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Coronavirus, gobierno, católicos, musulmanes y otras sinrazones

CORONAVIRUS, GOBIERNO, CATÓLICOS, MUSULMANES Y OTRAS SINRAZONES

Parafraseando al Manco de Lepanto, la razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de los constantes engaños y contradicciones que tengo que soportar cada vez que oigo un informativo, bien sea en una cadena oficial del gobierno, bien en las que se han dejado amedrentar y chantajear por él. Quizá por ese cúmulo de despropósitos, prepotencia y sinrazones, mi enojo y hastío sean émulos del que, allá por 1912 debió inducir a don Miguel de Unamuno a escribir Contra esto y aquello, en el momento de sentarme a escribir estas líneas que llevo días craneando y pergeñando.

Lo que pueda decir no creo que difiera mucho de lo que pensarán millones de ciudadanos españoles honrados y de bien que hoy sufren, como yo el arresto domiciliario de un pretendido Estado de Alarma impuesto por Pedro Sánchez y su actual gobierno frentepopulista y que, con las leyes en la mano, por la restricción de nuestros derechos más se parece a lo que la Constitución establece para el Estado de Excepción.

Quizá alguno de nuestros mayores y alguno no tan mayor que conozca la Historia, podrá recordar cómo a finales de la II República, ya con un gobierno del Frente Popular que, en sus integrantes y apoyos poco difiere del que actualmente padece España, nuestra amada Patria, la forma menos insegura que había de circular por las calles era en fila india y con las manos arriba, como la víctima que es amenazada por un pistolero. Aunque todavía sólo se habla de cuatro fases para el desconfinamiento, pero cuyos detalles deben ser establecidos por distintas leyes ministeriales, quién sabe si alguna de dichas leyes no acabe por imponernos alguna humillación parecida, pues algunos de quienes nos gobiernan o sustentan el gobierno han sido o son pistoleros etarras, cuando no seguidores de los asesinos de tantos españoles en los turbios años treinta, así como admiradores de los pistoleros que hoy mantienen en el terror y la miseria a no pocas naciones de Hispanoamérica.

Afortunadamente, Colombia o Bolivia supieron reaccionar contra sus regímenes de terror y corrupción y, en los pasados días, Nayib Bukele, Presidente de El Salvador, ha anunciado, también, serias medidas contra la delincuencia, tales como que serán selladas para que los internos no puedan ver hacia afuera ni comunicarse a través de los pasillos; o que el pandillero que ponga resistencia será abatido con fuerza proporcional y posiblemente letal por nuestra fuerza pública.

Como decía arriba, los socialistas, comunistas e independentistas, que hoy sostienen a Pedro Sánchez en la Presidencia del Gobierno del Reino de España, se pueden considerar seguidores del estalinista Frente Popular. Es gente que odia España y todo lo que España, por su destacado papel secular en la defensa de la civilización católica y occidental, ha significado y puede aún significar. Son a los que, quizá más ladinamente, mueve el mismo “odium Fidei” que a los asesinos de tantos miles de mártires, no hace aún ni un siglo.

Si queremos alguna prueba de ese “odium Fidei”, volvamos los ojos a las persecuciones que en las últimas semanas han padecido el arzobispo de Granada, Monseñor Francisco Javier Martínez, y la veintena de fieles que se vio obligado por la Policía Nacional a desalojar de su templo, como atestiguan estas imágenes https://www.youtube.com/watch?v=1NFw-rmyFdk   o el sacerdote don  Roberto Carlos Baker, humillado y sancionado por la Policía Local mientras celebraba la santa misa en un pequeño altar a las puertas de la iglesia de San Jenaro, situada en la madrileña calle Vital Aza, hecho que vuelvo a atestiguar con imágenes https://www.youtube.com/watch?v=anOeQTFpuqM porque hay cosas tan dolorosas que cuesta creerlas si no se ven.

Pero lo peor es que, mientras, por culpa del gobierno de Pedro Sánchez y sus leyes, los católicos nos hemos visto, en parte por la coacción de las Fuerzas de Seguridad y, en parte también, por el apoyo tácito o el silencio cómplice, con alguna honrosa excepción, de la Jerarquía Católica -los mismos, aunque con distintos cargos en la Conferencia, que escondieron la cabeza como los avestruces mientras se profanaba una basílica benedictina y los restos del Generalísimo Franco, quien durante tantos años y con todas las bendiciones y condecoraciones de la Iglesia en España, de los romanos pontífices y de la curia Romana, fuera el Caudillo “por la Gracia de Dios”- los católicos nos hemos visto impedidos a poder celebrar el Triduo Pascual, y a este paso el mandamiento de confesar y comulgar por Pascua Florida. Mientras esta persecución teníamos que sufrir los católicos, a los mayores enemigos de la cristiandad, a los musulmanes que derraman la sangre de innumerables mártires cristianos, se les permitía saltarse las leyes, amenazar nuestra salud y celebrar impunemente sus ritos del Ramadán, no ya en sus templos, que nosotros tenemos clausurados, sino adueñándose de las calles de nuestros pueblos y ciudades. “Verlo para creerlo” podrá objetar alguien, por ello aporto también estas imágenes https://www.youtube.com/watch?v=NUCBQiF0QvI del desatino consentido por el socialista Kenneth Martínez un compañero de partido de Pedro Sánchez.

A esto hemos llegado: El rezo musulmán en la calle de un imán con los altavoces a todo volumen a pesar del confinamiento y con varios fieles en la vía pública observando ante la pasividad de la Policía Local. En el otro extremo, una misa católica oficiada por un sacerdote en la propiedad de su parroquia con dos altavoces que es clausurada por dos agentes que le piden su documentación. Dos actitudes radicalmente opuestas las que se han vivido estos días en Cataluña y Madrid y que ya no es que vulneren, es que hacen añicos todo lo que expresa la Constitución sobre la igualdad de los españoles ante la Ley o nuestra libertad religiosa.

Antes he hecho mención a quienes sostienen a Pedro Sánchez en la Presidencia del Gobierno del Reino de España. Y no ha sido algo casual, lo he hecho porque España tiene un Rey, actualmente don Felipe VI, de quien la Constitución, en el Artículo 56, 1 establece queEl Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes”. Y según la Constitución además de Jefe de Estado es Comandante en Jefe de las FFAA, sobre las que, en el Artículo 8.1 se establece: “Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”.

Yo sólo soy un humilde ciudadano, sin pretensiones de enseñar al Monarca sus altas funciones, y sin pretensiones, como otros políticos de algunas comunidades, de llamar a nadie a una revuelta armada, rebelión, sedición, golpe de estado… pero un humilde ciudadano que se siente comparativamente agraviado, ofendido en sus creencias, injusta y coactivamente tratado y amenazado por el Gobierno y el Estado, que no renuncia a su libertad de expresión y derecho de pacífica protesta.

Creo en España, mi Patria. Sé que es una gran nación y que, cuanto mayores son los peligros a que se enfrenta, mejor sabe unirse para reaccionar. Así ocurrió contra el turco a las puertas de Viena y en Lepanto, así ocurrió con Napoleón, quien sufrió su primera derrota frente al Ejército Español en Bailén; así ocurrió en el siglo XX, porque los españoles fuimos los únicos capaces de derrotar al comunismo en el campo de batalla. Ahora, con el coronavirus quizá nos enfrentemos a otra crisis, pero no la médica sino la política, que podría ser más letal que el virus que se usa como pretexto para anonadarnos y anularnos.

Al hablar de crisis, aun sabiendo que lo que llevamos padecido no es nada al lado de lo que vamos a padecer en los próximos años por las mentiras y la incompetencia de nuestros políticos, cuando la Iglesia se calla, cuando el Rey se esconde, cuando el Ejército sólo sabe ejercer de ONG, quiero, seguir el consejo de un poeta y falangista navarro, Ángel María Pascual, cuando escribe “pon Arriba tus ojos, siempre Arriba”.

Y levantando los ojos Arriba, al cielo y a la Fe, he dado con dos citas a cuál más oportuna. Como escribió San Josemaría Escrivá de Balaguer en una obra publicada póstumamente: “En esta época de desmoronamiento general, de cesiones y desánimos, o de libertinaje y anarquía, me parece todavía más actual aquella sencilla y profunda convicción que, en los comienzos de mi labor sacerdotal, y siempre, me ha consumido en deseos de comunicar a la humanidad entera: estas crisis mundiales son crisis de santos”. (Amigos de Dios, 1977).

Y, como a raíz de la última crisis económica, indica la encíclica Caritas in veritate (29 de junio de 2009) Benedicto XVI con una visión que debe infundir el mayor optimismo: “La crisis nos obliga a revisar nuestro camino, a darnos nuevas reglas y a encontrar nuevas formas de compromiso, a apoyarnos en las experiencias positivas y a rechazar las negativas. De este modo, la crisis se convierte en ocasión para discernir y proyectar de un modo nuevo”.

Pedro Sáez Martínez de Ubago, Historiador

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