La primera visita de un mandatario norteamericano a Cuba, va a suponer un antes y un después en las relaciones internacionales y supone el fin definitivo de la guerra fría surgida tras la II Guerra Mundial.
El nuevo orden mundial surgido después de las guerras del Golfo a comienzos de los 90 del siglo pasado, marcaron un cambio en la política mundial. Los viejos enemigos fueron sustituidos por otros nuevos. Hoy Corea del Norte y, sobre todo, el mal llamado Estado Islámico se configuran como enemigos a batir.
EEUU debe cerrar frentes para abrir otros. Se entiende que Cuba ya no sea el objetivo. El castrismo es cosa del pasado.
Si a ello unimos la buena disposición que otros protagonistas de la política mundial, como por ejemplo el Vaticano, tienen hacia Cuba, pueden entenderse los cambios experimentados. La crisis de los misiles cubanos, por la que el mundo pudo haber entrado en su destrucción ha quedado atrás.
Es de esperar que todos caminen hacia un mismo objetivo: la destrucción de aquello que pudiera hacer desaparecer la civilización occidental.

