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Docencia y confinamiento a miles de kilómetros de casa

Docencia y confinamiento a miles de kilómetros de casa

NAVARRAINFORMACIÓN.ES

Este año la Universidad de Navarra ha acogido en sus diferentes campus a 3.741 alumnos internacionales de 109 nacionalidades

Muchos de ellos no pudieron volver a sus casas cuando empezó la crisis del coronavirus.

“No vi la magnitud de la situación a tiempo y cuando finalmente decidí volver a Ecuador, ya era tarde”, recuerda Sally Tabares, alumna ecuatoriana de 3º de Periodismo Bilingüe.

No obstante, muchos estudiantes internacionales enfrentaron el confinamiento como una oportunidad para seguir adelante con los estudios aprovechando las nuevas formas de docencia, sacando adelante otros proyectos personales y participando en proyectos solidarios. La Universidad de Navarra siguió impartiendo el 100% de la docencia de forma no presencial, así como sus exámenes y trabajos fin de grado. La adaptación al campus virtual supuso hasta 1.000 sesiones online al día para los alumnos.

Para el venezolano Abraham Valera (4º Comunicación Audiovisual), los estudios a distancia han sido una novedad positiva: la de “aprovechar en el sistema educativo todos los recursos y oportunidades que las tecnologías ofrecen hoy en día”. Abraham dedicó mucho esfuerzo a que el confinamiento no afectara al proyecto que desarrolla junto con sus dos compañeros de piso y de la Universidad. “Los tres -Virgilio González (4º Periodismo), de Venezuela), Daniel Franco (3º de Literatura y Escritura Creativa, de Colombia y yo-, hemos creado Graviola, una editorial independiente enfocada a la publicación de autores latinoamericanos que emigraron a Europa”, explica.

Aunque sea a mucha distancia, los estudiantes internacionales reconocen que lo que más les ha ayudado a superar los momentos difíciles ha sido el cariño y el apoyo de sus familias, así como el de los amigos, y también el de los profesores, que han estado cerca en estos momentos. La labor de asesoramiento se ha reforzado durante este tiempo, para que los alumnos siguieran con su formación académica, pero priorizando su situación de salud y personal en cada caso.

La colombiana Hela Daniela Palacios, alumna de Erasmus en la Escuela Superior de Ingenieros, les agradece que, desde el inicio de la crisis, hayan estado pendientes de los alumnos, sobre todo de los internacionales. Entre ellos, los familiares y amigos de intercambio, Hela se siente cuidada y apoyada. “El programa Erasmus es una oportunidad hermosa de formar parte de una Universidad diferente. Decidí quedarme en España porque sentí que tal experiencia no acababa, que aún quedaba tiempo para aprovechar”, confiesa.

También Madeline Lasota (2º Filosofía, Política y Economía), alumna estadounidense, comparte la alegría de estar rodeada de buenas amigas y compañeras del colegio mayor donde se quedó para la cuarentena. “Nos cuidamos entre nosotras, hacemos planes comunes de estudio, y también de ocio”, cuenta. Dice que el confinamiento le ha ayudado a cumplir mejor los horarios y desarrollar hábitos. “Dedicar unos ratos de silencio para reflexionar sobre uno mismo o sobre los objetivos alcanzados y a los que se pretende llegar ayuda a no perder de vista lo importante, a pesar de las condiciones vitales del momento”.

Confinados y de exámenes en un hotel de Bolivia

Otros estudiantes de la Universidad de Navarra decidieron volver a sus países. Es el caso de 12 alumnos bolivianos, que consiguieron regresar recientemente a su país. Llegaron en un vuelo que viajaba prácticamente a la mitad de su capacidad con 144 pasajeros de 270. Una vez allí, los universitarios, que cursan Economía, Arquitectura, Derecho y Nutrición, tuvieron que pasar otros 14 días de cuarentena en un hotel en Santa Cruz de la Sierra.

“Con la suspensión de las clases la situación era complicada pero muchos decidimos quedarnos en Pamplona porque contábamos con la atención de la Clínica y eso daba tranquilidad a nuestras familias”, señala María Constanza Nieto, estudiante de 2º de Marketing. “En abril supimos que ya no íbamos a volver al campus y surgió la oportunidad de regresar a nuestro país, gracias al apoyo de la Universidad”, continúa. “Viajamos en un bus hasta el aeropuerto de Madrid. Una vez allí, tuvimos que pasar un sinfín de protocolos, tomar todas las medidas de prevención… ¡nos bañaron en desinfectante en varias ocasiones!”, recuerda riendo.

Mientras tanto, seguía con su actividad académica. “Extrañas las clases, a tus compañeros… pero el esfuerzo de los profesores ha sido máximo”, indica María Constanza, que confía también en tener un buen resultado después de sus exámenes.

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