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Altamira recibe 250 personas en sus visitas experimentales, que ya terminaron

Altamira recibe 250 personas en sus visitas experimentales, que ya terminaron

Cueva de Altamira

La fase de visitas experimentales a la cueva de Altamira, cerrada al público desde 2002, ya ha terminado, y durante el año que ha durado han sido 250 personas elegidas al azar las que han podido entrar en esta cavidad.

Desde finales de febrero de 2014 hasta las mismas fechas de este año se han celebrado medio centenar de visitas experimentales, según los datos facilitados por el Museo y Centro de Investigación de Altamira.

Este centro inició estas visitas al interior de la cueva original para probar el efecto de la presencia humana en sus pinturas rupestres de hasta 20.000 años de antigüedad.

El objetivo del experimento, cuyo inicio acordó el Patronato de Altamira de enero de 2014, ha sido dar continuidad a los estudios sobre el estado de la cueva que comenzaron en septiembre de 2012.

Ahora el Patronato tendrá que decidir en una reunión qué nuevos pasos se dan, tras conocerse y evaluarse el resultado de esta experiencia pionera, entre otros parámetros.

En las visitas, de 37 minutos, han participado cinco personas más el guía cada semana, y se eligieron por sorteo entre quienes fueron al museo un día concreto -en general, los viernes-.

Esta iniciativa experimental despertó desde su inicio el interés de muchas personas, que en unos casos se han acercado a Santillana del Mar ilusionadas por poder disfrutar por vez primera de la cavidad, y que en otros buscaban refrescar la imagen que guardaban de unas pinturas que son Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1985.

Según la información del Museo de Altamira, el número total de personas que han solicitado participar en las visitas experimentales ha sido de 3.230.

Esta cifra arroja una media de solicitudes diaria de 65 personas y, según destaca el Museo, el día que se depositaron en la urna del sorteo mayor número de impresos fue el pasado 2 de mayo, con 180.

De las 250 personas agraciadas en el sorteo, 139 han sido hombres y 111 mujeres, y además un 24 % de los participantes eran cántabros y un 11 % extranjeros.

Los participantes residentes en España procedían de hasta 36 provincias diferentes y, después de la gente de Cantabria, los que más se han repetido han sido madrileños.

Los extranjeros que han podido entrar en la cueva de Altamira eran de once países de Europa, Norteamérica, América del sur y Australia, con mayoría de ingleses.

Todos los participantes rellenaron voluntariamente la encuesta que se les entregó tras salir de la cueva, con preguntas sobre la visita y su nivel de satisfacción.

Pero la entrada a la cueva no sólo ha sido toda una experiencia para esas 250 personas afortunadas en los sorteos, sino que el personal del Museo de Altamira también lo ha vivido de una forma especial.

Han sido cinco los guías de este centro que han participado en las visitas experimentales, que se inauguraron el 27 de febrero de 2014.

Ese día la maestra de ceremonias encargada de explicar a los cinco visitantes elegidos las pinturas y grabados de Altamira fue María Luisa Cuevas, la empleada más antigua del museo con más de 40 años de experiencia.

Su compañera Marta Martínez también ha estado involucrada en este experimento desde el primer día, ya que acompañó al grupo para controlar taxativamente cuánto permanecían en cada estancia de la cueva.

Marta cuenta a Efe que formar parte de esta experiencia ha supuesto para ella “una emoción enorme” y “una satisfacción increíble”.

Esta profesional, que lleva trabajando en el Museo de Altamira desde 2001, explica que aparentemente las reacciones de quienes pueden contemplar el interior de Altamira y sus conocidísimas pinturas no varían demasiado.

“En general la gente no habla y tampoco pregunta mucho, sino que aprovecha el momento y vive intensamente esa experiencia”, ha señalado.

Y añade que los comentarios se produjeron más antes de entrar, en el camino del Museo hasta el interior de la cueva y mientras los cinco elegidos se vestían con los trajes especiales -gorros, guantes y calzas para preservarla en mayor medida-.

En este año de visitas experimentales no han faltado las anécdotas: desde el alto número de periodistas que introdujeron su impreso para el sorteo del primer día -y hubo quien resultó agraciado-, hasta una familia chilena en la que resultaron elegidos el padre y dos hijos, y sólo la madre se quedó fuera.

En un par de ocasiones fueron afortunados los dos miembros de una misma pareja, e incluso una abuela y su nieto también pudieron entrar juntos, y se han dado casos de renuncias.

A veces la perseverancia ha tenido premio, con gente que ha repetido semana tras semana, en algún caso hasta 16 veces.

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