriba, observará Clavel sorprendido, como regalan rosas. Sabedor de que la historia gasta esas bromas, seguro que sonríe. Admirará feliz a la gente que compra libros, aunque alguna cola ante telefrikis le engañe.

Menos gracia le haría descubrir que otro enorme escritor fallecido en 23 de abril, Josep Pla, está proscrito en su tierra, como tantas cosas, por el talibanismo de unos y la complacencia de otros. Si además ve los saqueos, pedradas o agresiones, tal vez creyera, triste, haber vuelto a aquella violenta Barcelona anterior a su invento.

Sin embargo, solo le faltará escuchar los “aos”, los “astronautos” y “astronautes”, entre otras patadas al diccionario que derraman los gobiernos, para reafirmarse en la cada vez mayor necesidad de su fruto.

Jesús Javier Corpas Mauleón, escritor

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Feria del Libro pamplonesa en los años 50., J J. Corpas.

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