
Cuando el ministro de Industria y Energia, José Manuel Soria, casi al día siguiente de destaparse el escándalo de Wolkswagen, aseguraba que se iban a mantener las inversiones prometidas por esta empresa, aquí en España, tanto en la factoría navarra como en la catalana, los comités de empresa no «las tenían todas consigo», puesto que ajena a las declaraciones de los políticos, la realidad parecía ser otra. Una realidad en la que primaba la incertidumbre y el desconcierto.
Y efectivamente, el tiempo les está dando la razón. El anuncio de la disminución en mil millones de euros anuales de inversiones y el anuncio de la desaparición de varios miles de trabajadores temporales, son señales del futuro incierto que aguarda a esta empresa y, sobre todo, a sus trabajadores.
El escándalo ha sido mayúsculo, millones de vehículos se han visto afectados, con lo que la confianza de los consumidores hacia esta empresa, esta siendo puesta en duda, con las consecuencias que de ello pudiera traer.
Urge tomar medidas por parte de los gobiernos de España y Alemania, para evitar males mayores para los trabajadores.
Urge crear mecanismos para tener un mayor control en los sistemas de calidad empresarial y mediambiental. En un mundo, en el que tanto se habla de ecologia y defensa de la naturaleza, no se entiende que haya pasado esta situación.
