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Gana la moderación (pero queda trabajo)

 Las elecciones de ayer van a dar para muchas interpretaciones y mucho debate. Cada fuerza las presentará a su manera, y aún no ha empezado el capítulo de la investidura, que va a traer cola (apuesta: el PSOE forma gobierno en solitario en segunda votación).

 

Pero yendo a los números de ayer. hay varios niveles de lectura necesarios. En el primero tenemos que hay dos fuerzas que se disparan. Una es el PSOE de Pedro Sánchez, que consigue los números del CIS de Tezanos. Otro es Ciudadanos, que crece un 80% y ha estado a punto de quitar el segundo puesto al PP. El resto de partidos no cambian, se despeñan o no alcanzan la mitad de sus expectativas.

 

Un segundo nivel de lectura, que nos vamos a aburrir de leer, es que las fuerzas “de la derecha” han tenido más votos pero las leyes electorales hacen que la traducción a escaños sea menor. Creo que este análisis tiene un problema grave y es que mezcla churras con merinas. “La derecha” no existe y comprarle el mensaje a los que lo venden interesadamente es un error de bulto.

 

Un tercer nivel me parece más interesante. Lo que reflejan inequívocamente los números es que los españoles han rechazado los extremos y ha ganado la moderación, aunque sea relativa. Aunque sea, incluso, falsa. Ha ganado quien ha conseguido convencer al electorado español de que representaba la moderación y el sentido común frente al avance del radicalismo. Esa es mi lectura de la victoria del PSOE y del avance brutal de Ciudadanos, y creo que es una lectura que nos debe animar… y nos debe hacer reaccionar.

 

Las elecciones de ayer son una demostración palmaria de que España rechaza los extremismos. Hay dos observaciones clave. Por un lado, Podemos ha perdido todos los trenes para adelantar al PSOE. Y por otro, la sociedad española se ha movilizado en masa ante la “alerta facha” que se le ha vendido, accidental e intencionadamente, desde todos los medios: la imagen de un pacto inminente entre PP, Ciudadanos y Vox que pondría el país en manos del “diablo verde”, y nos llevaría de vuelta a 1939. En serio, se lo he leído a gente sensata y culta que ni siquiera tiene la excusa de estar en política. Millones de españoles se lo creen. Y han votado como nunca, contra la posibilidad de un gobierno en el que participe Vox… pero no se han volcado en Podemos. Han procurado crear una mayoría que no necesite extremos.

 

Esa forma de votar es la reacción lógica al mensaje que han asumido como cierto. La historia que les han contado y se han creído. El “relato” ha sido clave en estas elecciones.

 

No es que el PSOE haya ganado la batalla del relato. Es que ha arrasado, que no es lo mismo. Ha conseguido que su incompetencia, sus dedazos, su venalidad y corrupción, sus falsedades sistemáticas, no importen. Porque “viene el trifachito”. La “derecha trifálica”. Las “tres derechas”.

 

No lo han hecho solos. Han aprovechado los movimientos de Abascal en Alsasua y en sobre todo en Colón, donde le dimos al PSOE la foto que ha resumido su estrategia en esta campaña electoral. Al colocarse junto a Ciudadanos y PP no sólo ha “normalizado” la imagen de su partido sino que han infectado la imagen del nuestro. Ha conseguido vender a la opinión pública que Vox condiciona el gobierno de Andalucía (o lo que es lo mismo, hacer ver que “Ciudadanos pacta con Vox”, cuando no es así). Y la estrategia de los medios afines al PP le ha favorecido tanto como la de los medios de izquierdas. Unos y otros se han esforzado en no ver las diferencias entre PP y Ciudadanos, en llamarles “las derechas”. Los nacionalistas no dejan de llamarnos “fascistas” a todos, sin diferenciar sabores, y todo aporta.

 

Ciudadanos ha crecido muchísimo en estas elecciones. Pero aún no ha ganado. Y no ha ganado porque los electores no le han visto como lo que es: el partido progresista moderado que podría limpiar las cuadras y hacer funcionar España sin caer en el extremismo. Un partido liberal que defiende los derechos sociales con medidas prácticas y modernas. Un partido que tiene más claro que nadie el papel de la libertad individual, que defiende todos los modelos de familia por igual. Un partido que diferencia muy bien el patriotismo institucional del nacionalismo español. Que quiere acabar con el capitalismo de amiguetes, la verdadera “casta” de este país. Que quiere reformar la política para que los políticos no tengan derechos especiales. Ni dedazos, ni arbitrariedad, ni corrupción.

 

Pero no. Trifachito. 1939. Alerta facha.

 

Es esencial que transmitamos lo que es Ciudadanos y lo que defiende. Y también a lo que se opone. Es esencial que hagamos visible el cortafuegos entre Ciudadanos y Vox en Andalucía. Es esencial transmitir que, como dice Garicano, somos de hecho lo más opuesto posible a ese partido. Mucho más opuesto que una socialdemocracia fósil que se apunta a cualquier tesis que le permita seguir gobernando, pero que una vez en el gobierno esquiva las mismas reformas que pide en la oposición.

 

Vox es un partido antiliberal (no puede ser más conservador) en lo social, y antiprogresista (no puede ser más regresivo) en lo económico. Un partido que rechaza la integración en Europa como si el aislamiento fuera una opción. Un partido que sacraliza la Historia en lugar de aprender de ella, y que recurre a términos y símbolos que no pueden ser más conflictivos. Un partido que usa métodos populistas para movilizar a los descontentos, sin importarle prometer imposibles. Un partido que es “nacional populista”, otra vez en palabras de Garicano. Y que es el enemigo ideológico natural de Ciudadanos, tanto como los nacionalismos regionales.

 

Tenemos un mes para que los electores entiendan que la etiqueta que nos han puesto Sánchez y Abascal (y los medios de comunicación del “establishment”) no es real. Un mes para dejar claro qué defiende Ciudadanos, y porqué pactar con nacionalpopulistas no era una opción en Andalucía, no lo ha sido y no lo es ahora. Si no conseguimos despegar la etiqueta, vamos de cabeza a que en Mayo el modelo valenciano se repita por toda España. Empezando por Navarra, donde tendríamos un kuatripartito nuevo con el PSN en lugar de Bildu. Un PSN capaz de votar la ley de Abusos Policiales.

 

Luis Garicano, cabeza de lista al parlamento europeo por Ciudadanos, es quizá el más visible de los que en la formación naranja defienden que el partido se presente como un “centro absoluto”, que no confunda la negativa a colaborar con el sanchismo con la negativa a tratar con el PSOE. Algo que, por cierto, es la política oficial: Ciudadanos ha dejado claro que está dispuesto a pactar con el PSOE en las regiones en las que no domine el “sanchismo” (en las nacionales, sanchismo y PSOE son lo mismo). Para Garicano, el “enemigo” principal de Ciudadanos no es la socialdemocracia sino Vox.

 

Ciudadanos no es derecha ni centroderecha. Es centro. Es extremo centro. Es la defensa ante el radicalismo que muchos votantes de Sánchez buscan. En estas elecciones no hemos conseguido que el mensaje atraviese del todo el muro mediático y la propaganda sanchista, y a pesar de todo hemos crecido un 80%. En las de Mayo tenemos que rematar el trabajo.

 

Miguel Cornejo (@miguelcornejoSE) es economista, miembro de la junta directiva de Ciudadanos Pamplona y candidato a concejal por Beriáin.

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