El Papa León XIV en el Congreso de España pide proteger toda vida humana, fortalecer el bien común y no «perder la memoria de sus raíces»
A la entrada del Congreso de los Diputados de España el himno del Vaticano y unas pequeñas notas del himno de España, ha sido recibido por las autoridades de Gobierno, partidos políticos (los que apoyan al Gobierno y oposición) y ambas Cámaras, Senado y Congreso, expresidentes del Gobierno español, José María Azanr y Mariano Rajoy o el presidente de Cataluña, Ernesto Illa. El Papa ha firmado en el Libro de Honor.
Ya en el Congreso en el que se encontraban diputados y senadores, la presidenta del Congreso, Francina Armengol, ha dado la bienvenida. «En este momento de polarización en el mundo», ha dicho. Ha mencionado, tras decir que la presencia del Pontífice es un «simbolo» en la Cámara, la paz «que impone la justicia, la paz dialogada, con vocación de permanencia», ha dicho, recordando a Ramon LLull filósofo mallorquín del s. XIII famoso por Ars Magna o el diálogo intercultural entre cristianos, judíos y musulmanes.
Armengol ha aprovechado para reivindicar las políticas de igualdad de hombres u mujeres, la lucha por el cambio climático sin dejar de referirse, volviéndose hacia el Papa, a lo que ha denominado «la llaga abierta de los abusos sexuales en la Iglesia».
«Mi presencia es un gesto de cercanía hacia España»
Esta mañana, lunes 8 de junio, el Santo Padre ha pronunciado un extenso discurso ante los miembros del Parlamento español, en lo que ha sido la primera visita de un Pontífice al Congreso de los Diputados. En su intervención ha advertido que esta convivencia social puede verse amenazada por la cultura del descarte.
El Papa ha nombrado a las autoridades presentes y ha agradecido la invitación a la Camara del Congreso del Reino de España. A la que viene «como Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia Católica«. «Consciente de que la misión confiada al sucesor de Pedro, como principio y unidad de los obispos y fieles, coloca a la Santa Sede de manera peculiar en diálogo con los pueblos y estados», ha comenzado.
«Mi presencia es un gesto de cercanía hacia España», ha recalcado al inicio de su discurso, «cuando se dirige a la opinión política lo hace respetando las instituciones y la legítima responsabilidad de quienes han recibido el mandato de legislar».
El Santo Padre se ha preguntado «qué concepción humana inspira las leyes y que tipo de sociedad construye estas leyes«. A este respecto, ha recordado que España posee una memoria particularmente rica ya que su identidad geográfica y política “se ha ido entretejiendo con una historia en la que la fe y la razón, el arte y el derecho, la tradición y el pensamiento han sabido encontrarse fecundamente”.
El Santo Padre ha citado a Miguel de Cervantes y su obra «El Quijote» y a santa Teresa de Ávila y a la inquietud metafísica de Unamuno, para afirmar que “España ha sabido mirar al ser humano como algo más que una pieza del orden social, económico o político”.
El Papa también se ha referido a la escuela universitaria de Salamanca, que hace quinientos años, “se abría a mundos nuevos y posibilidades inmensas en las relaciones entre los pueblos”. Introdujeron el discernimiento histórico “la pregunta por el valor irreductible de todo ser humano y los límites morales del poder”.
La defensa de la vida humana
Asimismo, el Pontífice ha aseverado que “la defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: “es una meta de civilización”. Toda vida humana, ha añadido, debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia. En esta misma línea ha precisado que “cuando esta certeza se oscurece”, los más vulnerables “son las primeras víctimas y la ley pierde su significado más profundo: servir y proteger a cada persona”. Según el Papa, la grandeza moral de una nación se manifiesta “en su capacidad de acompañar, proteger y amar aquellas vidas que atraviesan mayor fragilidad”.
También ha advertido que cuando el bien común “deja de ser horizonte compartido”, la acción pública “corre el riesgo de fragmentarse en intereses parciales, incapaces de custodiar aquello que pertenece a todos”. Y en este contexto ha exaltado la importancia de la familia, “realidad humana primera y fundamento natural de la comunidad”. En el hogar – ha observado – se entrelazan las generaciones y se transmite una memoria viva que da continuidad interior a la sociedad. Allí donde la familia es sostenida, “se fortalece también la estabilidad espiritual y social de las naciones”. El Papa León ha asegurado que la familia será la primera escuela en la que se aprende la gramática elemental de la convivencia: “recibir la vida, cuidar al otro, perdonar, servir y pertenecer”.
La paz y la libertad religiosa
Por otro lado, León XIV ha advertido de la profunda crisis espiritual y cultural que atraviesa el mundo. En este contexto, “la paz se presenta como una aspiración política y, más aún, como una verdadera exigencia moral”, ha añadido. Las armas, ha advertido el Papa, pueden imponer un silencio temporal; pero nunca podrán edificar una paz auténtica y duradera.
Del respeto al otro “nace también el deber de custodiar el espacio donde maduran sus convicciones, su conciencia y su relación con Dios”. Ha rescatado el respecto y protección de “la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, derecho fundamental que tutela el ámbito más íntimo de las personas”.
«La libertad sobre la que se edifica el Estado contemporáneo, si es auténtica, reconoce la dimensión religiosa del ser humano, la respeta y la tutela jurídicamente y evita que alguien deba renunciar al lugar donde vive por causa de su fe», ha precisado.
Asimismo, ha continuado, la sociedad efectivamente libre “requiere también una justa delimitación del poder público, de modo que la libertad de las personas, de las comunidades y de las asociaciones no sea indebidamente restringida”.
Invitación a alzar la mirada
El Papa ha invitado a los presentes a alzar la mirada para recordar que las decisiones de las autoridades públicas “toca personas de carne y hueso, especialmente a quienes tienen menos fuerza para hacerse oír”. Y para finalizar ha invitado a que España “continúe siendo tierra de encuentro, de cultura, de solidaridad y de esperanza”.
El Papa ha dado por finalizado un Mensaje cargado de los valores del Evangelio sin confundir los valores políticos y religiosos. Ha invocado al Apóstol Santiago y a la Virgen del Pilar, su huella en España que de ellos descienda Justicia y Paz duradera que «esta noble nación jamás pierda la memoria de sus raíces». Que España sepa siempre unir la fuerza de sus convicciones con la firmeza del diálogo». NAVARRA INFORMACIÓN/VATICAN NEWS Rocio Lancho García


