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Co-working ¿cambio de paradigma laboral?

Estos días, los medios de comunicación nos han llamado la atención sobre algo que ya sabíamos: la brecha salarial se va ampliando: en 2017 ha alcanzado la cota de 207; o sea, el trabajador de menor rango de una gran empresa ha de trabajar durante 207 años para ganar lo mismo que el máximo directivo de esa misma empresa. Esta diferencia también se da entre el salario de un hombre y el de una mujer que desempeñan su labor en puestos de trabajo de igual categoría; aunque en este caso la desproporción no sea tan escandalosa, no deja de ser uno de los contraejemplos reales al eslogan “libres e iguales”.

El incremento de la brecha salarial, la externalización de servicios propiciada por muchas empresas medianas y grandes, el desconocimiento y subsiguiente desaprovechamiento por parte de muchas empresas del talento de sus profesionales, así como de la precariedad laboral en todos los ámbitos del Derecho Laboral han llevado a un número significativo de profesionales a intentar ganarse la vida dignamente al margen de las estructuras, propias del siglo XX, de demasiadas empresas. La vía para lograrlo es la figura del autónomo auténtico, también conocido como freelance.

Ante las dificultades materiales que encuentra el autónomo auténtico para desarrollar en solitario su tarea profesional, surge la posibilidad de aplicar aquel aforismo tan antiguo de “la unión hace la fuerza”. Así nace la fórmula del co-working en espacios preparados para ello, conocidos como viveros de empresas. Esta modalidad de trabajo es colaborativa, ya que quienes la llevan a cabo comparten un mismo espacio de trabajo, con servicios comunes, lo que implica una reducción de costes.

Es de destacar que el co-working es un ecosistema de trabajo que favorece la innovación gracias al desarrollo de la creatividad de quienes lo practican. En demasiadas ocasiones, el empuje creativo se ve lamentablemente frenado por la estructura jerarquizada de las empresas y por los miedos de algunos de sus mandos intermedios a perder su posición ante el empuje de profesionales con nuevas y renovadas ideas. Gran parte de las empresas que innovan en el campo de la tecnología (start-ups), sea bio o no, empezaron a través del co-working.

Otra característica del co-working (trabajo en solitario o en reducido número de personas) es la creación de una red de contactos profesionales reales y presenciales (otros autónomos auténticos que trabajan en otros proyectos y en el mismo espacio común), lo que permite a todos ellos intercambiar y adquirir conocimientos de otros campos de actividad y sus correspondientes contactos. Puede decirse que es un Linkedin presencial. En palabras de otros tiempos, el co-working es otra forma de hacer contactos.

Como todo en la vida, el co-working tiene algunos inconvenientes, como la falta de privacidad, tanto en lo que concierne a la simple llamada familiar como a cuestiones más complejas, como la copia de ideas, el “robo” de clientes y proyectos… Como en todo, aquí el compromiso ético también es fundamental. No obstante, la práctica del co-working es una solución factible para los profesionales de valía, que quieren desarrollar sus conocimientos y habilidades, sin sentirse abusados por maquinarias despersonalizadas.

Pere Camprubí i García, decano del Colegio Oficial de Biólogos

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