Cuando se oyen noticias como la suspensión «cautelar» por parte del Tribunal Constitucional (TC) de la Consejería catalana de Asuntos Exteriores, la mayor parte de los ciudadanos, se frotan los ojos, se pellizcan, diciendo: «esto no puede ser», «no me lo puedo creer». Qué hace el TC, una de las máximas instituciones del estado, argumentando contra un proceso independentista, como si este ya de por si, tuviera la legitimidad oportuna.
Con estos comportamientos y otros, las instituciones de este país, hacen «el caldo gordo» a los independentistas. Estos, una y otra vez, continúan con sus afrentas al Estado y nadie parece ponerles freno.
Actitudes como estas ya se vieron en el pasado. Cabe recordar la actitud de gobiernos como el inglés y el francés, e incluso el americano, en los años anteriores a la II Guerra Mundial, por las que Hitler y su gobierno consiguieron anexionarse Austria y los Sudetes checos, sin que nadie osara protestar, pensando que era mejor dejar que impedir.
Actitudes como estás provocan poca confianza de los ciudadanos en las instituciones. Que se tenga tanta «manga ancha» hacia aquellos que quieren destruir las estructuras de un país, no lo comprende nadie. Máxime cuando el «estado de derecho» tiene mas armas que una simple e inútil suspensión cautelar.

Precisamente, es de lo que se trata, de ACTUAR y no quedarse con los Brazos Cruzados. y quien mejor que el Gobierno para hacer cumpir la LEY.
Muy acertado el editorial.
Efectivamente, quien mejor que el gobierno para hacer cumplir la LEY. El problema es que el gobierno se entretiene en hacer malabarismos jurídicos y no aplicar lo que la Constitución ya estipula.