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“Vamos a contar mentiras…”

“Vamos a contar mentiras…”: desde el Centro de Invenciones Sánchez a la “cogobernanza”

Lo que estamos viviendo en estos meses de desgobierno socialcomunista, agravado especialmente por su pésima gestión de la pandemia que ha llevado a España a liderar una vez más, con gobiernos socialistas, los parámetros más negativos de Europa y del mundo -fallecidos por millón, sanitarios infectados, desempleo, déficit…-, supone un “déjà vu” de episodios conocidos en diferentes etapas de nuestra milenaria Historia. Supongo que la mayoría de lectores recordarán las primeras palabras del título que elijo hoy para mi artículo, inicio de una vieja canción que cantábamos en esas excursiones estudiantiles que iban desde “por el mar corren las liebres, por el monte las sardinas, tralará…” al “ciruelo cargadito de manzanas” desde el que al tirar piedras “caían abellanas”.

Esa letra se queda en “mentirijillas” al lado de la tan generosa como carísima nueva encuesta mensual -esta vez se habla de 90.000€ pagados a una empresa amiga para la toma de datos- del fiel “cocinero” José Félix Tezanos -100.000€ de sueldo- desde su particular CIS, Centro de Invenciones Sánchez que, de nuevo, en su segundo “barómetro” durante la pandemia, impulsa un poco más a su Partido Sánchez Ominosamente Entregado hasta el 31’1% de intención de voto, por encima de las últimas elecciones, distanciándose del PP, que cae al 20’3% y con el socio morado cayendo al 11’5%, suficiente para recuperar el tercer puesto, por encima del más descalabrado para el lacayo, VOX, que queda cuarto con el 11’3%, y, curiosamente, el nuevo “socio” de apoyo a las últimas prórrogas del estado de alarma, Ciudadanos, “sube” casi cuatro puntos, hasta el 10’5%. Y un dato revelador de la “objetividad” de este personaje es el que refleja la percepción de los ciudadanos sobre su situación económica personal, que en Marzo era buena o muy buena sólo para el 35’8% y sorprendentemente, después de que la economía española se haya hundido en las semanas de confinamiento, en Abril subía al 69’8% y en Mayo un poco más aún, al 70’1%, algo que Vicente Vallés, de Antena 3 Noticias, nada dudoso de ser amigo del PP, destacaba con sorna: “según el CIS, conforme empeora la economía de España, mejora la de los españoles”. Añadía el barómetro que “un 46% tiene mucha o bastante confianza en la política actual del gobierno en su lucha contra el COVID19, mientras un 28’6% tiene poca y un 19’8% ninguna”. Pero lo más sorprendente es que en su comparecencia del mismo día en el Congreso, recomendaba “no fiarse de las encuestas”, ni siquiera de las del CIS, porque tienen “mucho margen de error”, asegurando que “a menudo lo sorprendente es acertar”. Sin despeinarse, dada su alopecia y contradiciendo las encuestas de los diferentes medios, que dan empate técnico entre PP y PSOE, mucho más próximo a lo que se está viendo en las protestas callejeras y balcones en los últimos días. La prueba de que el CIS barre para casa, no se yo si rondando la falsedad, es la citada y creciente protesta en muchas ciudades a base de caceroladas, iniciadas tímidamente hace un par de semanas y ahora a diario, incluyendo escraches pacíficos en las proximidades de algunos políticos como PabLenin Iglesias, rey del escrache, y el sonriente José Luis Ábalos. Algo que está dejando en evidencia al primero que, hace no mucho, cuando ellos lo practicaban con Rosa Díez, Soraya Sáenz de Santamaría o Cristina Cifuentes, por citar algunas de sus víctimas,  decía desde su Fort Apache que “Ya era hora de que la derecha probara un poquito de su propia medicina” porque “está claro que los ciudadanos están hasta el gorro de algunos de sus representantes” -por ejemplo de él- y es bueno que “la gente pida cuentas a las élites” que en su cursilería característica decía que es “lo que los politólogos llamamos accountability”, rematando con que “no me canso de decir que los escraches son ante todo el jarabe democrático de los de abajo”. Pero claro, eso vale hasta que se cambian las tornas y los sufren ellos y ese “jarabe” se vuelve aquel repugnante “aceite de ricino” que en la infancia de nuestra generación era común. Ahora, esta gentuza que apoya al desgobierno e incumple su responsabilidad política, empieza con amenazas, como las proferidas por este remedo de Largo Caballero a una diputada de VOX en su anterior comparecencia: “Ustedes representan el odio, la hipocresía y la miseria moral y les aseguro que España y nuestro pueblo, una vez más, como en el Siglo XX, se quitarán de encima la inmundicia que ustedes representan” -anda despistado, porque en el Siglo XX fueron los otros los que se quitaron de encima a su inmundicia-. O su portavoz “automático”, el desleal con el país que le salvó la vida y ahora pijo del barrio de Salamanca, Pablo Echenique, que deja en Twitter, altavoz preferido por los dos extremos de la política, su mensajito cargado de odio: “Me cuentan que un sicario de El Español anda preguntando al Ayuntamiento dónde vivo para acosar a mi familia. Es una dinámica muy peligrosa. No deseo que se generalice y acabe pasando lo mismo a otras personas públicas, como Pedro J., Ayuso, Casado o Abascal”. Amenazando, que es gerundio, como hacía su jefe por los paseos ante su casa: “si la crispación continúa, se sabe dónde empieza pero no dónde acaba. Mañana será gente de izquierdas manifestándose frente al apartamento de Ayuso, de la casa de los Espinosa de los Monteros o de la de Abascal”, ante los que su amigo “Pequeño” Marlaska envió cinco coches de la Guardia Civil y ayer cortó la calle para que los “marqueses de Galapagar” no sufran de cerca las molestas caceroladas. El mismo Iglesias que decía que ”lanzar tuercas y cohetes es el mayor acto democrático que se puede llevar a cabo”. Y es que los componentes actuales de la izquierda, extrema y extremísima, son gentuza barriobajera salida, en el mejor de los casos porque otros como Lastra “lastre” no tienen ni Bachiller, de la basura que deforma hoy notablemente buena parte de la universidad pública.

Mientras tanto, gracias de nuevo al PNV y al reincidente Ciudadanos, se aprobó un nuevo periodo de estado de alarma que se quedó en quince días frente al sondeado mes -aproximadamente- que pretendía el dictador, que supuso a la formación naranja la pérdida de otro destacado diputado, Marcos de Quinto, que “por coherencia y pudor” -no los suficientes como para votar en contra, por cierto- abandona el partido. Todo ello dentro de un duro enfrentamiento entre el presidente y el líder de la Oposición, en el que el primero, aparte de presumir de “transparencia” e información, ha acusado al segundo: “Sr. Casado, entre la unidad y la ultraderecha ha escogido a la ultraderecha” y de -de nuevo con un buen taco de papeles con textos impresos para la réplica-, mientras el segundo, tras una dura crítica a su gestión y la repetición de sus propuestas le dedicaba algunas frases como estas: “Pretende que elijamos entre usted o el caos, pero es imposible porque el caos es usted” o “Mirando a los ojos de las familias de los 28.000 muertos y de los 50.000 sanitarios contagiados mantendría que su gobierno lo ha hecho bien”, a lo que el doctor Plagio cum Fraude no contestó.

Termino con la sublime aportación de Carmen Calvo a la resolución de la crisis de la pandemia: “…A veces los mapas los tiene uno en la cabeza y los tiene mal. Yo no me había dado cuenta nunca que Nueva York, Madrid, Teherán y Pekín están casi en línea recta, no exactamente pero en línea recta, en horizontal -lo de latitud no le debe sonar a esta eminencia-, y son tres de las grandes ciudades donde se ha dado el problema del demonio”. ¿Se entiende ahora mi alta valoración de la universidad pública que decía más arriba? Y lo peor es que irá a más esta degradación a la vista del último bombazo de Educación y su política de becas primando la situación económica del peticionario frente al rigor académico del esfuerzo tan denostado para la izquierda progresista, tras rebajar la nota a un simple cinco frente al ancestral siete -Notable- propio seguramente de pijos.

Antonio de la Torre, licenciado en Geología, técnico y directivo de empresa. Analista de opinión

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