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Carencias y abusos, dos características intrínsecas del socialcomunismo

Sigo en esa mezcla de recuerdo y actualidad a los que estoy dedicando mis reflexiones veraniegas y hoy voy a dar un repaso a algunas de las carencias que, a mi juicio, han devenido en lo que hoy vivimos y son causa de algunos abusos que se han propiciado en buena parte por esas carencias y otras que se han colado aprovechando las grietas de las primeras.

Los que vienen siguiendo mi periplo como articulista aficionado, habrán intuido que voy a referirme en primer lugar a lo que desde mi punto de vista es causa mayor del desbarajuste sociocultural y, por consiguiente, político que se ha venido imponiendo en la vida de hoy, la Educación, que hace tiempo perdió la “E” mayúscula para pasar a una “e” cada vez más minúscula, antes de ceder su inicial en “beneficio” de la “a” de adoctrinamiento, cada vez más complementada con la “s” de sectarismo, en que se ha convertido la formación académica en manos de los reyezuelos de taifas que recibieron una competencia que NUNCA, repito, NUNCA, debió salir del ámbito del Estado y del programa común en contenidos y exigencias, por mucho que se quisieran valorar también los localismos que han acabado imponiéndose en mayor -casi siempre- o menor proporción a lo común que nos une y define, geográfica, histórica y culturalmente, como Nación.

El blog cordobés Desde el Caballo de las Tendillas, allá por Junio de 2014, me publicaba un artículo: http://desdeelcaballodelastendillas.blogspot.com.es/2014/07/educacion-es-la-excelencia-estupidos.html, en el que recopilaba reflexiones que venía recogiendo desde 2008 o incluso antes. Empezaba entonces con una frase del fabulista griego Esopo (600 a 564 antes de Cristo, “ayer”): “la mejor enseñanza es el ejemplo” y -afirmaba a continuación- “eso requiere Educación, con mayúscula, una de las causas, si no la principal, del deterioro social, político e incluso económico que se ha producido en España en los últimos treinta años” -cuarenta ya-. Desde 1985 -tal vez haya que buscar las raíces en 1970- la desincentivación del esfuerzo y, paralelamente, la devaluación hasta la casi desaparición del mérito, en ese dogma no escrito pero sí seguido de que “el niño apruebe, no que el niño sepa” y el afán de igualitarismo disfrazado de igualdad -siempre por abajo- que la izquierda lleva en sus genes y que la derecha, acomplejada siempre -no sé por qué-, no  se atrevió nunca a llevar a su justo término con las mayorías absolutas de José Mª Aznar en 2000 y de Mariano Rajoy en 2011, segunda carencia, al perderse la proporcionalidad entre derecho y responsabilidad que toda igualdad exige para ser justa. Junto a la carrera irracional de crear universidades en lo que bauticé por los ochenta como una especie de “INCONTINENCIA UNIVERSITARIA”, con el pretexto de que todos tuvieran acceso a una educación universitaria cercana, un derecho innegable pero muy mal llevado a la práctica a base de degradar estudios y crear otros que el mercado no demandaba y como es lógico hoy no absorbe, se produjo el desmantelamiento de la magnífica Formación Profesional que se impartía en España, hasta entonces, en Universidades Laborales y Escuelas de Aprendices de muchas empresas, sustituida por dos nuevas “escuelas de aprendices” en los dos grandes partidos, NNGG y JJSS, semillero de la casta política, ‘profesional’ y acomodada, de un sistema endogámico, pervertido y perverso, al que se han incorporado los nuevos partidos que encuentran en esas universidades, devaluadas en su mayor parte, sus caladeros de “promesas” de la mamandurria, con algunas excepciones como es natural, pero las menos, desgraciadamente. Consecuencia, un 40% de nuestra juventud, que algunos progres ponderan como “la mejor preparada de la historia”, tiene un “título universitario”, junto a la paradoja de un 50% de paro juvenil -puede que hoy más-, que sólo le sirve para enmarcar o para encontrar un puesto de trabajo de subsistencia, en el mejor de los casos muy por debajo de las expectativas que ese “título” supondría y un altísimo porcentaje, sin formación ni experiencia, “colocado” en puestos de responsabilidad política sin más acreditación en la mayoría de los casos que un “master” en el arte de medrar que, poco a poco, los va convirtiendo en persona de muy pocos escrúpulos, tercera carencia, capaces de cualquier cosa para sobrevivir en ese mundo.

Tres carencias y algunas más consecuencia de ellas -moral, respeto, objetividad…-, que llevan indefectiblemente al abuso que, potencialmente presente en todos los partidos, suele ser más evidente en los que acogen en sus filas a personas más “sensibles” a ellas, que sucumben a las tentaciones del poder en un sistema que ha venido imponiendo el sentimiento de que “Vale TODO”, amparado en una maraña jurídica que propicia el “No pasa NADA” y todos encantados de haberse conocido y merecedores del “bienestar de su estado” que el fallido “Estado del Bienestar” que pensaron sus antecesores les ha servido en bandeja.

Abuso como que, en una situación de crisis económica, sin duda la mayor desde la Guerra Civil, provocada por una pandemia que esperemos no sea como la mal llamada gripe española de 1918, nuestro ejemplar “presimiente” -menudo “ejemplar”-, se nos va de vacaciones a disfrutar de los bienes del Patrimonio Nacional cuyo mantenimiento y conservación sufragamos los que ellos dicen representar -“El dinero público no es de nadie”, decía en otra etapa de gobierno Carmen Calvo, hoy destacado miembro del actual- porque lo que es de España es de “algunos” españoles, parece.

Y abuso, en este caso de chulería, que después del pasillo de Moncloa y de saltarse a la torera en el “hemicirco” las recomendaciones sanitarias que dan a los demás para que el aplausómetro subiera, ¡marchando, una de peloteo!: La ministra “portacoz” Mª Jesús Montero, arruinadora de la Sanidad y de la Economía andaluzas, por todo “mérito” conocido, celebra la estancia en su tierra de su “elector digital”, el “doctor Plagio cum Fraude” y su “distinguida” familia -¿cuántos disfrutan con él del gratis total y de la vergüenza de esas prolongadas vacaciones de palacio en palacio y tiro porque me toca el Falcon?: “Estamos encantados desde Andalucía -será ella, yo no- con que nuestros enclaves sean lugares que se han puesto de manifiesto porque los visiten las máximas autoridades, en este caso el presidente del Gobierno, que nos honra aquí en Andalucía -redicha ella-. El mismo que hace poco más de un año le decía a su hoy socio de desgobierno que “España necesita un Gobierno coherente y cohesionado, no dos gobiernos en uno y si para ser presidente del Gobierno tengo que renunciar a mis principios…, usted está en lo cierto, señor Iglesias, yo no seré presidente… ahora”, espaciaba dejando un mal augurio, y “si me obliga a elegir entre la presidencia del gobierno de España y optar por mis convicciones, no tengo ninguna duda, elijo mis convicciones…”, ¿cuáles, seguir en Moncloa? Y abusando de lo que se me antoje, como sea. Por eso ahora respeta “lo que diga la Justicia” ante el cúmulo de procedimientos que amenazan al de Vallecas “blindado en Galapagar” con la “Caja S” -de suya, supongo- de la que, José Manuel Calvente, antiguo abogado de “Unidos y Pudientes” -le va mucho mejor este nombre, visto lo visto- dice que presuntamente abusaban algunos. Algo parecido a lo que “sustanció” la moción de censura, pero con otra vara.

Ya lo decía aquel “gran ministro” de Economía y Hacienda Carlos Solchaga: “España es el país en el que es más fácil hacerse rico en menos tiempo”, sobre todo nosotros, le faltó decir al conocido como ”e…o de Tafalla”. Si no que se lo pregunte a algunos de sus compañeros, que dejo a la imaginación del lector.

Antonio de la Torre, licenciado en Geología, técnico y directivo de empresa. Analista de opinión

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