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San Francisco de Javier, San Saturnino ¿Y…? 

Poblamos tierra amnésica para algunas cosas. Por ejemplo, algunos juran frente al adoquín que días previos les entusiasmaba pateándolo Roma, Praga o Lisboa. Otros arrojan el verbo “enlatar” contra un museo destinado al turismo fuera de feria, cuando “olvidaron” como se quitan la boina ante similar embotamiento para muchas exhibiciones folclórico-etnográficas. Del recuerdo de méritos ajenos, ya ni hablamos.

Tal vez por ello acostumbro observar un fenómeno entorno a las festividades de san Saturnino, las de mi onomástica, así como en las de san Fermín: siempre surge algún despistado que atribuye al último el patronazgo pamplonés y otro lo confunde con san Cernin.

Entonces, gente amable explica la titularidad sobre Navarra para el del capotillo junto con el misionero; al alimón, muy propio. Y la de Pompaelo, para galo san Saturnino. Los más doctos aclaran de este que se trata de san Cernin, del occitano Sernin. Obispo de Toulouse, fue quien bautizó aquí al hispanorromano Fermino y su hijo Fermín entre diverso vecindario.

Sin embargo, a menudo se dejan las patronas. La primera, no será porque cuando construyó la Seguridad Social su hospital materno-infantil, va para sesenta años, no le diera su nombre; tampoco la segunda porque carezca de impresionante catedral, además de una barriada.

La estatua de Nuestra Señora del Camino apareció, sorpresa, en 1487, efímera tregua de la guerra civil que arrasó Navarra durante una centuria. Y lo hizo precisamente en la iglesia de san Cernin. Cuando la voz corriera rauda, llegó una misión desde Alfaro reclamándola como suya, propiedad que pudo demostrar. Y, con gran pena de la feligresía, fue devuelta. No obstante, en breve se escuchó batir de campanas desde esa parroquia. Allí posaba sobre una viga hoy rotulada con el suceso; había retornado para quedarse. Ante la devoción suscitada, se la proclamó “patrona, reina y señora” de la ciudad. La primorosa imagen es románica policromada, forrada en plata y porta a Jesús en su brazo izquierdo. Su conmemoración es el domingo de la quinta semana de Pascua, y se le procesiona en la Octava.

La copatrona de Navarra es Santa María, bautizada como la Real en 1946. Y su olvido reciente, pues fastos hubo esa jornada por su coronación canónica; igual que otrora en su templo y bajo ella juraban los reyes. A falta de apariciones milagrosas, su esfinge relicario apunta mismas fechas y mano que la de Irache, las más antiguas de Navarra; el niño, barroco; festividad, 15 de agosto.

Yo creo que, bien por motivo religioso o aunque solo sea cultural, debiéramos ir corrigiendo este menoscabo. Capital, Virgen del Camino y san Saturnino. Comunidad, santa María con los santos Fermín y Francisco (damas primero y varones por antigüedad, que algún orden habrá que seguir y aquí por menos se lía). Estella, sobra decirlo, Virgen del Puy en mayo y san Andrés hace nada.

Sepámoslo, no ocurra que nos las enlaten, pues se ha perdido en España mucha estatuaria debido al talibanismo; o nos caiga un merecido adoquín a la cabeza, por despistados.

Jesús Javier Corpas Mauleón, escritor

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