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CARTA: LA MINA DE POTASAS. MUCHO QUE PERDER.

 

Nueve ayuntamientos y diez concejos de la sierra de El Perdón hemos recurrido los permisos otorgados por el Gobierno de Navarra a la compañía Geoalcali autorizando unos sondeos para  investigación que suponen los primeros pasos de una reapertura de la mina de potasas para extraer 12 veces más materiales que los extraídos en todos sus años de actividad en los años 1963 – 1997.

Si bien algunos de los Ayuntamientos afectados por estos trabajos de investigación han otorgado Licencia a la citada empresa Geoalcali para realizar prospecciones en sus términos municipales, en otros, entendiendo el gravísimo impacto ambiental que supone una actuación minera como la que se quiere iniciar nos hemos opuesto radicalmente.

Lo que realmente está obteniendo Geoalcali a través de estos permisos es tener la prioridad para la explotación de unos recursos naturales que podrían estar valorados en miles de millones de euros y simplemente estos derechos se cotizan en los mercados internacionales proporcionando pingües beneficios para sus titulares.

La empresa investigadora Geoalcali demostrará que la explotación es viable y que ésta pueda ser altamente rentable, sin embargo no explica que para obtener los 163,2 millones de toneladas de potasa, que estima que hay, es necesario extraer unos 629 millones de metros cúbicos de debajo de nuestro suelo, pues sólo el 12% de toda la sal de la formación geológica es potasa, y como ya experimentamos con la anterior mina, a consecuencia de la extracción este suelo se va a hundir produciendo terremotos con altísimo riesgo de derribo de nuestras casas y demás edificios. También va a provocar y favorecer deslizamientos en las laderas del Perdón y de su entorno, como ya tenemos comprobado que sucede con estas obras.

Otro gravísimo problema es que la diferencia entre las cantidades de materiales que se extraen y lo que se comercializa es sal común que queda mezclada con arcilla, unos 550 millones de metros cúbicos junto con las enormes cantidades de agua salina que habrá que evacuar con inminente riesgo de contaminación de cauces superficiales, de suelos agrícolas y naturales y de acuíferos subterráneos.

Para hacernos una idea de la magnitud de este impacto ambiental podemos mirar a la antigua mina de potasas de la que se extrajeron aproximadamente unos 45 millones de metros cúbicos para obtener unos 12 millones de toneladas de potasa mientras que ahora se prevén extraer unos 629 millones de toneladas de materiales salinos para obtener 163,2 millones de toneladas de potasa. Considero necesario recordar en estos momentos las principales afecciones medioambientales que supuso su explotación, afecciones  que aún continúan a pesar de que lleva cerrada casi 20 años. Supuso la desertificación de más de 250 Ha, se produjeron hundimientos del terreno con importantes afecciones a edificios con agrietamiento de paredes e incluso derrumbe de algún edificio, se incrementó fuertemente la salinidad de las aguas en regatas y ríos, se inyectó agua salada y se sigue inyectando en acuíferos profundos como medida para evitar los vertidos más salinos a los cauces superficiales de agua, pero a costa de ir salinizando dichos acuíferos profundos sin que se haya cuantificado todavía su repercusión en  los manantiales superficiales que los alimentan. A todo esto hay que sumar que la subsidencia del terreno, por efecto de la explotación de la mina, ha coadyuvado significativamente al corrimiento de laderas en las faldas del monte Erreniega (El Perdón). Cabe señalar también los innumerables episodios de contaminación por rotura de los salmueroductos o los incidentes de vaciado de bandas ocurridos a lo largo de la explotación.

No obstante debe reseñarse como impacto positivo de aquella mina, que en los periodos más importantes dio trabajo a más de 2.000 personas y que duró más de 3 décadas su actividad. Por otra parte, las empresas que la explotaron eran públicas así que los beneficios o perjuicios fueron para nuestra economía mientras que en la nueva explotación los puestos de trabajo que se barajan no llegan a las dos centenas durante 25 años y  el gran beneficio, estimado en  unos 7.000 millones de euros se lo llevarán unos inversores de bolsa principalmente australianos.

Es sobrecogedor que todas estas afecciones puedan ser 12 veces más que las ocasionadas  con la explotación a la anterior mina y que nuestros políticos forales permanezcan mirando sólo a la afección que puede ocasionar los pozos de sondeo para otorgar la autorización, y por ello se les hayan impuesto tan pocas condiciones para investigar las posibilidades de explotación de la mina sabiendo las fortísimas afecciones ambientales, sociales e incluso económicas que tiene una explotación minera de potasas en el entorno de Pamplona, bastando con observar simplemente las afecciones de  la explotación de la mina anterior.

Causa también extrañeza que la explotación de la mina, siendo incompatible con el desarrollo urbanístico del PSIS de Guenduláin aprobado por el Gobierno de Navarra con la oposición firme y razonada de los Ayuntamientos de Galar y Cendea de Cizur, no se haya tenido en cuenta para la autorización de los estudios geológicos de Geoalcali. Lo mínimo que debemos pedir a un Gobierno es coherencia en las decisiones que adopta y defensa de los intereses de los ciudadanos y del medio ambiente.

Miguel Ángel Sanz Izco, concejal Geroa Bai del Ayto de la Cendea de Zizur

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