
Resulta edificante comprobar cómo durante esta pandemia los delitos contra la integridad de hombres y, en especial de las mujeres, han disminuido.
Resulta poco edificante, no obstante, comprobar, cómo miles de euros se gastan en acciones que tienen que ver bien poco con el fin que pretenden conseguir.
La existencia de un «funcionario» dedicado, exclusivamente, a políticas de fomento de igualdad entre sexos en los municipios navarros no parece que, con la que está cayendo en estos momentos, sea muy loable.
El respeto y la igualdad entre las personas donde primero debería fomentarse es en las familias. El respeto debido a una madre y un padre es sinónimo de un respeto que debe aprenderse entre hombres y mujeres. Luego está la escuela y luego está el lugar donde uno vive.
A este respecto, y con la pandemia que nos está tocando vivir, donde este respeto ha fallado, incomprensiblemente, es con nuestros mayores.
¿Cuántos de ellos, hombres y mujeres, han muerto en residencias llamadas de ancianos? Aquí la muerte ha igualado la balanza. Ha demostrado, también, el poco respeto hacía los hombres y mujeres mayores, incluso a los fallecidos.
¿Hemos tenido respeto, hemos dado un trato igual a los hombres y mujeres mayores? La respuesta es clara, cambiémosla de cara a hacer un futuro mejor.
