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¡Un poco de felicidad, para quienes la buscan y la necesitan!

En estos tiempos que corren, donde la pandemia está llegando a “hartarnos”, porque nos hace vivir en una normalidad “anormal”, es muy importante para todos, que recordemos algunas leyes de la conducta humana, que olvidamos con frecuencia, porque el ritmo de vida nos supera y por la hartura en la que nos estamos moviendo en situaciones que nos estresan con mayor facilidad de la habitual…

Esta ley, que olvidamos con frecuencia es la ley de activar nuestra horquilla de felicidad, que aunque se mueva en parámetros que permanecen estables a lo largo de la vida, sobre todo ni no hacemos nada por aumentarlos…, la fiebre del oro es acumular nuestra felicidad, que depende de nuestro estado mental, no de la cuenta corriente que tengamos. Pero la situación que estamos viviendo tan prolongada, hace que olvidemos con facilidad ciertas prácticas que tienen mucho que ver con nuestro bienestar y nuestro nivel de vida.

Si podemos y queremos cambiar nuestras percepciones del mundo que nos rodea -ahora más que nunca, con tanta pandemia y tanto miedo acumulado-, podremos sentirnos mucho mejor ante las adversidades, gracias a nuestro poder de cambiar a nuestro favor aquello que percibimos. Tenemos el poder de poderlo hacer, pero hay que ser sistemático y querer… ¡Nadie dijo que ser feliz, fuera fácil, pero sí depende en un 40% de la predisposición que tengamos, y podemos tener toda la que queramos, pues depende de nosotros mismos.

El optimismo es una forma de ser que nos ayuda a tener una percepción positiva de la vida y somos más felices, pero es una actitud intencionada, porque queremos, y así lo hacemos aumentando nuestra horquilla de felicidad: Por ejemplo, camino tres veces por semana, que además con media hora basta, pero lo debo hacer sobre todo cuando “no puedo”, porque es cuando más lo necesitará tu cuerpo y tu mente.

Puedo ser el ser vivo más feliz sobre la faz de la tierra…, si quiero y fabrico felicidad sintética cuando no tengo lo que deseo, y eso lo hago gracias a mi “extraordinaria máquina cerebral” que la tengo para usarla, dentro de la cabeza, no es de adorno, es una gran máquina que fabrica lo que tú quieres que sea o necesites… ¡Basta que lo intentes y lo hagas!: Acepto, interiorizo, cambio de actitud y reprogramo mi cerebro a mi favor… ¡Esto nadie te lo prohíbe, solo faltaba! Pero has de hacerlos de forma rutinaria, hasta que “cojas carrerilla”, después tu propia máquina cerebral hará el resto -¡eso es lo que denominamos algoritmo!-, pero por favor, coge rutina, sé sistemático.

La forma en que encaramos de frente la vida, con ilusión, con optimismo, con alegría, con ganas de vivir, eso es felicidad que llamamos sintética, más importante que la felicidad natural, que es disfrutar con lo que tienes, pero puedes crear felicidad cuando quieras y a tu favor, es una manera inteligente de ser feliz cuando lo necesitas y no tienes aquello que deseas o necesitas.

La felicidad sintética es más rica que la felicidad natural, porque mi cerebro -si quiero-, la crea cuando la necesito; ahora puede ser un buen momento para ello, así que empieza a hacer actos intencionados para crear felicidad cada vez que la necesites y tu cuerpo o tu mente te la demanden. Gracias a esta felicidad sintética, podemos cambiar la percepciones del mundo que nos rodea, que queremos y deseamos ser felices: No te quejes tanto, no protestes tanto, no seas tan cenizoso…; intenta tu mismo cambiar esas emociones por otras más positivas, más tranquilizadoras, más sintéticas, que te beneficiarán a la corta y a la larga, pero tienes que ser constante, para que hagas un gran proceso de cambio intencionadamente.

Puedo convertir la pobreza en riqueza, la adversidad en prosperidad, la angustia en paz, y la desgracia y la tristeza, en aceptación y ventajas para no caer en la desesperanza… Podemos programar nuestro termostato para situarnos en lo más alto de la horquilla de la felicidad, si queremos y hacemos algo…a nuestro favor y con perseverancia. ¿Si tiene remedio de qué te preocupas y si no lo tiene de qué te preocupas?

Dr. Emilio Garrido Landívar, Catedrático de Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos (CEU)

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