El Gobierno de España sigue empeñado en mostrar su debilidad en Cataluña. Ya no es que se vea incapaz de “cortar de raíz” al independentismo catalán, sino que se ve incapaz también de solucionar el enorme problema que supone no poder estudiar en esta comunidad autónoma en el lenguaje común de todos los españoles.
Ahora va y resulta que el Gobierno, sacando la excusa del 155, no quiere que el español se enseñe en los colegios catalanes. Alude a un problema de mayorías parlamentarias.
El idioma, que une a todos los españoles y a todos sus territorios, no debería ser objeto de negociación. Los últimos gobiernos, que ha tenido y que ahora tiene este país, han dotado de un enorme poder a los partidos independentistas. Sin ellos, no había Gobierno. Las contrapartidas han sido enormes. Se les ha permitido “hacer y deshacer” a su antojo y, ellos, han utilizado el idioma como instrumento de confrontación, de separación entre catalanes y entre españoles.
De todas formas, no es de extrañar esta actitud gubernamental. Su principal apoyo, el Partido Popular (PP), gobierna en una comunidad donde el español es marginado también. Esta comunidad es la gallega. En la que una de las principales “cabezas pensantes” del partido, Alberto Núñez Feijoo, preside Galicia, según se dice, “el PP en Galicia, es más nacionalista identitario que cualquier otro partido nacionalista”. Ver para creer.
Así nos va.


