Algunos de los imprudentes que se acercaron este fin de semana a lo Viejo de Pamplona para los Carnavales, a pesar de la lluvia, han visto cosas que tardarán en olvidar. La asociación que organiza (con dinero público de la partida de Participación Ciudadana http://www.pamplona.es/srv/opendata/verPagina.aspx?idFichero=300&idioma=1&nifEntidad=P3120100G&paginaOpenData=4 ) las fiestas del Casco Antiguo tiene varias “agrupaciones”, unas más conflictivas que otras, y este fin de semana estaba en la calle la menos presentable. Algunas caras son conocidas. En concreto les conocen como “los del gaztetxe” porque están entre los que desde Septiembre pasado ocupan ilegalmente el Palacio del Marqués de Rozalejo, un edificio público en mitad del centro de Pamplona, y a los que el Ayuntamiento mantiene ahí.
En local público, y usando dinero público para organizar fiestas, se mantiene a un grupo que este fin de semana se paseó con lo Viejo con una efigie que podría representar a San Fermín si el obispo saliera en Halloween (mitra, estola, vestido de negro), metiéndose con curas y monjas y la verja de San Saturnino. Una esmerada recreación del alegre espíritu pagano del Carnaval, rechazando imposiciones heteropatriarcales. Una admirable manifestación cultural.
Como lo que está pasando estos días en Olite con la publicidad política en fiestas, que está superando hasta la encallecida sensibilidad de los ciudadanos. Como lo que pasa con la Chantrea cada vez que hay fiestas y se les escapa (oops) una inocente apología del terrorismo. No hablemos ya de Burlada, por ejemplo. Todo cultura y participación ciudadana. Al menos, según el presupuesto municipal.
Lo que no acaba de encajar como “manifestación cultural” es que en uno de los “pasos” de esos celebrantes fuera expuesta, junto a una guillotina, una lista de los comercios del Centro de Pamplona que se han atrevido a poner carteles en sus escaparates contra la “amabilización” sin anestesia del señor alcalde. La “participación ciudadana” quizá explique que la alegre cabalgata se dedicara a increpar a esos comercios a su paso, con casi tres minutos de insultos ante el Burger King, una tienda de dulces o una casa de subastas. Oir lo de “kampora”, «chorizos» y «fascistas» de boca de un aquelarre de okupas con alzacuellos debería dar risa. Pero por alguna razón no la daba.
En las Ordenanzas del uso del euskera en Burlada hay párrafos interesantes, como los que dejan claro que cualquier entidad que sea subvencionada por el Ayuntamiento tendrá la obligación de publicar sus comunicaciones en al menos dos idiomas y promover los fines de las ordenanzas. Porque difundir el euskera es importante para Bildu y sus socios en Burlada. Y porque los Ayuntamientos tienen una correa muy seria con la que controlar lo que hacen todas esas entidades, asociaciones y peñas que viven de subvenciones y concesiones públicas.
Cuando un Ayuntamiento, sea en Alsasua, en Olite, en Burlada o en Pamplona, elige no exigir que se cumpla una normativa vigente, es responsable de ese incumplimiento. Cuando financia agrupaciones que cada año gastan el dinero público en carteles que acaban dando trabajo a la policía, es responsable. Cuando financia actividades que resultan en acoso y difamación a cualquier comunidad (da igual si es gay, gitana, policial o religiosa) es responsable. Cuando tolera a okupas que acosan a los ciudadanos por razones políticas, es responsable.
En un país en el que hablamos tanto de «corrección» que nos sale por las orejas, sorprende que seamos capaces de dejar pasar este uso de los recursos públicos para acciones tan incorrectas (cuando no ilegales).
Y no vale el “es culpa de Bildu”. Bildu es minoría. Bildu gobierna porque le deja IE, porque le deja Podemos, porque le dejan los “nacionalistas moderados” de “centro derecha” de Geroa Bai. SI no le ponen el cascabel al gato, si no controlan a los violentos, no es porque no tengan herramientas.
Si no lo hacen es porque no quieren.
Miguel Cornejo (@miguelcornejoSE) es economista y responsable de Asociaciones y Entidades en Ciudadanos Navarra.
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